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Septiembre es una fiesta

Comienza el curso literario con las novedades de septiembre. No se si es el momento más feliz del año para un apasionado de los libros como yo, pero está cerca. Septiembre es una fiesta, y no hay otro momento comparable para el sector editorial mundial: las cosas importantes se estrenan en septiembre, y adelantarte o retrasarte te deja en cierto modo fuera. Es como ir a la Semana Santa de Sevilla en Noviembre (con permiso de Zamora) o a las Fallas de Valencia en Enero, que vas y no hay ni Semana Santa ni Fallas. Que Sevilla y Valencia son muy bonitas pero tú querías Semana Santa y Fallas y te has quedado con las ganas. Y a la fiesta de los libros ha vuelto La Feria del Libro de Madrid, que aunque solo sea simbólico para mi es la materialización de la felicidad, pasar una mañana entera visitando casetas y tocando libros, con permiso del Covid. Como una vulgar vieja del visillo, voy a hacer un breve repaso de los invitados a la fiesta de este año. Pido disculpas anticipadas y me ahor
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Mirar hacia los lados

Comienza septiembre y no voy a ser yo el que os recuerde que el año realmente empieza ahora, que es el momento de planificar, de revisar logros y de sacar punta a los lapiceros, de hacer un repaso vital profundo, etcétera etcétera. Somos especialistas en mirar hacia adelante (el futuro, las expectativas, los planes, que no dejan de ser una versión evolucionada de la procrastinación) y hacia atrás (la mirada sosegada, aprender de los errores, las cosas que hemos cumplido, que no dejan de ser una versión evolucionada del lamento por lo que no se puede cambiar). Adelante y atrás, adelante y atrás. Sin pretender negar (ni renegar) de lo anterior, quiero poner en valor que a menudo se nos olvida que lo importante, lo único real de verdad es lo que está sucediendo ahora. Ahora, cuando estoy escribiendo, ahora, cuando estoy escuchando una música de fondo, ahora, cuando en el silencio de la noche tengo otro brazo rozando el mío. Miremos hacia los lados, expandamos nuestra mirada, aprendamo

Julián se llamaba Pablo

El verano de 2021 va a ser un año que algunos (los aficionados al fútbol) recordarán como el de la marcha de Messi del fútbol español, otros (la mayor parte probablemente) como el del regreso de los Talibanes al mapa político mundial) y algunos (los que menos, y espero que tú no seas uno de ellos) el del bananakiki , el último atentado contra la vida de Leticia Sabater. En mi familia, sin embargo, este verano será recordado por lo que descubrimos la semana pasada, asunto del que aún creo no hemos hablado lo suficiente: Julián, el tendero del pueblo, se llama en realidad Pablo. Todo sucedió el pasado sábado en nuestra compra semanal de verano, cuando Julián, de Supermercado Julián, me servía unos magníficos tomates; a mi habitual "gracias Julián" siguió la habitual sonrisa de Julián. El bueno de Julián. Julián, Julián, mi estimado Julián. Y de repente, como si de un sueño en el que despiertas desubicado, oí detrás de mi: "Pablo, ¿te quedan pepinos", y después su mu

Las alegrías

Este verano hemos estado en Cádiz y tengo que decir que hay ciudades – y esta es una de ellas – que sonríen y que te contagian la sonrisa. No hablo de sus gentes (aunque también), me refiero a las propias, a sus calles, a su luz, a su forma de contemplar al mundo, al cielo y al mar en el caso de Cádiz, que por tener, tiene hasta su propio palo flamenco, las Alegrías de Cádiz, esas maravillosas cantiñas. No podían haber elegido mejor el nombre. Y esto viene a propósito de lo conveniente que es la alegría en nuestra vida, no solo la propia, de la que uno se beneficia de forma evidente (pobres de aquellos que no saben disfrutarla aunque la tengan cerca) sino de la ajena, de las alegrías de otros, de ser capaces de disfrutar de la felicidad ajena. Un vecino que se cura de una enfermedad, el ascenso de un amigo (incluso de un no amigo), al nacimiento de un hijo aunque no sea nuestro hijo, o que a la alcaldesa de tu pueblo la hagan ministra. Alegrarse de la alegría atrae alegría, y de aleg

Sobrinos raros

Siempre he soñado con un sobrino insocial, excéntrico, heterodoxo en sus gustos culturales, con el que compartir hallazgos no convencionales, comics de culto, al que legarle mi colección de novelas gráficas europeas cuando cumpliera catorce años. Subrayo, sobrino, no hijo, por aquello de diluir la responsabilidad en su educación, de eximirme de toda culpa. Que le eduquen sus padres, pero su tío es el que le deja los libros que de verdad le gustan, los que le enseñan el lado macarra de la vida. Aquí os traigo tres libros para ese deseado sobrino, que ya quedan elegidos para cuando él quiera, para cuando se destape, para cuando él decida y se autodesigne: Fuera de la ley. Volumen 4. A ese sobrino, de momento por hacer le regalaría esta maravilla que está condenada a ser una de tantas publicaciones incomprendidas. Y en esto La Felguera no tiene rival. Un catálogo de delincuentes a través de los cuales se puede recorrer la España de los años sesenta, setenta y ochenta. Con fotos policial

Las primeras impresiones

En contra de lo que dicen los eslóganes de Mr. Wonderful, me fío mucho de mis primeras impresiones, tengo fe ciega en ellas, son para mí un indicador muy válido.. He de decir que no me considero prejuicioso, al menos en lo relativo a todo tipo de señales externas: me da igual cómo lleves el pelo, no me dice nada tu indumentaria, me la sopla el tamaño de tu barriga. En cambio te escanearé con precisión quirúrgica por tu amabilidad, la cantidad de gente que te quiere, tu generosidad (o tu falta de ella), tu sentido del humor, los parámetros que mueven tu vida. No admito errores ahí, no concibo malos días. Si tratas mal a un desconocido sin motivo alguno sospecho que lo harás normalmente, y asumo plenamente que puedo estar errando en el diagnóstico, pero es lo que hay, me quedo con la representatividad de la muestra. Y luego, como todos, o eso supongo, tengo términos intermedios, esas luchas internas con gente (o cosas) a las que quieres pero hay cosas en ellas que detestas y que a ve

Los otros géneros

En nuestro transcurrir vital, hay lugares en los que nos sentimos cómodos y son los que transitamos (si nos dejan), en los que nos gusta estar sin máscaras, sin fingir, sin aparentar. La casa de mis padres, una reunión de amigos (de los amigos amigos), el libro que nos devuelve a la felicidad absoluta que hace que se paren los relojes. Y dentro de esos libros donde sucede la magia, hay géneros que ganan por goleada, al menos en mi caso. Otros, sin embargo, se quedan escorados y les cuesta encontrar el sitio. Y no es tanto por falta de ganas como por falta de tiempo, esa variable finita que nunca se detiene. Por eso hoy quería reivindicar tres libros de géneros menores dentro de mi abanico lector. Para que podáis valorar y decidir cuáles son vuestros géneros estrella y cuáles son esos géneros que esperan en el banquillo esperando pacientes su oportunidad. Ella dijo destruye, Nadia Bulkin. ¡Qué poco nos prodigamos en la literatura de terror! Relatos de miedo para recuperar sensaciones