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Una semana entre libros (seis): Crónicas veraniegas, parte cuatro

Mirando al mar, soñé

Llega el mes de septiembre, y con él llega la reentré literaria más importante de los últimos años, no tanto por la importancia de los libros que vienen (aunque bien podría ser la razón) como por el empeño del mundo de los libros en conseguir una normalidad necesaria y merecida. Consciente de la privación del placer de una feria del libro suspendida (cómo te voy a echar de menos, Madrid) creo que nunca he recibido con tanta ilusión las novedades literarias de este otoño, sin duda las más bonitas y esperanzadoras que recuerdo. Señores, los libros siguen porque la vida sigue, o en realidad creo que es al revés, la vida sigue porque los libros siguen.


De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Letras Corsarias (Salamanca),
Litec (Ciudad Real), Serendipia (Ciudad Real) y Octubre (Zamora)

Me gustaría reivindicar la responsabilidad que tenemos los lectores en este momento tan complicado, donde el sector nos necesita más que nunca, y cualquier esfuerzo es bienvenido para conseguir que no solo sigamos leyendo bien y mucho, sino que seamos mejores consumidores de cultura, más sostenibles y comprometidos. Por eso pido y deseo que cuidemos a las pequeñas y medianas editoriales (son las que lo sostienen todo lo que nos gusta), que seamos exigentes con las grandes (que no siempre sostienen lo que nos gusta), que visitemos nuestras librerías más cercanas hasta que nos echen a patadas (o que les compremos online cuando no sea posible visitarlas), que desinstalemos la aplicación de Amazon, que pongamos en valor, en definitiva, a un sector que se muere sin nosotros.

Es emocionante pensar que a pesar de que llegó el final de verano y podría ser triste porque tú partirás, es todo lo contrario porque el grandioso Ted Chiang publica su segundo volumen de cuentos en España (Exhalación, Sexto Piso), porque Sara Mesa nos vuelve a regalar un nuevo libro en una de las carreras literarias más importantes en años (Un amor, Anagrama), porque Isaac Rosa es de nuevo el cronista oficial de la crisis del siglo (Tiza Roja, Seix Barral), porque Leonardo Padura vuelve a recordarme que nunca debí dejar de leerle (Como polvo en el viento, Tusquets) o porque Impedimenta me vuelve a hacer levitar con una nueva visita a su Museo (Fungarium, Impedimenta).


Exhalación, Ted Chiang (Sexto Piso), Un amor, Sara Mesa (Anagrama),
Tiza Roja, Isaac Rosa (Seix Barral), Como polvo en el viento, Leonardo Padura (Tusquets),
Fungarium, Katie Scott (Impedimenta)


Pilas de libros. Confieso que uno de mis grandes placeres como lector, aparte del propio acto de leer, son las pilas de libros. Las propias (verlas crecer, decrecer para seguir creciendo, viendo la pugna de unos libros por ponerse por delante de otros) como las ajenas (las pilas de libros – también su ausencia – dicen más de su dueño que todos los rastros dejados a lo largo de una vida). Volviendo al asunto de septiembre, el crecimiento incontrolado de mi pila de lecturas pendientes me proporciona un placer infinito.


Mesitas de noche desbordadas

El año de los Borbones. No seré yo el que abra ningún debate sobre la monarquía y su sentido como sistema político. No seré yo a pesar de la flema republicana que a veces tiende a brotar en un servidor, o de las ganas que entran a veces de entonar un ¡Yo ya lo dije! Como antes de que un servidor dijera algo, otros ya lo dijeron – o lo escribieron – es inevitable recordar dos libros que he aprovechado para releer este verano: Final de partida, de la experiodista de El Mundo Ana Romero, que hace un repaso al Juan Carlos post Botsuana, y lo hace en 2015, cinco años antes del autoexilio; el otro es Juan Carlos I. La biografía sin silencios, que ya lo contaba todo mucho antes y de forma mucho menos amable. Este último ejemplo es perfecto para demostrar que a veces los antisistema no son tales sino simplemente relatores de una realidad que todos conocían y nadie se atrevía a contar.


Final de Partida (Ana Romero, La Esfera de los Libros),
Juan Carlos I, la biografía sin silencios (Rebeca Quintans, Akal)

Fernando de Ayala. A través de una modesta edición (gracias José Félix) he conocido con detalle la vida de un misionero de aquellos que llevó la labor evangélica a Japón allá por el siglo diecisiete. Todos hemos visto la historia que cuenta Martin Scorsese en Silencio (y si no os la recomiendo) pero descubrir que una historia igual a la de estos tipos es de Ballesteros de Calatrava (mi querido segundo hogar desde hace unos años) ha sido emocionante. El libro lo ha escrito Jorge Fernández y el trabajo es digno de admiración. Enhorabuena Jorge.


Silencio (Martin Scorsese, 2016) / Beato Fernando de Ayala (Jorge Fernández)

Volver al cine. Volver al cine de verdad, que ya tocaba. Ver en septiembre Tenet, de Christopher Nolan es lo más grande que me ha pasado en mucho tiempo. La felicidad pura. Y sí, ya sé que exagero, pero ¿qué es la vida si no exageramos y engrandecemos las cosas buenas qué nos pasan?


Multicines Ortega (Puertollano, Ciudad Real), Tenet (Christopher Nolan, 2020)

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