miércoles, 18 de septiembre de 2019

Versos y viceversos, Antonio García Teijeiro, Juan Carlos Martín Ramos (Kalandraka)


A veces, y cada vez es más frecuente, Kalandraka nos sorprende con verdaderas joyas infantiles. Y es en la poesía donde el esfuerzo se nota y se valora más, especialmente por los que tenemos en casa niños y los libros forman parte esencial del descubrimiento vital. En estos casos la poesía es el vehículo perfecto para adentrarles en el maravilloso mundo de los libros.


Versos y viceversos recogen versos de los autores que firman el libro, que interactúan uno como contrapunto del otro, uno en castellano, el otro en gallego. En los poemas hay mucha música (esencial si el público es infantil) y funcionan muy bien recitados. La naturaleza es protagonista de todos los poemas, y es fácil introducirse en sus simples pero bellas historias.
Si a esto le añadimos las imágenes (espléndido el trabajo de Juan Ramón Alonso) la conjunción es perfecta.






Un regalo perfecto para que los libros se conviertan en herramientas de futuro en nuestras casas.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Lluvia fina, Luis Landero (Tusquets)


Al terminar el libro, no puedo dejar de pensarlo. Cómo escribe Luis Landero. Madre de dios. Cuando parece que ya lo ha hecho todo en la literatura llega un nuevo libro que supera lo anterior, o lo iguala, que en el caso de Landero es lo mismo.

Con Lluvia fina Landero vuelve a confirmarse (como si hiciera falta) como uno de los grandes de la literatura en español. De los más grandes de todos los tiempos. Luis Landero ya es historia de la literatura.


Lluvia fina es la historia de una familia. De Gabriel y de su mujer, Aurora, de las dos hermanas de Gabriel, de la madre de Gabriel. De la organización del cumpleaños de la madre, idea de Gabriel, y de cómo el cumpleaños es el detonante que desemboca en recuerdos, historias que parecían olvidadas, rencores fraternales – nunca perdonados – experiencias terribles nunca confesadas.

Es una historia teatral, puro drama (en todos los sentidos posibles), lorquiana en cierto modo, austera en su puesta en escena, que apoya toda su fuerza narrativa en los diálogos. Y en los personajes, porque una de las fortalezas de Landero como escritor es su magistral capacidad de dibujar de forma precisa personajes. En este aspecto es monumental la presentación de Aurora, el eje sobre el que giran el resto de protagonistas. La confesora, la única ajena a la familia, la que escucha y casi nunca es escuchada, la que solo mira, y la que no juzga.

Y sobre todo (aunque no solo) está su forma de escribir, el monumental talento que tiene el autor para construir historias que hace que el lector tenga ganas de pararse a aplaudir después de un párrafo perfecto.


El final, como todos los finales de Landero, siempre cuidados, sin fisuras. Demoledores, catárticos. No aptos para todos los públicos (he avisado).

Luis Landero ha vuelto a firmar otra obra maestra, igual de recomendable que todas las demás, que Absolución, La vida negociable, Retrato de un hombre inmaduro, Juegos de la edad tardía, Hoy, Júpiter. Son todas las que he leído y creo no dejarme ninguna. Bueno, El balcón en invierno, su maravillosa autobiografía.


Solo es cuestión de tiempo, pero el Premio Cervantes, un sillón en la Real Academia, el princesa de Asturias… todos estos premios merecen tener como ganador a Luis Landero si quieren mantener su prestigio.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

El director, David Jiménez (Libros del KO)


El periodista David Jiménez ha escrito una suerte de memorias donde relata sus meses como director del diario El Mundo. Presuntamente desvela grandes secretos de la profesión, hasta ahora – presuntamente – ocultos para el resto del mundo, incluido él, al que lo descubierto indigna y asquea de tal modo que no tiene más remedio que escribir este libro y contárselo al mundo (o a quien quiera leerlo, que no es exactamente lo mismo).


A ver David, una cosa, con el mayor de los respetos. No me lo creo. Que no supieras de las presiones, del trato amable a los que financian los diarios, a las intromisiones del poder, a las injusticias laborales (en el periódico, como en la vida), a los grupos internos de poder (los veteranos, los inmovilistas, los eternos aspirantes). Hombre David, a lo mejor te lo perdiste durante tu larga etapa internacional como corresponsal, pero es que esto pasa hasta en el periódico local de mi pueblo.


Y más allá del ejercicio de fingida (bajo mi humilde punto de vista) ingenuidad, está lo que de verdad importa: que está muy feo escribir algo así, tan revanchista, tan vengativo, tan despiadado. Porque El director es en ese sentido una ordinariez. Porque pone nombre y apellidos (utiliza en la mayoría de los casos pseudónimos pero es muy fácil deducir quién está detrás) para contar lo que en su mayor parte no dejan de ser batallitas laborales similares a las que se dan en cualquier empresa de cierto tamaño. Y no hay más. La diferencia es que cuando te vas no las cuentas. Aunque podrías, pero no las cuentas, y menos las publicas. Y menos todavía – y eso es lo peor – lo haces como si estuvieras destapando el Watergate.


Solo me queda una duda tras lo leído. David, ¿te ha merecido la pena?

lunes, 9 de septiembre de 2019

Candidato, Antonio J. Rodríguez (Literatura Random House)


He de reconocer que solo conocía a Antonio J. Rodríguez por su (magnífica) labor de editor residente – junto con Luna Miguel -  de la editorial Caballo de Troya. Aprovecho, por cierto, para recomendaros fervientemente los primeros libros que la pareja de editores ha elegido para comenzar el año. La editorial está pasando por un momento dulce – segunda juventud – y se está reivindicando como lo que siempre fue: el sello de referencia para las nuevas generaciones de escritores en lengua española. Y dicho esto, vamos ya con Candidato, el libro de presentación (para nosotros) de Antonio J. Rodríguez.


 Candidato es una radiografía ficcionada sobre la nueva política en España. Es la historia de Simón, profesor universitario liberal, joven, preparado, un hombre de éxito, al que el Partido de la Democracia (me voy a mojar, ¿es el alter ego de Ciudadanos?) encomienda su inmediato futuro electoral, primero como asesor en la sombra, aunque los acontecimientos se precipitan y le colocan en primera línea de unas elecciones a la presidencia del gobierno de este país.

Aunque el argumento puede pecar de forzado (todo se precipita demasiado rápido), como lectores se lo compramos, porque la hipérbole funciona para desarrollar a un personaje en el que es fácil reconocer a algunos de los protagonistas de la nueva política (o también de la vieja, ahí lo dejo). Ambicioso, autocomplaciente, persuasivo, sobradamente preparado y con un ideario liberal que puede servir para casi cualquier ideología política existente o nueva (cortando un poco por aquí, estirando un poco por allá). Ya lo dijo Groucho Marx: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.


La novela tiene ritmo, funciona, los diálogos están bien construidos y la historia avanza dando por hecho, como decía antes, que debemos asumirla más como una fábula que como una crónica. No me imagino yo a Iván Redondo, por muy brillante que sea, ocupar el puesto de candidato electoral en las próximas elecciones. Mucho se tiene que torcer la vida.

Vamos a lo importante, la novela me ha divertido muchísimo y está muy bien escrita. Me gusta lo que Antonio J. Rodríguez quiere contarme y me seduce haciéndolo. Y eso, en definitiva, es lo que importa. No es tan importante que las novelas pasen a la historia de la literatura como que pasen a las pequeñas historias de nuestras vidas lectoras.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

W, Isaac Rosa (Edebé)


Cuenta Isaac Rosa que no sabía cómo transmitir su pasión por la lectura a su hija Olivia, de 13 años, y que pensó que la mejor forma era animarla a escribir un libro juntos. De ahí nace W, la primera incursión del autor sevillano en la literatura juvenil.


W cuenta la historia de Valeria, una joven que un día, al coger el autobús se encuentra con una chica igual que ella: Una doble. Al menos físicamente, porque a medida que Valeria y Valentina (su doble) se conocen, de descubren en la otra aquello que les gustaría ser y no son (personalidad, gustos, forma de actuar). Pronto comenzarán a darse algunas confusiones y cruces en la vida de una y otra, y surgirán preguntas que solo ellas podrán responder.

He disfrutado mucho de la novela de Rosa, y la he leído tanto como lector adulto como pensando en mi faceta de recomendador de libros a un adolescente. Y en ambos casos el libro funciona muy bien.


Hay que decir que Isaac Rosa es uno de los talentos literarios más empáticos de nuestras letras. Se preocupa por entender al lector y profundizar en cómo va a leer lo escrito y hacia donde ha de caminar la historia en función de lo que su lector puede esperar. No se trata de complaciencia, sino de respeto. También puede verse en sus columnas de opinión, absolutamente respetuosas con el lector (con su inteligencia, con su capacidad de interpretar y no ser guiado). Me atrevería a decir que en novela juvenil esto es doblemente importante. 

Preocuparse por interesar (e interesarse) y no tratar de forma ingenua a un adolescente puede ser la clave de que una relación adulto-joven funcione. Isaac en W lo consigue, y me ha recordado a uno de mis referentes literarios de juventud: Jordi Sierra i Fabra.


No lo penséis más, si tenéis a vuestro alrededor a un adolescente de entre 12 y 16 años y creéis que vuestra relación es imposible: escuchad, respetad, no menospreciéis por el hecho de doblar o triplicar su edad, y entender que si no leen es porque todavía no ha aparecido el libro que les haya fascinado. Probad con W, que a lo mejor el libro es este.

lunes, 2 de septiembre de 2019

La noche fenomenal, Javier Pérez Andújar (Anagrama)


No sé bien como comenzar esta reseña. Quizá indicando por qué quise leerla. En varios artículos de periodistas, blogs de librerías, etc… que respeto bastante estaban incluyendo esta novela entre sus últimas publicaciones favoritas. Comencé su lectura, y empezó la sorpresa.  
El equipo de un programa de televisión dedicado a los fenómenos paranormales descubre que unos hechos anómalos, hasta entonces nunca registrados, se hacen realidad en la misma Barcelona desde la que emite. Al mismo tiempo la ciudad es azotada sísmicamente por la meteorología y por la repentina irrupción de personajes procedentes de otra Barcelona, que vienen a pedirles auxilio a los integrantes de La noche fenomenal, que así es como se llama el programa de este grupo de amigos.

En la mayoría de esos artículos aparece la comparación con Eduardo Mendoza. A mí esto no me afecta demasiado ya que hace muchísimo años que leí a Mendoza y aunque recuerdo que me entretuvo bastante, supongo que no lo suficiente para ser una de sus fans más entusiastas. Y sin embargo “La noche fenomenal” me ha hecho reír mucho más. Absurda y llena de excentricidades, me parece que su mayor logro es describir todo lo que hace con una humildad continua del autor. Osea, que ahí suelta la tontería pero de una manera tan sencilla y a través de unos personajes tan agradables que te entra la risa sin sentido.
Porque a ver, en lo que ocurre en la Barcelona de “La noche fenomenal” nada tiene sentido. Un grupo de personas, amigas de lo paranormal se reúnen para formar un programa televisivo sobre estos temas. Cada uno es especialista en unas cosas, ilusionista, buscadores de yetis, experta en platillos volantes… tratando temas diferentes cada una de las noches de emisión y encontrándose en el bar de enfrente para seguir con sus diferentes paranoias. Además se les unen unos cuantos encuentros con personas peculiares como el librero Batló y la peculiar Isis.
Los personajes son geniales, cada uno de ellos. Y su buen rollo y camaradería te da ganas de continuar con la lectura, a pesar de la absurdez y rapidez de cada uno de los capítulos. Uno de los más importantes personajes es Barcelona. Su cultura, su gente, sus sitios. Un homenaje sincero y bonito hacia esta ciudad. Yo  personalmente no he encontrado ninguna moraleja detrás del libro. Si alguien la encuentra que me llame. Pero sí he encontrado una novela que me ha hecho pasar muy buen rato. 

Destacar que me han encantado las referencias culturales. Tanto a ciencia ficción como a literatura y especialmente a la cultura popular. Me he reído mucho con algunas de ellas. Las novelas de vaqueros, las de detectives, Walt Disney, música andaluza…realmente divertido. Y el colofón en el final, en el que el autor nos desvela que algunos de los personajes son reales. Incluso los más disparatados. Y yo sólo quiero haber conocido alguna vez a esa gente y pertenecer a su grupo. Poder proponer teorías locas y salvar el mundo. Siempre me quedarán los libros.

miércoles, 26 de junio de 2019

Teoría general del olvido, José Eduardo Agualsa (Edhasa)


Nos reencontrarnos con la editorial Edhasa, sello que ha editado alguno de mis libros favoritos, y en la que prodigo mis lecturas menos de lo que debería. Aún recuerdo el impacto que causó en mí el Manual de la oscuridad, de Enrique de Hériz, una obra maestra de la que deberíamos hablar más.  Ahora termino la lectura de Teoría general del olvido, del angoleño José Eduardo Agualusa, flamante finalista del prestigioso Booker International en el año 2016.



En Teoría general del olvido se nos cuenta la historia de una mujer, Ludo, portuguesa afincada en Angola en los años de guerra civil que vivió el país hermano en los años 70.

Al amparo de un pasado no contado y lejos de sus seres queridos, Ludo se refugia de la guerra y de la sociedad. En paralelo, otras voces, otros personajes pincelan la historia en un círculo de relaciones con la protagonista que se va cerrando a medida que avanza la historia.


Un libro que nos habla del pasado que nos persigue sin descanso, del imposible olvido absoluto, de lo demoledor de las guerras. Y de lo que me ha parecido más importante – y a veces se nos olvida – que aún durante las guerras, la vida continúa.

Toda una sorpresa que añado a todas esas voces de otros lugares con los que entender mejor a otros pueblos y otros países. De nuevo se demuestra que se llega más cerca a conocer un conflicto o un modo de vida a través de historias corrientes que a través de sesudos datos y estadísticas.
Edhasa, bienvenida de nuevo a nuestras lecturas. Seguiremos con interés vuestro catálogo de aquí en adelante. Libros como el de hoy bien lo justifican.

lunes, 24 de junio de 2019

La vida a plazos de Don Jacobo Lerner, Isaac Goldemberg (Las afueras)


Gran estreno el que hemos tenido con la editorial Las afueras, desconocida hasta el momento por nosotros y que con La vida a plazos de Don Jacobo Lerner han entrado por la puerta grande de nuestras lecturas de este año.

Con el libro de Isaac Goldemberg recién terminado, las sensaciones que me ha dejado son las que solo he sido capaz de sentir a lo largo de mi vida lectora con determinados libros latinoamericanos. Es la sensación de lo singular, de la obra única, de la que es difícil encontrar referencias. En definitiva, este libro pertenece al selecto grupo de obras latinoamericanas que definen la creatividad pura.
¿Qué es La vida a plazos de Don Jacobo Lerner? Pues un conjunto de muchas cosas que conforman un todo casi perfecto. El libro nos cuenta la historia de un judío que aterriza en Perú y cuya vida y azares conocemos a través de múltiples personajes, testimonios y estilos narrativos.
EL libro de Lerner es también el testimonio literario de la travesía de los judíos en América  (latina o del norte, tanto da). Sus vidas (la de Jacobo en este caso) son alegorías de supervivencia y de reinvención continua. En ese aspecto, realidad (la del pueblo judío) y arte (ficción literaria) se convierten en objetos de vida paralela que se cruzan en numerosas ocasiones.



La vida a plazos de Don Jacobo Lerner tiene un poco de Rayuela, de Pedro Páramo, de Macondo y de Pantaleón con sus visitadoras: Maravillosa en su desorden, con mil posibilidades de lectura (en orden, al azar, como si de un libro de cuentos se tratara). Con decir esto creo que basta. Tan solo decir que sorprende lo anónimo de su existencia y que merece ser leída y reivindicada.


Por último, aplaudimos la labor de estas pequeñas editoriales que cuidan no solo el fondo, sino las formas con ediciones de sus libros únicas e inconfundibles. Ánimo a Las afueras para que siga buscando filones de oro en los márgenes de los ríos de la literatura.

miércoles, 19 de junio de 2019

El último deseo, Andrzej Sapkowski (Alamut)


Confieso mis limitaciones de conocimiento en determinados géneros literarios, pese a que me fascinan. La fantasía es uno de ellos. Creo que la leo siempre que puedo porque me transporta a mi infancia y primera juventud, cuando conseguir libros era una hazaña (casi siempre venían de mano del hermano mayor de un amigo) o cuando las aventuras venían a través de un juego de rol o de los primeros videojuegos de mi querido Spectrum. Si  pertenecéis a mi generación, puede que os resulte familiar si os hablo de Dungeons&Dragons, La llamada de Cthulhu o Bloodwych. Hoy os voy a hablar de El último deseo, la primera novela de la saga de Geralt de Rivia, del polaco Andrzej Sapkowski.



¿Cómo he llegado a estas novelas? Pues todo se debe al vacío que va a dejar Juego de Tronos en el espacio literario que dedico a la fantasía.  La serie se acaba y las novelas no llegan, y décadas de disfrute llegan a su fin. Pregunté y pregunté y me empezaron a hablar de esta saga, del brujo Geralt de Rivia y sus aventuras a la caza de todo tipo de monstruos.

Os cuento un poco la historia: Geralt de Rivia es un brujo mutante, habitante de un mundo donde conviven lo medieval con la magia y las fuerzas sobrenaturales. Y donde Geralt se gana la vida cazando todo tipo de bestias fantásticas, con una condición, que supongan una amenaza al mundo que los rodea.


En este primer libro conocemos al personaje a través de relatos independientes entre sí, sirviendo estos de carta de presentación al brujo y a algunos otros personajes que formarán parte del resto de la saga. De esta forma, El último deseo puede leerse como la precuela de la saga, que realmente (cito aquí a mis fuentes expertas) comienza en el libro 3.



Lo cierto es que he disfrutado muchísimo el tono y la ambientación de El último deseo, si bien es cierto que las mismas fuentes me advierten de que el tono también cambia, igual que la propia saga, que evoluciona hacia historias que nada tienen que ver con lo leído en esta carta de presentación (y esto no dice nada malo ni para este libro ni para los venideros).

El protagonista está perfilado de forma brillante y tiene el magnetismo necesario para este tipo de héroes, y la ambientación es perfecta. ¿Os acordáis del juego Diablo, un clásico de nuestra generación? Pues para mi leer El último deseo ha supuesto volver a ese tono, con esa música, con esas batallas y con la soledad intermedia entre ellas.




La historia de esta saga es curiosa, ya que su relevancia no parte de ellas mismas, sino del éxito que tuvo la serie de videojuegos The witcher, basada en las novelas de Sapkowski. Fue de hecho este éxito el que ha redescubierto la saga y la ha convertido en un fenómeno mundial.




Lo dicho, ya tengo lecturas para el resto del año, ya que son un total de siete libros en una saga que ya está finalizada (aliciente más para leer con la seguridad de la historia conclusa). Os animo a que descubráis al brujo del pelo blanco y a sus dos espadas: la de acero para los hombres y la de plata para las bestias.






lunes, 17 de junio de 2019

Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino (Espasa)


Desde hace unos años sigo de manera entusiasta a Sergio del Molino. Al Sergio del Molino novelista, pero también al Sergio del Molino columnista, al Sergio del Molino tertuliano, al contador de historias. El periodista-escritor-contador, tiene una voz propia que me ha ganado desde que leí el año pasado sus novelas Lo que a nadie le importa, La mirada de los peces y La hora violeta. Especialmente esta última. También soy fiel a La cultureta, programa politemático e inclasificable en el que es colaborador habitual. Y sus columnas de El País.

Punto y aparte merece su libro La España Vacía, que supuso la primera mirada profunda y rotunda a la España rural abandonada, deshabitada y desatendida por las diferentes administraciones. Después llegaron otros (otros libros, otras miradas, la incorporación de estos asuntos en las diferentes agendas políticas) pero él fue pionero contemporáneo en la brillante exposición de la singularidad nacional de estos vastos territorios.


Como si de una segunda parte se tratara, nos llega Lugares fuera de sitio, en el que siguiendo un proceso similar de viaje y búsqueda, el autor recorre diferentes lugares de la geografía nacional cuya ubicación parece no corresponderles. Como si de un accidente histórico se tratase (a veces es precisamente eso), Del Molino nos lleva por un recorrido por la España fronteriza, tanto interna como externa, donde la gente pertenece oficialmente a un lugar pero sentimental o culturalmente a otro, o la mezcla de ambas cosas.


En el viaje por lugares singulares del autor, podemos distinguir tres tipos de lugares. En primer lugar, nos encontramos  con los territorios nacionales que miran hacia África: Ceuta y Melilla, y también Gibraltar, imposible colonia inglesa que marca y define a los habitantes de toda una comarca; En segundo lugar, lugares que representan una anomalía fronteriza con nuestros vecinos Portugal y Francia: Olivenza y Rionor en Portugal, Llívia entre Catalunya y Francia. Como apéndice inclasificable, Andorra, país inconcebible dentro de un país cuyas anomalías lo han convertido en incuestionables con el paso de los años. Por último, en el capítulo que para mí ha sido más revelador y enriquecedor, nos encontramos con los territorios pertenecientes a una provincia pero que físicamente se encuentran dentro de otra, donde El Condado de Treviño es el ejemplo más conocido y representativo. La existencia de estos lugares se entiende con el magnífico relato que Del Molino hace de la creación de las provincias en España.



El estilo del autor aragonés es limpio dentro de una complejidad admirable. El narrador nos cuenta el viaje pero también expone con datos, referencias históricas, referencias personales. Y por encima de todo, no se esconde, nos muestra su posición con respecto a las fronteras, a la política que las utiliza, a las guerras que desencadenan.


Un texto imprescindible en un momento en el que el conflicto catalán exige otras miradas y otros discursos transversales para encontrar espacios y voces para la convivencia. Sergio, con este libro ya has hecho (no si se de forma pretendida) mucho más que un buen porcentaje de los políticos responsables de resolver el problema.

miércoles, 12 de junio de 2019

Física de la tristeza, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel)


No sé si es casualidad, pero desde que Mircea Cartarescu ha entrado como un obús en el panorama literario español, no dejo de ver escritores que siguen su estela y parecen querernos decir que la literatura del Este de Europa no es una moda sino un universo literario propio. Con ese propósito me he adentrado con sumo interés a la lectura de Física de la Tristeza, del búlgaro Gueorgui Gospodínov, que de forma impecable ha editado en España el sello Fulgencio Pimentel.



El libro de Gospodínov atrapa como una telaraña y no te deja escapar, y uno no sabe explicar muy bien por qué. Pero, ¿Qué es Física de la tristeza? Difícil de responder en una sola frase, porque se trata de una obra inclasificable. Por un lado podemos decir que es la visión personal sobre uno mismo y sobre lo que le rodea. En Física de la tristeza encontramos grandes cuestiones políticas y filosóficas pero también literatura de lo cotidiano, pudiendo leerlo como una obra de autoficción pura o como un ensayo camuflado en forma de novela.

En Física de la tristeza encontramos historias dentro de historias, autobiográficas (suponemos) algunas de ellas, otras inventadas (estamos convencidos). No estamos hablando de simple literatura, ni siquiera de metaliteratura (literatura de la literatura) sino de un estadio superior de literatura (¿supraliteratura?). Tampoco sé si Gospondínov conoce a Cartarescu, pero me gustaría que se conocieran, que hablaran y se descubrieran.


Es la historia de un país a partir de la historia – subjetiva, deformada, fabulada – del escritor. Pero ese es solo el punto de partida: la narración desencadena en locura, en talento incontrolado y sin formato. Tanto, que puede abrumar al lector, como abruma todo lo que desdibuja nuestras fronteras de confort y conocimiento.


Ojo, advertimos con tiempo: si se acercan a Física de la tristeza háganlo convencidos de que las curvas son pronunciadas. Sean prudentes y cójanla sin ningún prejuicios, convencidos de que algo grande puede sucederles, o que por el contrario, la sobredosis de exposición derive en experiencia fracasada. Estoy aún por valorar su impacto en mí, y en cualquier caso, la lectura ha sido merecida.



La edición de Fulgencio Pimentel es espectacular, y este libro ha hecho que mire con mucho mayor mimo su catálogo de narrativa, ya que les tenía absolutamente encasillados en el territorio de la novela gráfica, donde por cierto, lo hacen de cine.



lunes, 10 de junio de 2019

El hijo que robó el caballo de Atila, Iván Repila (Seix Barral)


Después de la lectura de El aliado supimos de Iván Repila y de su talento. No es la primera vez que una grata experiencia lectora de una publicación reciente nos lleva a echar la vista atrás en busca de la obra anterior del autor o autora en cuestión. Y aquí estamos, con El hijo que robó el caballo de Atila, el que para muchos es todavía la mejor novela del autor vasco.
 

El niño que robó el caballo de Atila es de esas novelas que son leídas de un tirón, hipnotizantes, que pueden ser leídas como un cuento largo (apenas 130 páginas) y que bastan para descubrir la capacidad creativa de un escritor.
Con una propuesta casi teatral (dos personajes, un único escenario, espacio cerrado), la historia gira en torno a dos hermanos, dos niños sin nombre (solo les conocemos como El grande y El pequeño) que se encuentran en el interior de un pozo. Atrapados, después de una caída de la que no se nos desvela casi nada.



Así, día a día, comienza un tour de forcé de supervivencia en el que la búsqueda de comida, de distracciones, de imposible convivencia, y sobre todo, de mil formas de pergeñar un plan de escape, nos atrapan de tal forma que es como si el lector fuera un tercer miembro sumido en el interior del pozo.

Hay una madre, a la que se nombra (hay una bolsa de comida con ellos, que no pueden tocas porque forma parte de un recado para ella). No hay ninguna prisa, el narrador sabe cuándo y qué nos tiene que desvelar en el momento preciso de la novela.


El niño que robó el caballo de Atila solo puede ser entendida como fábula y como metáfora, y así funciona de forma magistral. Porque la novela habla de egoísmo y de capacidad de adaptación, de resignación y de fuerza de voluntad. Pero sobre todo habla de los pozos en los que vivimos como seres humanos, con realidades plenamente acotadas que nos hacen vivir con el espejismo de tenerlo todo bajo control, cuando en realidad es imposible escapar de determinados parámetros. Y también de justo lo contrario, de nuestra capacidad para cambiarlo todo y redefinir las fronteras de nuestro pozo.



Ojo, porque nos encontramos ante una novela mayor, distópica y alegórica que hace inevitable compararla con la obra de José Saramago, donde nada (o todo) es lo que parece. Quizá el mayor elogio que puedo hacer de esta novela es que he vuelto a leer a Saramago; que una obra consiga rescatar a uno de los más grandes la convierte en grande en sí misma.


Tenéis que leer a Iván Repila. Yo ya me he hecho con Una comedia canalla, su primera novela, para seguir entendiendo el mapa de ruta de un autor que me tiene maravillado y desconcertado a partes iguales.


miércoles, 5 de junio de 2019

La hija de la Española, Karina Sainz Borgo (Lumen)


He de reconocer mi recelo por los éxitos adelantados, que nacen ya como éxitos sin ni tan siquiera haber sido sometidos al veredicto del público. Tal es el caso de La hija de la española, primera novela de la venezolana Karina Sainz Borgo, editada en España por Lumen y con los derechos de publicación vendidos a una veintena de países. Repito, antes de ser publicada.


La hija de la española cuenta la historia de Adelaida, venezolana afincada en Caracas que, tras la muerte de su madre, sufre las consecuencias de la ocupación de su casa por parte de las fuerzas pro-régimen y encuentra refugio en la casa (y en la identidad) de Aurora Peralta, vecina de edificio con vínculos familiares en España. En la usurpación de la identidad de Aurora Adelaida encuentra un modo de escapar de un país que la atrapa, la ahoga y en el que se muere de hambre.


Aunque el libro puede leerse como una distopía – en cierto modo lo es – es bien cierto que las analogías con el régimen chavista (en concreto con una visión demoniaca del mismo) son evidentes. Esa parte me chirría, porque pone a la literatura al servicio de un discurso que no me acabo de creer. Ojo, no porque no sea verosímil, sino porque obvia aspectos fundamentales de la realidad venezolana que si bien no justifican ciertos actos, si pueden ayudar a ponerlos en contexto. El mal absoluto es el gobierno y sus acólitos. El resto no existe, ni siquiera como ruido de fondo.


Dicho esto, la novela es correcta y puede satisfacer a un público al que guste un tipo de literatura efectista y sin ambigüedades. Con esa lectura y sin un análisis más profundo la novela es más que correcta, su lectura es interesante y efectista. Pero no le encuentro  - no lo busquen – nada más. Para eso hay otras lecturas y otras propuestas, y no necesariamente literarias.


lunes, 3 de junio de 2019

Euforia, Lily King (Malpaso)


De vez en cuando me encanta sumergirme en libros sobre antropología. Normalmente este gusto me viene cuando estoy en un punto de sequía lectora y no se me ocurre con qué libro continuar. La antropología siempre me salva de estos momentos. Un poco raro, ¿verdad? Pero este libro es algo especial porque es una novela sobre antropólogos. Pudiendo disfrutar de esta mezcla de ficción y divulgación me adentré en un libro apasionante.

Euforia es la emocionante historia de un triángulo amoroso en uno de los paisajes más exóticos del mundo, y también es un relato extraordinario sobre los orígenes de la antropología como disciplina de investigación.



En la época floreciente de los descubrimientos aborígenes en Oceanía, un grupo de antropólogos coinciden en Nueva Guinea realizando estudios de campo en distintos pueblos indígenas. Uno de ellos, Andrew Bankson se encuentra en un momento lamentable después de haber pasado varios meses en una aldea sin presencia de ningún occidental hasta que se encuentra con otros dos colegas que aún no han encontrado la tribu ideal para sus estudios, Nell Stone y Fenwick Schuyler.

La vida en aquella isla “no civilizada”, la brillantez de Nell, el estúpido sexismo de Fenwick y una infancia poblada de fantasmas, llevan a Bankson a enzarzarse en un enamoramiento explosivo, en unos celos desencadenados y en un triángulo amoroso trágico.

Un añadido a la tragedia amorosa que se hace hasta dolorosa, es el desarrollo de las investigaciones de los personajes. Cada uno intenta acercarse a las tribus de una manera. Bankson tiene un bloqueo hasta que conoce a Nell, que le inspira notablemente. Nell es una antropóloga extraordinaria, que logra llegar hasta las más profundas motivaciones de los habitantes indígenas, famosa principalmente por una obra sobre la sexualidad de los niños en otras partes del mundo y sobre todo, envidiada y ninguneada por su marido. Y Fenwick, el macho alfa, inseguro ante el éxito de su mujer, y obsesionado con alcanzar algún descubrimiento que provoca un drama en la comunidad que están estudiando.

Lily King recrea un turbulento episodio de la vida de la famosa antropóloga Margaret Mead, y basándose en su marido y en su supuesto amante, crea una novela adictiva y emocionante. Euforia fue uno de los 10 mejores libros de The New York Times en 2014.

Después de disfrutar de este libro, por favor leed la biografía de Margaret Mead. En sus investigaciones etnográficas de las décadas de 1920 y 1930, puso en entredicho la visión sexista biologista que prevalecía en las ciencias sociales en EE.UU. según la cual la división sexual del trabajo en la familia moderna se debía a la diferencia innata entre el comportamiento instrumental (público, productivo) de los hombres y expresivo de las mujeres, y en su estudio comparativo Sex and Temperament in Three Primitive Societies Mead introdujo, en 1935, la idea revolucionaria de que, por ser la especie humana enormemente maleable, los papeles y las conductas sexuales varían según los contextos socioculturales. Fue, así, precursora en la utilización del concepto género. Entenderéis mucho mejor el contexto pero además podréis comprobar cómo la realidad a veces es tan interesante  o más que la ficción. Una historia estupenda.