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Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino (Espasa)


Desde hace unos años sigo de manera entusiasta a Sergio del Molino. Al Sergio del Molino novelista, pero también al Sergio del Molino columnista, al Sergio del Molino tertuliano, al contador de historias. El periodista-escritor-contador, tiene una voz propia que me ha ganado desde que leí el año pasado sus novelas Lo que a nadie le importa, La mirada de los peces y La hora violeta. Especialmente esta última. También soy fiel a La cultureta, programa politemático e inclasificable en el que es colaborador habitual. Y sus columnas de El País.

Punto y aparte merece su libro La España Vacía, que supuso la primera mirada profunda y rotunda a la España rural abandonada, deshabitada y desatendida por las diferentes administraciones. Después llegaron otros (otros libros, otras miradas, la incorporación de estos asuntos en las diferentes agendas políticas) pero él fue pionero contemporáneo en la brillante exposición de la singularidad nacional de estos vastos territorios.


Como si de una segunda parte se tratara, nos llega Lugares fuera de sitio, en el que siguiendo un proceso similar de viaje y búsqueda, el autor recorre diferentes lugares de la geografía nacional cuya ubicación parece no corresponderles. Como si de un accidente histórico se tratase (a veces es precisamente eso), Del Molino nos lleva por un recorrido por la España fronteriza, tanto interna como externa, donde la gente pertenece oficialmente a un lugar pero sentimental o culturalmente a otro, o la mezcla de ambas cosas.


En el viaje por lugares singulares del autor, podemos distinguir tres tipos de lugares. En primer lugar, nos encontramos  con los territorios nacionales que miran hacia África: Ceuta y Melilla, y también Gibraltar, imposible colonia inglesa que marca y define a los habitantes de toda una comarca; En segundo lugar, lugares que representan una anomalía fronteriza con nuestros vecinos Portugal y Francia: Olivenza y Rionor en Portugal, Llívia entre Catalunya y Francia. Como apéndice inclasificable, Andorra, país inconcebible dentro de un país cuyas anomalías lo han convertido en incuestionables con el paso de los años. Por último, en el capítulo que para mí ha sido más revelador y enriquecedor, nos encontramos con los territorios pertenecientes a una provincia pero que físicamente se encuentran dentro de otra, donde El Condado de Treviño es el ejemplo más conocido y representativo. La existencia de estos lugares se entiende con el magnífico relato que Del Molino hace de la creación de las provincias en España.



El estilo del autor aragonés es limpio dentro de una complejidad admirable. El narrador nos cuenta el viaje pero también expone con datos, referencias históricas, referencias personales. Y por encima de todo, no se esconde, nos muestra su posición con respecto a las fronteras, a la política que las utiliza, a las guerras que desencadenan.


Un texto imprescindible en un momento en el que el conflicto catalán exige otras miradas y otros discursos transversales para encontrar espacios y voces para la convivencia. Sergio, con este libro ya has hecho (no si se de forma pretendida) mucho más que un buen porcentaje de los políticos responsables de resolver el problema.

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