Física de la tristeza, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel)


No sé si es casualidad, pero desde que Mircea Cartarescu ha entrado como un obús en el panorama literario español, no dejo de ver escritores que siguen su estela y parecen querernos decir que la literatura del Este de Europa no es una moda sino un universo literario propio. Con ese propósito me he adentrado con sumo interés a la lectura de Física de la Tristeza, del búlgaro Gueorgui Gospodínov, que de forma impecable ha editado en España el sello Fulgencio Pimentel.



El libro de Gospodínov atrapa como una telaraña y no te deja escapar, y uno no sabe explicar muy bien por qué. Pero, ¿Qué es Física de la tristeza? Difícil de responder en una sola frase, porque se trata de una obra inclasificable. Por un lado podemos decir que es la visión personal sobre uno mismo y sobre lo que le rodea. En Física de la tristeza encontramos grandes cuestiones políticas y filosóficas pero también literatura de lo cotidiano, pudiendo leerlo como una obra de autoficción pura o como un ensayo camuflado en forma de novela.

En Física de la tristeza encontramos historias dentro de historias, autobiográficas (suponemos) algunas de ellas, otras inventadas (estamos convencidos). No estamos hablando de simple literatura, ni siquiera de metaliteratura (literatura de la literatura) sino de un estadio superior de literatura (¿supraliteratura?). Tampoco sé si Gospondínov conoce a Cartarescu, pero me gustaría que se conocieran, que hablaran y se descubrieran.


Es la historia de un país a partir de la historia – subjetiva, deformada, fabulada – del escritor. Pero ese es solo el punto de partida: la narración desencadena en locura, en talento incontrolado y sin formato. Tanto, que puede abrumar al lector, como abruma todo lo que desdibuja nuestras fronteras de confort y conocimiento.


Ojo, advertimos con tiempo: si se acercan a Física de la tristeza háganlo convencidos de que las curvas son pronunciadas. Sean prudentes y cójanla sin ningún prejuicios, convencidos de que algo grande puede sucederles, o que por el contrario, la sobredosis de exposición derive en experiencia fracasada. Estoy aún por valorar su impacto en mí, y en cualquier caso, la lectura ha sido merecida.



La edición de Fulgencio Pimentel es espectacular, y este libro ha hecho que mire con mucho mayor mimo su catálogo de narrativa, ya que les tenía absolutamente encasillados en el territorio de la novela gráfica, donde por cierto, lo hacen de cine.




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