miércoles, 26 de junio de 2019

Teoría general del olvido, José Eduardo Agualsa (Edhasa)


Nos reencontrarnos con la editorial Edhasa, sello que ha editado alguno de mis libros favoritos, y en la que prodigo mis lecturas menos de lo que debería. Aún recuerdo el impacto que causó en mí el Manual de la oscuridad, de Enrique de Hériz, una obra maestra de la que deberíamos hablar más.  Ahora termino la lectura de Teoría general del olvido, del angoleño José Eduardo Agualusa, flamante finalista del prestigioso Booker International en el año 2016.



En Teoría general del olvido se nos cuenta la historia de una mujer, Ludo, portuguesa afincada en Angola en los años de guerra civil que vivió el país hermano en los años 70.

Al amparo de un pasado no contado y lejos de sus seres queridos, Ludo se refugia de la guerra y de la sociedad. En paralelo, otras voces, otros personajes pincelan la historia en un círculo de relaciones con la protagonista que se va cerrando a medida que avanza la historia.


Un libro que nos habla del pasado que nos persigue sin descanso, del imposible olvido absoluto, de lo demoledor de las guerras. Y de lo que me ha parecido más importante – y a veces se nos olvida – que aún durante las guerras, la vida continúa.

Toda una sorpresa que añado a todas esas voces de otros lugares con los que entender mejor a otros pueblos y otros países. De nuevo se demuestra que se llega más cerca a conocer un conflicto o un modo de vida a través de historias corrientes que a través de sesudos datos y estadísticas.
Edhasa, bienvenida de nuevo a nuestras lecturas. Seguiremos con interés vuestro catálogo de aquí en adelante. Libros como el de hoy bien lo justifican.

lunes, 24 de junio de 2019

La vida a plazos de Don Jacobo Lerner, Isaac Goldemberg (Las afueras)


Gran estreno el que hemos tenido con la editorial Las afueras, desconocida hasta el momento por nosotros y que con La vida a plazos de Don Jacobo Lerner han entrado por la puerta grande de nuestras lecturas de este año.

Con el libro de Isaac Goldemberg recién terminado, las sensaciones que me ha dejado son las que solo he sido capaz de sentir a lo largo de mi vida lectora con determinados libros latinoamericanos. Es la sensación de lo singular, de la obra única, de la que es difícil encontrar referencias. En definitiva, este libro pertenece al selecto grupo de obras latinoamericanas que definen la creatividad pura.
¿Qué es La vida a plazos de Don Jacobo Lerner? Pues un conjunto de muchas cosas que conforman un todo casi perfecto. El libro nos cuenta la historia de un judío que aterriza en Perú y cuya vida y azares conocemos a través de múltiples personajes, testimonios y estilos narrativos.
EL libro de Lerner es también el testimonio literario de la travesía de los judíos en América  (latina o del norte, tanto da). Sus vidas (la de Jacobo en este caso) son alegorías de supervivencia y de reinvención continua. En ese aspecto, realidad (la del pueblo judío) y arte (ficción literaria) se convierten en objetos de vida paralela que se cruzan en numerosas ocasiones.



La vida a plazos de Don Jacobo Lerner tiene un poco de Rayuela, de Pedro Páramo, de Macondo y de Pantaleón con sus visitadoras: Maravillosa en su desorden, con mil posibilidades de lectura (en orden, al azar, como si de un libro de cuentos se tratara). Con decir esto creo que basta. Tan solo decir que sorprende lo anónimo de su existencia y que merece ser leída y reivindicada.


Por último, aplaudimos la labor de estas pequeñas editoriales que cuidan no solo el fondo, sino las formas con ediciones de sus libros únicas e inconfundibles. Ánimo a Las afueras para que siga buscando filones de oro en los márgenes de los ríos de la literatura.

miércoles, 19 de junio de 2019

El último deseo, Andrzej Sapkowski (Alamut)


Confieso mis limitaciones de conocimiento en determinados géneros literarios, pese a que me fascinan. La fantasía es uno de ellos. Creo que la leo siempre que puedo porque me transporta a mi infancia y primera juventud, cuando conseguir libros era una hazaña (casi siempre venían de mano del hermano mayor de un amigo) o cuando las aventuras venían a través de un juego de rol o de los primeros videojuegos de mi querido Spectrum. Si  pertenecéis a mi generación, puede que os resulte familiar si os hablo de Dungeons&Dragons, La llamada de Cthulhu o Bloodwych. Hoy os voy a hablar de El último deseo, la primera novela de la saga de Geralt de Rivia, del polaco Andrzej Sapkowski.



¿Cómo he llegado a estas novelas? Pues todo se debe al vacío que va a dejar Juego de Tronos en el espacio literario que dedico a la fantasía.  La serie se acaba y las novelas no llegan, y décadas de disfrute llegan a su fin. Pregunté y pregunté y me empezaron a hablar de esta saga, del brujo Geralt de Rivia y sus aventuras a la caza de todo tipo de monstruos.

Os cuento un poco la historia: Geralt de Rivia es un brujo mutante, habitante de un mundo donde conviven lo medieval con la magia y las fuerzas sobrenaturales. Y donde Geralt se gana la vida cazando todo tipo de bestias fantásticas, con una condición, que supongan una amenaza al mundo que los rodea.


En este primer libro conocemos al personaje a través de relatos independientes entre sí, sirviendo estos de carta de presentación al brujo y a algunos otros personajes que formarán parte del resto de la saga. De esta forma, El último deseo puede leerse como la precuela de la saga, que realmente (cito aquí a mis fuentes expertas) comienza en el libro 3.



Lo cierto es que he disfrutado muchísimo el tono y la ambientación de El último deseo, si bien es cierto que las mismas fuentes me advierten de que el tono también cambia, igual que la propia saga, que evoluciona hacia historias que nada tienen que ver con lo leído en esta carta de presentación (y esto no dice nada malo ni para este libro ni para los venideros).

El protagonista está perfilado de forma brillante y tiene el magnetismo necesario para este tipo de héroes, y la ambientación es perfecta. ¿Os acordáis del juego Diablo, un clásico de nuestra generación? Pues para mi leer El último deseo ha supuesto volver a ese tono, con esa música, con esas batallas y con la soledad intermedia entre ellas.




La historia de esta saga es curiosa, ya que su relevancia no parte de ellas mismas, sino del éxito que tuvo la serie de videojuegos The witcher, basada en las novelas de Sapkowski. Fue de hecho este éxito el que ha redescubierto la saga y la ha convertido en un fenómeno mundial.




Lo dicho, ya tengo lecturas para el resto del año, ya que son un total de siete libros en una saga que ya está finalizada (aliciente más para leer con la seguridad de la historia conclusa). Os animo a que descubráis al brujo del pelo blanco y a sus dos espadas: la de acero para los hombres y la de plata para las bestias.






lunes, 17 de junio de 2019

Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino (Espasa)


Desde hace unos años sigo de manera entusiasta a Sergio del Molino. Al Sergio del Molino novelista, pero también al Sergio del Molino columnista, al Sergio del Molino tertuliano, al contador de historias. El periodista-escritor-contador, tiene una voz propia que me ha ganado desde que leí el año pasado sus novelas Lo que a nadie le importa, La mirada de los peces y La hora violeta. Especialmente esta última. También soy fiel a La cultureta, programa politemático e inclasificable en el que es colaborador habitual. Y sus columnas de El País.

Punto y aparte merece su libro La España Vacía, que supuso la primera mirada profunda y rotunda a la España rural abandonada, deshabitada y desatendida por las diferentes administraciones. Después llegaron otros (otros libros, otras miradas, la incorporación de estos asuntos en las diferentes agendas políticas) pero él fue pionero contemporáneo en la brillante exposición de la singularidad nacional de estos vastos territorios.


Como si de una segunda parte se tratara, nos llega Lugares fuera de sitio, en el que siguiendo un proceso similar de viaje y búsqueda, el autor recorre diferentes lugares de la geografía nacional cuya ubicación parece no corresponderles. Como si de un accidente histórico se tratase (a veces es precisamente eso), Del Molino nos lleva por un recorrido por la España fronteriza, tanto interna como externa, donde la gente pertenece oficialmente a un lugar pero sentimental o culturalmente a otro, o la mezcla de ambas cosas.


En el viaje por lugares singulares del autor, podemos distinguir tres tipos de lugares. En primer lugar, nos encontramos  con los territorios nacionales que miran hacia África: Ceuta y Melilla, y también Gibraltar, imposible colonia inglesa que marca y define a los habitantes de toda una comarca; En segundo lugar, lugares que representan una anomalía fronteriza con nuestros vecinos Portugal y Francia: Olivenza y Rionor en Portugal, Llívia entre Catalunya y Francia. Como apéndice inclasificable, Andorra, país inconcebible dentro de un país cuyas anomalías lo han convertido en incuestionables con el paso de los años. Por último, en el capítulo que para mí ha sido más revelador y enriquecedor, nos encontramos con los territorios pertenecientes a una provincia pero que físicamente se encuentran dentro de otra, donde El Condado de Treviño es el ejemplo más conocido y representativo. La existencia de estos lugares se entiende con el magnífico relato que Del Molino hace de la creación de las provincias en España.



El estilo del autor aragonés es limpio dentro de una complejidad admirable. El narrador nos cuenta el viaje pero también expone con datos, referencias históricas, referencias personales. Y por encima de todo, no se esconde, nos muestra su posición con respecto a las fronteras, a la política que las utiliza, a las guerras que desencadenan.


Un texto imprescindible en un momento en el que el conflicto catalán exige otras miradas y otros discursos transversales para encontrar espacios y voces para la convivencia. Sergio, con este libro ya has hecho (no si se de forma pretendida) mucho más que un buen porcentaje de los políticos responsables de resolver el problema.

miércoles, 12 de junio de 2019

Física de la tristeza, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel)


No sé si es casualidad, pero desde que Mircea Cartarescu ha entrado como un obús en el panorama literario español, no dejo de ver escritores que siguen su estela y parecen querernos decir que la literatura del Este de Europa no es una moda sino un universo literario propio. Con ese propósito me he adentrado con sumo interés a la lectura de Física de la Tristeza, del búlgaro Gueorgui Gospodínov, que de forma impecable ha editado en España el sello Fulgencio Pimentel.



El libro de Gospodínov atrapa como una telaraña y no te deja escapar, y uno no sabe explicar muy bien por qué. Pero, ¿Qué es Física de la tristeza? Difícil de responder en una sola frase, porque se trata de una obra inclasificable. Por un lado podemos decir que es la visión personal sobre uno mismo y sobre lo que le rodea. En Física de la tristeza encontramos grandes cuestiones políticas y filosóficas pero también literatura de lo cotidiano, pudiendo leerlo como una obra de autoficción pura o como un ensayo camuflado en forma de novela.

En Física de la tristeza encontramos historias dentro de historias, autobiográficas (suponemos) algunas de ellas, otras inventadas (estamos convencidos). No estamos hablando de simple literatura, ni siquiera de metaliteratura (literatura de la literatura) sino de un estadio superior de literatura (¿supraliteratura?). Tampoco sé si Gospondínov conoce a Cartarescu, pero me gustaría que se conocieran, que hablaran y se descubrieran.


Es la historia de un país a partir de la historia – subjetiva, deformada, fabulada – del escritor. Pero ese es solo el punto de partida: la narración desencadena en locura, en talento incontrolado y sin formato. Tanto, que puede abrumar al lector, como abruma todo lo que desdibuja nuestras fronteras de confort y conocimiento.


Ojo, advertimos con tiempo: si se acercan a Física de la tristeza háganlo convencidos de que las curvas son pronunciadas. Sean prudentes y cójanla sin ningún prejuicios, convencidos de que algo grande puede sucederles, o que por el contrario, la sobredosis de exposición derive en experiencia fracasada. Estoy aún por valorar su impacto en mí, y en cualquier caso, la lectura ha sido merecida.



La edición de Fulgencio Pimentel es espectacular, y este libro ha hecho que mire con mucho mayor mimo su catálogo de narrativa, ya que les tenía absolutamente encasillados en el territorio de la novela gráfica, donde por cierto, lo hacen de cine.



lunes, 10 de junio de 2019

El hijo que robó el caballo de Atila, Iván Repila (Seix Barral)


Después de la lectura de El aliado supimos de Iván Repila y de su talento. No es la primera vez que una grata experiencia lectora de una publicación reciente nos lleva a echar la vista atrás en busca de la obra anterior del autor o autora en cuestión. Y aquí estamos, con El hijo que robó el caballo de Atila, el que para muchos es todavía la mejor novela del autor vasco.
 

El niño que robó el caballo de Atila es de esas novelas que son leídas de un tirón, hipnotizantes, que pueden ser leídas como un cuento largo (apenas 130 páginas) y que bastan para descubrir la capacidad creativa de un escritor.
Con una propuesta casi teatral (dos personajes, un único escenario, espacio cerrado), la historia gira en torno a dos hermanos, dos niños sin nombre (solo les conocemos como El grande y El pequeño) que se encuentran en el interior de un pozo. Atrapados, después de una caída de la que no se nos desvela casi nada.



Así, día a día, comienza un tour de forcé de supervivencia en el que la búsqueda de comida, de distracciones, de imposible convivencia, y sobre todo, de mil formas de pergeñar un plan de escape, nos atrapan de tal forma que es como si el lector fuera un tercer miembro sumido en el interior del pozo.

Hay una madre, a la que se nombra (hay una bolsa de comida con ellos, que no pueden tocas porque forma parte de un recado para ella). No hay ninguna prisa, el narrador sabe cuándo y qué nos tiene que desvelar en el momento preciso de la novela.


El niño que robó el caballo de Atila solo puede ser entendida como fábula y como metáfora, y así funciona de forma magistral. Porque la novela habla de egoísmo y de capacidad de adaptación, de resignación y de fuerza de voluntad. Pero sobre todo habla de los pozos en los que vivimos como seres humanos, con realidades plenamente acotadas que nos hacen vivir con el espejismo de tenerlo todo bajo control, cuando en realidad es imposible escapar de determinados parámetros. Y también de justo lo contrario, de nuestra capacidad para cambiarlo todo y redefinir las fronteras de nuestro pozo.



Ojo, porque nos encontramos ante una novela mayor, distópica y alegórica que hace inevitable compararla con la obra de José Saramago, donde nada (o todo) es lo que parece. Quizá el mayor elogio que puedo hacer de esta novela es que he vuelto a leer a Saramago; que una obra consiga rescatar a uno de los más grandes la convierte en grande en sí misma.


Tenéis que leer a Iván Repila. Yo ya me he hecho con Una comedia canalla, su primera novela, para seguir entendiendo el mapa de ruta de un autor que me tiene maravillado y desconcertado a partes iguales.


miércoles, 5 de junio de 2019

La hija de la Española, Karina Sainz Borgo (Lumen)


He de reconocer mi recelo por los éxitos adelantados, que nacen ya como éxitos sin ni tan siquiera haber sido sometidos al veredicto del público. Tal es el caso de La hija de la española, primera novela de la venezolana Karina Sainz Borgo, editada en España por Lumen y con los derechos de publicación vendidos a una veintena de países. Repito, antes de ser publicada.


La hija de la española cuenta la historia de Adelaida, venezolana afincada en Caracas que, tras la muerte de su madre, sufre las consecuencias de la ocupación de su casa por parte de las fuerzas pro-régimen y encuentra refugio en la casa (y en la identidad) de Aurora Peralta, vecina de edificio con vínculos familiares en España. En la usurpación de la identidad de Aurora Adelaida encuentra un modo de escapar de un país que la atrapa, la ahoga y en el que se muere de hambre.


Aunque el libro puede leerse como una distopía – en cierto modo lo es – es bien cierto que las analogías con el régimen chavista (en concreto con una visión demoniaca del mismo) son evidentes. Esa parte me chirría, porque pone a la literatura al servicio de un discurso que no me acabo de creer. Ojo, no porque no sea verosímil, sino porque obvia aspectos fundamentales de la realidad venezolana que si bien no justifican ciertos actos, si pueden ayudar a ponerlos en contexto. El mal absoluto es el gobierno y sus acólitos. El resto no existe, ni siquiera como ruido de fondo.


Dicho esto, la novela es correcta y puede satisfacer a un público al que guste un tipo de literatura efectista y sin ambigüedades. Con esa lectura y sin un análisis más profundo la novela es más que correcta, su lectura es interesante y efectista. Pero no le encuentro  - no lo busquen – nada más. Para eso hay otras lecturas y otras propuestas, y no necesariamente literarias.


lunes, 3 de junio de 2019

Euforia, Lily King (Malpaso)


De vez en cuando me encanta sumergirme en libros sobre antropología. Normalmente este gusto me viene cuando estoy en un punto de sequía lectora y no se me ocurre con qué libro continuar. La antropología siempre me salva de estos momentos. Un poco raro, ¿verdad? Pero este libro es algo especial porque es una novela sobre antropólogos. Pudiendo disfrutar de esta mezcla de ficción y divulgación me adentré en un libro apasionante.

Euforia es la emocionante historia de un triángulo amoroso en uno de los paisajes más exóticos del mundo, y también es un relato extraordinario sobre los orígenes de la antropología como disciplina de investigación.



En la época floreciente de los descubrimientos aborígenes en Oceanía, un grupo de antropólogos coinciden en Nueva Guinea realizando estudios de campo en distintos pueblos indígenas. Uno de ellos, Andrew Bankson se encuentra en un momento lamentable después de haber pasado varios meses en una aldea sin presencia de ningún occidental hasta que se encuentra con otros dos colegas que aún no han encontrado la tribu ideal para sus estudios, Nell Stone y Fenwick Schuyler.

La vida en aquella isla “no civilizada”, la brillantez de Nell, el estúpido sexismo de Fenwick y una infancia poblada de fantasmas, llevan a Bankson a enzarzarse en un enamoramiento explosivo, en unos celos desencadenados y en un triángulo amoroso trágico.

Un añadido a la tragedia amorosa que se hace hasta dolorosa, es el desarrollo de las investigaciones de los personajes. Cada uno intenta acercarse a las tribus de una manera. Bankson tiene un bloqueo hasta que conoce a Nell, que le inspira notablemente. Nell es una antropóloga extraordinaria, que logra llegar hasta las más profundas motivaciones de los habitantes indígenas, famosa principalmente por una obra sobre la sexualidad de los niños en otras partes del mundo y sobre todo, envidiada y ninguneada por su marido. Y Fenwick, el macho alfa, inseguro ante el éxito de su mujer, y obsesionado con alcanzar algún descubrimiento que provoca un drama en la comunidad que están estudiando.

Lily King recrea un turbulento episodio de la vida de la famosa antropóloga Margaret Mead, y basándose en su marido y en su supuesto amante, crea una novela adictiva y emocionante. Euforia fue uno de los 10 mejores libros de The New York Times en 2014.

Después de disfrutar de este libro, por favor leed la biografía de Margaret Mead. En sus investigaciones etnográficas de las décadas de 1920 y 1930, puso en entredicho la visión sexista biologista que prevalecía en las ciencias sociales en EE.UU. según la cual la división sexual del trabajo en la familia moderna se debía a la diferencia innata entre el comportamiento instrumental (público, productivo) de los hombres y expresivo de las mujeres, y en su estudio comparativo Sex and Temperament in Three Primitive Societies Mead introdujo, en 1935, la idea revolucionaria de que, por ser la especie humana enormemente maleable, los papeles y las conductas sexuales varían según los contextos socioculturales. Fue, así, precursora en la utilización del concepto género. Entenderéis mucho mejor el contexto pero además podréis comprobar cómo la realidad a veces es tan interesante  o más que la ficción. Una historia estupenda.