miércoles, 29 de mayo de 2019

Obras, Edouard Levé (Eterna Cadencia)

Edouard Levé supuso para nosotros un auténtico terremoto literario y personal. Una obra brevísima (dos novelas, Autorretrato y Suicidio, reseñadas aquí, en sentido inverso al de su publicación) ante la que es imposible permanecer impasible. Se trata de la mayor exposición personal que jamás haya leído en una obra. Autorretrato como autopsicoanálisis vital y Suicidio como expresión desbocada del final premeditado de la propia vida, ambas inseparables, ambas dolorosamente incómodas. 

Cuando pensaba que Levé era esto, cuál ha sido mi sorpresa con la publicación de una tercera obra, llamada precisamente Obras, una insólita obra del autor, una rara avis a la que nos hemos asomado.



Ojo, porque al igual que en Autorretrato, aunque desde otro punto de vista, se nos viene encima otro terremoto de palabras y de exposición pública: el autor, enuncia y describe más de 500 obras (más bien proyectos de obras) solo concebidas y nunca realizadas.

¿Es un libro que nos habla de arte? Sí, sin duda, de los límites del arte (o de la ausencia de los mismos). ¿Se trata de una nueva forma de contarnos quién es Edouard Levé menos explícita que en Autorretrato, al hacerlo utilizando como parapeto su potencial obra? También.

Aquí os dejo el principio del libro para que os hagáis una idea antes de enfrentaros a él....



Y aquí el final....



Breve pero cortante como una cuchilla bien afilada. Un final perfecto para conocer al irrepetible autor maldito francés que nos removió de la silla hace ya unos años. Una curiosidad que os animo a compaginar con sus otras dos obras.

lunes, 27 de mayo de 2019

Pájaros quemados, Juan Bas (Alrevés)


Descubrí el año pasado a Juan Bas con su última novela, El refugio de los canallas, magnífica muestra de todo lo que se puede hacer (literariamente hablando) con un tema como el terrorismo sin caer en lugares comunes y ya transitados. El libro fue merecedor del prestigioso premio Dashiell Hammet en la Semana Negra de Gijón, toda una referencia en el género. Parecía obligado mirar hacia atrás y buscar qué había escrito más este señor hasta entonces desconocidos para los habitantes de este blog. Y apareció Pájaros Quemados, editada tres años antes por la misma editorial, Alrevés. Aquí os dejo el resultado de mi lectura.


Pájaros quemados es una historia coral donde múltiples personajes transitan por la España de carreteras nacionales, de bares de paso, personajes con prisa (porque huyen, porque persiguen, porque simplemente no están donde deben estar), de gente que ya no tiene nada que perder (pero mucho que ganar), por los que todavía sueñan con ser lo que no son. Así reza su magnífica e ilustrativa contraportada:


El Guapo y Don Calores, conocidos también como Los Pájaros, dos delincuentes treintañeros del barrio bilbaíno de Otxarkoaga, se complican la vida por un violento calentón en una partida de póquer.
Lola Ferroso, expresidenta de Castilla La Mancha, se complica la vida por estar en el punto de mira de la fiscalía anticorrupción y haber perdido la confianza de su partido.
La familia Gallo Corneja, de vacaciones en Benidorm, se complica la vida por culpa de la voraz abuela y de un hueso de codorniz.
Mateo Montero Jodorovitch, patriarca gitano y prestamista sin escrúpulos, se complica la vida por culpa de Los Pájaros.
Iris o Marina, que es puta, se complica la vida por su deuda con Mateo Montero Jodorovitch.
Ibrahim Berrechid, padre de familia numerosísima, se complica la vida en su interminable viaje desde París a Marruecos por ser un hombre temeroso de Dios preso de la lujuria.
El cura Picabea, párroco de infiesto, se complica la vida por sus mortales pecados y ser un paranoico.
Juana Garrido, directora de una sucursal bancaria de Albacete, se complica la vida de un modo fatal por un dolor insuperable.
Ladis, propietario de un perdido restaurante con motel de la estepa burgalesa, se complica la vida por ser un dipsómano, atraer la mala suerte y tener un loro que ya no le habla.
Y otros personajes también al límite se complican la vida entre ellos de diversos y nefastos modos durante ese fin de semana del mes de agosto en que toda España sufre una tremenda ola de calor.


Pájaros quemados supone la portentosa demostración de Juan Bas como escritor de novela negra, y no solo en referencia al género (policiaco, de corte criminal, con una trama por resolver) sino en cuanto al humor (negro, negrísimo, más si cabe que lo negro del género de la novela), y también en cuanto al propio corte siniestro de la novela, que respira marginalidad, riesgo, muerte (porque todos los personajes, sin excepción, viven [algunos sin saberlo] pendiendo del fino hilo que separa la luz de la oscuridad.


En Pájaros Quemados hay mucha literatura de la ya leída (Cormac McCarthy, Azcona, Montero Glez, Hunter S. Thompson) y también mucho cine, del que muestra nuestras miserias de la forma más grotesca posible (Alex de la Iglesia, Hermanos Cohen). La narrativa es redonda, hábil y precisa. Las historias vienen y van, se entrecruzan, algunas de forma directa, otras casi de casualidad (como si de un cameo recíproco se tratara).


Lo de Alrevés empieza a ser redundante: cuando el nivel de acierto en lo que uno lee de una editorial es tan abrumadoramente alto, algo pasa. O la suerte del lector es digna de estudio (esto, como con la lotería, nunca pasa) o detrás del sello hay gente haciendo muy bien las cosas.

Durante estas semanas estoy dándole vueltas a una antología de libros para atraer lectores, elecciones que cautiven a un lector que dejó de serlo (son cientos las razones que llevan a ese desafortunado camino) o a uno que nunca lo fue (seguramente por nunca haberle puesto en las manos un gran libro). Tengo claro que estoy buscando libros como Pájaros quemados. Libros en los que quedarse, libros en los que disfrutar como un enano.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Bichopoemas y otras bestias, Leire Bilbao y Maite Mutuberría (Kalandraka)


De nuevo viene Kalandraka a alegrarnos la vida. No hay nada como la poesía compartida, especialmente si es con tus hijos. Nadie como ellos, almas todavía puras y sensibles no contaminadas por lo prosaico de la vida, para entender que la poesía está en todas las facetas de la vida. No hablo de forma metafórica, y este libro es una prueba de ello.


Cuarenta poemas donde los bichos son los protagonistas. Poemas sencillos – como la buena poesía – muy musicales y muy fáciles de entender y leer por niños. Lo cuenta un padre de un hijo de seis años que ya se ha acercado (¡Él solo!) a este libro y de una hija de cuatro que he dormido con estos poemas durante un mes. Mérito de ellos y del propio libro, que ha sabido encontrar el lenguaje y las ilustraciones precisas (muy buen trabajo, con una técnica, la del collage, muy apropiada para la temática del libro).


El libro, como si de un tratado de fauna se tratara, divide a los poemas por familias, de tal forma que los poemas sobre bichos voladores y rigudores tienen sus espacio propio. Las rimas además son tan aparentemente espontáneas que a veces uno parece estar leyendo un libro de hip hop para niños, tal es el gancho que su lectura produce.


Un acierto total que a buen seguro encandilará a los más pequeños  - y no tan pequeños - de vuestra casa.

lunes, 20 de mayo de 2019

La señora Caliban, Rachel Ingalls (Minúscula)


En forma de nouvellete  (apenas 120 páginas) se nos presenta La señora Kaliban, un clásico norteamericano rescatado felizmente por la editorial Minúscula, siempre atenta a autores que no han recibido el trato merecido en su momento en nuestro país y que viven una segunda etapa con este tipo de ediciones.


La historia es muy sencilla. Una mujer de clase media norteamericana conoce un día a Larry, un extraño monstruo verde con el que inicia una relación sentimental que la saca de su rutina y del tedio en el que está sumido su matrimonio. Detrás de este tedio hay una pérdida traumática – la de un hijo – que ha transformado un feliz matrimonio en un fracaso y en un proyecto fallido.

La señora Caliban, en su aparente sencillez y ligereza, encierra una radiografía contundente del modo de vida americano (y occidental en definitiva), de los parámetros de la felicidad y del éxito. También sobre el rechazo a lo diferente (el monstruo bien podría ser una metáfora del inmigrante, del no adaptado, del incomprendido). La novela parece transitar a través de un territorio de aparente poca profundidad donde en realidad nada es lo que parece y no hay tanta fantasía como la que pueda presumirse en primera instancia.


Es inevitable encontrar enormes, sorprendentes similitudes entre la novela y la celebrada película de Guillermo del Toro, La forma del agua. Aunque esta película ya tuvo su polémica por supuesto plagio con otra obra literaria (no con esta), las similitudes son sorprendentes aunque no literales.


En cualquier caso, se trata de una lectura curiosa y recomendable, de rápida y sencilla lectura y con un fondo reflexivo muy interesante, a la que recomiendo acercarse sin lugar a dudas.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Recordando al Sr. Maugham, Garson Kanin (Hatari Books)


Somerset Maugham es uno de mis escritores favoritos. Vaaale, que actualmente no lo conoce ni el gato. Pero desde que leí por primera vez sus relatos, he estado buscando todo lo publicado por él, lo he devorado y lo he disfrutado mucho más que la mayoría de libros que leo a lo largo del año tanto clásicos como contemporáneos. Y leo mucho. Ahora está olvidado pero hace no tantos años era uno de los escritores más famosos y admirados del mundo. Y este libro es la prueba de ello. No soy tan rara, sólo un poco trasnochada.
De entre todas las biografías de W. Somerset Maugham, la de Garson Kanin, por primera vez publicada en España, está reconocida como la más personal. El autor británico fue uno de los escritores más brillantes, prolíficos y reservados del siglo XX. El libro se trata de una serie de destellos sobre la vida de Maugham. Un tesoro de conversaciones privadas, divertidas anécdotas y recuerdos sinceros del querido amigo y confidente. Durante décadas de amistad, Kanin y Maugham disciernen de manera aguda sobre la vida, el arte y el invencible espíritu humano. Prólogo del dramaturgo Noël Coward. Ilustrado con fotografías de alta calidad procedentes del archivo de la mítica revista Life.


Si realmente queréis disfrutar de su obra os recomiendo “Lluvia y otros cuentos”. Sus relatos son obras maestras que muestran la personalidad humana en todo su esplendor, un autor capaz de estudiar a fondo a sus semejantes, contarlo bien e incluso ponerle alguna nota de humor. Eso sí, de su peculiar humor. Sus obras se convirtieron en numerosas películas a lo largo del siglo XX, ya que es cierto que son notablemente cinematográficas, al leer puedes imaginar perfectamente una escenografía. Para una amante del cine clásico como yo, el autor aúna lo que más me gusta de ambas disciplinas.
Pero no escribo esta reseña para hablar de su obra sino de esta biografía en particular, que me ha entusiasmado. En primer lugar por su autor. Garson Kanin fue uno de los directores y guionistas de Hollywood más aclamados de las décadas de los 40, 50 y 60. Sus amistades con las grandes estrellas le llevó a escribir varias biografías. Hace muchísimos años leí Tracy y Hepburn, de los cuáles era amigo íntimo. Igualmente era amigo de Somerset Maugham. El escritor más popular de esa generación. Un hombre peculiar, un caballero de los antes (con todo lo malo y lo bueno de esa acepción). Pero sin lugar a dudas uno de los artistas más concienzudos y prolíficos de la literatura.
A través de anécdotas a lo largo de varias décadas nos muestra la personalidad de este genio, su obra, su manías, sus relaciones personales…pero además nos muestra una época dorada ya pasada, una intelectualidad perdida, el lujo del glamour del antiguo Hollywood. Con él podemos viajar a través del tiempo y recordar los años de guerra, las penalidades, las fiestas y la parte más oscura de la vida de un autor aclamado pero siempre frustrado.
Es un libro maravilloso para los amantes de Maugham, con mucho humor, curiosidades, cultura y añoranza. También lo es para los amantes del cine de esas décadas. Un libro entretenidísimo escrito por un autor que en su momento dio lo mejor de sí mismo sobre otro autor que fue el número uno de su época. Estupenda biografía.

lunes, 13 de mayo de 2019

Corazón que ríe, corazón que llora, Maryse Condé (Impedimenta)


Ya tocaba conocer la obra de Maryse Condé, una de las voces literarias más notorias de los últimos años, reconocida con el Premio Nobel Alternativo de Literatura en 2018 (a falta del oficial, no nos importa quedarnos con este para siempre, mucho menos institucional y probablemente más libre). Inédita en España, el privilegiado olfato de la editorial Impedimenta nos ha traido Corazón que ríe, corazón que llora, obra con la que hemos podido conocer a la vez a la escritora y a su obra.


De un marcado carácter autobiográfico, la autora antillana nos descubre en forma de breves capítulos escenas relevantes de su infancia y juventud en la colonia francesa de Guadalupe, isla donde la autora nace y se desarrolla como persona. Su posición privilegiada en su país de origen (su familia pertenece a una clase acomodada) contrasta con sus primeros viajes a París, en los que siente de forma directa las consecuencias de una sociedad racista que niega su condición de ciuidadana francesa de pleno derecho.

Su testimonio en primera persona muestra algo que normalmente se invisibiliza cuando pretendemos simplificar los hechos de un país y de una comunidad. Se trata de las diferencias de clase dentro de una misma comunidad (que a su vez recibe la hostilidad de una comunidad externa). Maryse nos muestra cómo en su familia (acomodada) se delimita perfectamente la diferencia con los antillanos de clase baja, negando el uso de la lengua criolla e incluso refiriéndose a ellos por el color de su piel (como si ellos no fueran también negros). En este caso, las experiencias en París son especialmente traumáticas, al considerarles  ciudadanos de segunda, sin derecho a formar parte plena de su sociedad.


El racismo, la intolerancia, la crueldad a la infancia y a la mujer, son parte de las vivencias que Maryse Condé nos cuenta como si fueran cuentos, con una sencillez que nos desarma. Cuánta virtud hay en estos escritores que se despojan de ornamentos y nos descubren las cosas más complejas con las palabras más sencillas de entender. Cuánto me recuerdan estos autores a nuestro querido Gabriel García Márquez, maestro de lo más sencillo.


Novela de formación que nos abre los ojos a otras realidades y nos permite entender cuánto nos queda por aprender de sociedades complejas multiculturales en las que hay que combatir la intolerancia de raíz, entendiendo de dónde viene y haciendo pedagogía para no cometer los mismos errores. Francia, nuestro país vecino, tan cercano y tan diferente al nuestro, es el laboratorio perfecto para entender la compleja relación con sus colonias y los intentos fallidos de integración de comunidades enteras de ciudadanos a los que se les ha negado históricamente su condición de franceses de primera categoría. La raza, la religión, la costumbres propias, son sólo parte del aderezo que convulsiona la situación actual del país galo.


Libros como este, breves, narrados de forma impecable y atractivos como relato, son necesarios y nos hacen mejores lectores, y como no, mejores personas.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Kallocaína, Karin Boye (Gallo Nero)


Dentro de las múltiples muestras que la ciencia ficción nos ha dejado sobre futuros distópicos y realidades imaginadas hay un selecto grupo de novelas que todos hemos leído o al menos hemos oído hablar de ellas (o en su defecto, hemos visto sus respectivas versiones cinematográficas. Estoy hablando de 1984, Un mundo feliz,  Fahrenheit 451 o la redescubierta recientemente  El cuento de la criada. En todas ellas se exploraban mundos donde, de un modo u otro, para garantizar la seguridad el bienestar del ser humano (o utilizando estos argumentos como excusa) el estado había privado a sus individuos de alguna de las libertades fundamentales. Estas realidades nos sirven para reflexionar sobre asuntos reales (y actuales) que no difieren demasiado de lo planteado desde la ciencia ficción: el sacrificio del bien individual por el bien común, la limitación de la libertad como herramienta preventiva para actos contra la sociedad, el acceso total del estado a todo lo que hacemos y decimos. Son perversiones de la realidad pero que el tiempo ha acabado demostrando que los parecidos con dichas de realidad asustan y estremecen. No olvidemos que estos libros, escritos hace más de cincuenta años en el mejor de los casos, imaginaron futuros que nuestras sociedades han acabado reproduciendo con más parecidos que diferencias.


Hago esta introducción por la enorme sorpresa que me ha causado la lectura de Kallocaína, uno de los primeros títulos publicados en España por la editorial Gallo Nero allá por 2012. Me recomendaron su lectura porque se supone que es la gran tapada del grupo de novelas de la que os hablaba antes. Se trata de la historia de Leo Kall, un científico en un estado indefinido que, en primera persona y desde la cárcel, nos narra la historia que cambió su vida: el descubrimiento de una sustancia capaz de hacer confesar la verdad a cualquier ser humano. Bautizada como Kallocaína, el producto supone una revolución en cuanto a la investigación y juicio de hechos delictivos.

Con este punto de partida, y con la exposición de las potenciales ventajas de este descubrimiento, van apareciendo otros usos donde no están claros las bondades y los límites: si se puede averiguar si alguien ha cometido un crimen, también puede averiguarse si alguien tiene previsto cometerlo, o más aún, si alguien simplemente piensa en ello. Juzgar, por tanto, un delito de forma preventiva (solo habiéndolo pensado) hace que la Kallocaina se convierta en una herramienta de control de valor incalculable.

Junto con esta perversión, el protagonista también evoluciona, y su forma de ver al estado y a la relación del individuo con él cambia. Las bases hasta ese momento incuestionables para él (la separación de los hijos a los pocos años de nacer para ser educados de la misma forma y sin el apego sentimental de la familia, el control total del estado en cuanto a sentimientos y relaciones en una suerte de  Gran Hermano al estilo 1984) empiezan a generarle dudas a medida que va conociendo los efectos de la droga en las personas en las que va siendo testeada.


Kallocaina es un tesoro descubierto casi por casualidad y que incorporo a mis recomendaciones recurrentes para lectores que quieran algo diferente y original. La edición de Gallo Nero ayuda a encapricharse de esta maravilla. Sus libros, su formato, su papel, sus portadas, explican por qué seguimos pensando que no hay nada como leer en papel.

lunes, 6 de mayo de 2019

Yo tuve un sueño, Juan Pablo Villalobos (Anagrama)


Conocimos al mejicano Juan Pablo Villalobos con su anterior novela, No voy a pedirle a nadie que mecrea, flamante premio Herralde de Novela en 2016 y una excelente demostración de su talento literario. Por eso estábamos muy atentos a su nueva obra.  Yo tuve un sueño cambia de colección en Anagrama: de la ficción (Narrativas Hispánicas) a la no ficción (Crónicas), lo que ha despertado en nosotros doble curiosidad.




Yo tuve un sueño no es una crónica al uso. Villalobos convierte en relato la crónica y narra con sutileza solo vista en la mejor ficción las aventuras y desventuras de los niños que, procedentes de Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras..) hacen un recorrido imposible hacia el sueño americano. Aquí Méjico no es el destino, sino parte del camino, el puente hacia un supuesto futuro mejor, o lo que es lo mismo, el espejismo del oasis en el desierto.


De nuevo, Estados Unidos como sueño, el paraíso inexistente. Familiares que esperan al otro lado de la frontera, y una realidad mucho más dura de lo esperado, y lo más triste, a veces mucho peor que la que han dejado atrás.

Los niños de Villalobos tienen nombre. A través de los relatos, independientes a veces, interconectados otros, se nos muestran los rostros, las miradas, las ilusiones perdidas. La voz del autor al servicio de las historias narradas añade lirismo al relato pero eso no hace sino potenciar el desasosiego, la incomodidad del lector al leer una realidad tantas veces no conocida.


No debemos olvidar que hay realidades que no existen si no nos las cuentan, y conocerlas supone una obligación como ciudadanos del mundo. Es la única forma de darlas a conocer y al menos de que nos ayude a comprender algo menos torpemente cómo funciona el mundo.
Excelente lectura, ideal para tiempos convulsos. Un libro necesario que no os dejará indiferentes.


Mención especial al miniensayo final Miedo, huida, refugiados, de Alberto Arce, una excelente crónica, rigurosa y contundente, de este creciente problema migratorio, uno de los más dramáticos y cercanos a nuestro primer mundo.

jueves, 2 de mayo de 2019

Baluarte, Elvira Sastre (Valparaíso)


Aunque no me prodigo en poesía, he de reconocer que cuando lo hago – y elijo bien, o la entiendo bien, o le dedico el tiempo que el poema merece – sucumbo ante ella y de algún modo me transformo. Habitaciones separadas, de Luis García Montero y Palabra sobre palabra, de Ángel González, forman parte de mis libros de cabecera, de esos que uno sumaría con los dedos de una mano (o de dos, que son muchos libros en la mochila como para dejarse una mano) como libros de cabecera.

Ya era hora de adentrarse en la poesía que se hace ahora, con gente joven marcando tendencia y llegando a públicos a lo que antes la poesía no conseguía llegar. Es el caso de Elvira Sastre, uno de las grandes promesas de la poesía en España. Me he acercado a Baluarte, una de sus primeras obras, para evaluar el impacto de su obra y si esta consigue enriquecer mi espacio poético literario.


Quiero advertir desde el principio y ser sincero: si mi opinión en narrativa, aunque poco fiable (la poca fiabilidad que queráis darle vosotros, mis lectores) la puedo basar en la experiencia y en todo lo leído, en poesía esa fiabilidad la pierdo completamente. He leído poco y mi valoración es completamente impulsiva, y corro el riesgo de estar perdiéndome algo valioso sin saberlo o de asumir como bueno algo que puede no serlo. Por eso soy prudente, y solo transmito sensaciones, intentando trasladar todo lo que he aprendido de otras disciplinas literarias al terreno poético.

La poesía de Elvira Sastre es atractiva, en cierto modo provocadora y estéticamente muy potente. Puede lo explícito sobre lo subyacente y la empatía de un lector juvenil puede llegar de una manera sencilla: se habla de dolor por amor y desamor, con juegos de palabras que seducen y sorprenden por su aparente facilidad de construcción (donde supongo que hay horas de esperada inspiración ).




Y si me hubiera vendido como el amor de tu vida, 

si te hubiera comprado

como el amor de la mía.



¿Nos habríamos enamorado 

como quien se quiere a sí mismo

queriendo a quién ama? .




A veces, en su propuesta formal, me ha parecido ver la inspiración en los dos autores mencionados arriba, pero no sé si estoy equivocado. Igual que a veces veo reminiscencias de los trovadores de verso libre que se escapan de una canción de hip hop o de un concurso de improvisación literaria. Y no sé si esto me gusta.


Y creo que te quiero de verdad:

porque no te necesito

y aun así no quiero que te vayas.




Y no lo sé porque al principio me parece ocurrente aunque no me conmueve, ni me destroza, ni me emociona tal y como entiendo el término emoción. Y eso, sin incomodarme, no me perturba, y si no me perturba, creo que no consigue su objetivo (o quizás el mío).

Por eso, porque no lo tengo claro, suspendo mi acercamiento a la autora (suspenso no como interrupción sino como fracaso), con la esperanza de que soy yo (y no tú) el que ha fallado, y con el anhelo de volverte a encontrar con otro libro, otro poema en el que sienta que me has roto algo por dentro que no puede volver a arreglarse. Solo entonces entenderé que lo que acabo de leer es poesía.


Te deseo a alguien
que no te diga lo guapa que eres
sino que te lo enseñe,
para que te lo aprendas sin necesidad de repetírtelo.
Te deseo un poema sin adorno,
frases ridículas, palabras llanas y simples,
para que entiendas que en el amor poesía es lo que sale de su boca
y no lo que lees en los libros


Pues eso.