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Formas de estar lejos, Edurne Portela (Galaxia Gutenberg)


Llegó la esperada nueva novela de Edurne Portela, una de las voces narrativas más potentes de nuestro panorama literario. Tras las exitosas – y ya prestigiosas – El eco de los disparos y Mejor la ausencia, la autora estrena Formas de estar lejos, una novela de cuyo impacto aún no me he recuperado.
 

Si en sus dos anteriores novelas la escritora vasca profundizaba en torno a la violencia en Euskadi (en todas sus vertientes,  desde la ficción, desde el ensayo, desde la autoficción y desde la autoexperiencia), en Formas de estar lejos la protagonista es otro tipo de violencia, la violencia machista que se da en el seno de una pareja normal. Normal y feliz. Normal, feliz y modélica. Planteamiento sobrecogedor, sin duda.
Formas de estar lejos es la crónica de una relación desde el punto de vista de los dos miembros de la pareja: de ella (Alicia), profesora de universidad que comienza a labrarse una carrera de éxito en una universidad del sur Estados Unidos, dejando atrás su Euskadi natal; él (Matty), un norteamericano que cumpliría perfectamente el perfil de estadounidense tipo. Pronto unen sus vidas y establecen lo que comúnmente podríamos llamar un pacto de felicidad, en donde la rutina se impone en la relación y las alertas se obvian, se ignoran.
Son estas alertas las que desde el principio anticipan la tragedia: los reproches despectivos, la absoluta falta de empatía ante formas diferentes de pensar la vida, los comentarios que se hacen cuando se sabe que más duelen. Violencia sin violencia, soledad e incomprensión.

En Formas de estar lejos la violencia en el País Vasco también aparece, pero como un eco lejano. Alicia ha dejado su tierra natal y la violencia se ha quedado atrás. Por eso de ella solo nos llega un murmullo, el que aparece cuando ella vuelve a casa un par de veces al año, y aparece su cuadrilla, su familia, sus amores de juventud. Los encuentros que rememoran la violencia se presentan a Alicia lejanos e impropios. Su visión desde el “exilio” sigue permitiendo ver la realidad vivida, pero desde una óptica muy lejana.


Y en el que ahora es su casa, el monstruo crece. Y con él el miedo. Porque el miedo llega antes, mucho antes del primer golpe. Y por eso el primer golpe no es importante, porque puede que no llegue nunca,  y no por eso el miedo desaparece y el monstruo deja de ser un monstruo.

Decía Aixa de la Cruz hace unas semanas sobre la novela, que se lee como una novela de terror, y no puedo estar más de acuerdo. El terror de lo leído duele y se siente como propio. Hay una sensación general en el libro que engrandece a la narradora: se trata de hacer tan propio el relato (ficción) que es fácil olvidar que no se trata del testimonio de la propia autora. Conseguir transmitir de forma tan demoledora esta historia como si fuera real es algo que no he visto demasiadas veces en literatura. Y Edurne Portela tiene ese talento. Ese atributo eleva la ficción hacia terrenos trascendentales que la hacen imprescindible al lector que busca entender mejor la realidad a través de historias no necesariamente reales.





Portela ha escrito una novela portentosa que va a marcar a una trayectoria ya de por sí merecedora de seguir muy de cerca. Es difícil permanecer impasible ante una demostración de pulso narrativo tan sólido, tan contundente, que despierta cada uno de nuestro sentidos.
Edurne Portela ha escrito sin darse cuenta, una novela que bien podría pertenecer a ese grupo de (grandes) historias que forman parte del manido concepto "gran novela americana". Aquellas que desmenuzan el gran sueño de un país frustrado en su intento de encapsular la felicidad con una fórmula matemática. Esta historia de una vasca en el corazón de Estados Unidos intentando vivir y sentirse viva me ha recordado a la literatura de De Lillo y de Roth, y especialmente a la enorme, maravillosa Stoner, de John Williams.

Sí, ya sé que se nota, somos admiradores devotos de la literatura de Edurne Portela. Porque nos gusta la honestidad creativa, la capacidad para contar algo propio, el talento que se demuestra desde abajo, que se construye piedra a piedra. Y porque, por encima de todo, nos gustan las buenas novelas. Y esta lo es.


Comentarios

  1. Cómo he disfrutado este libro, además del enfoque del tema, me maravilla la forma de escribir, la maestría utilizando las palabras. Me pasó con Chirbes, con Sara Mesa y me pasa con Edurne Portela. Magnífica reseña.

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