domingo, 31 de marzo de 2019

Sigo Aquí, Maggie O´Farrell. Libros del Asteroide

No es el primer libro que leo de Maggie O´Farrell. Me cautivó con "Tiene que ser aquí". Y aunque luego he leído varios más, el primero seguía siendo mi favorito, con personajes entrañables e interesantes y con una historia preciosa, cautivadora. Pero ahora vuelve con este libro autobiográfico que ha roto todos mis esquemas sobre ella. Un libro que nos muestras las diecisiete veces que la muerte ha llamado a su puerta.
Un parto se complica más allá de lo razonable; a una niña le diagnostican una enfermedad incurable que la tienen encamada durante más de un año; una adolescente es agredida por un extraño mientras pasea por el campo; el avión en el que una joven viaja a Asia se precipita al vacío; una mujer se salva por los pelos de ser atropellada.
Estos son algunos de los episodios – sucedidos en distintos momentos de su vida y en diversos países- que Maggie O´Farrell recoge en este particularísimo libro autobiográfico. Diecisiete roces con la muerte, como los llama su autora, que pudieron terminar en desastre, diecisiete momentos clave de su vida que revelan una manera de ser y estar en el mundo.



En mi caso nunca me he sentido cercana a la muerte. Bueno, si me estrujo un poco los sesos quizá pueda pensar en riesgos asumidos, grandes ingestas de alcohol para mi pequeño tamaño y cosas así, pero nunca un real caso de luz al final del túnel ni enfermedades importantes, ni violencia, robo…una vida tranquila y apacible. Y sin embargo a Maggie O´Farrell esto le ha sucedido diecisiete veces, madre mía.
Quizá esto os parezca que puede llevarle al tremendismo, o al sentimentalismo barato. Nada más lejos de la realidad. Ella utiliza su inconfundible talento para el storytelling o para contar cuentos de toda la vida para construir el relato de su vida en torno a esta peculiaridad. Todas las veces que podía haber muerto y no sucedió. Escapó, curó, torció por otro camino… sea su mérito o no, te transfiere ese momento y lo convierte en único e incluso en maravilloso, en un canto a la vida.
Sin los personajes tan peculiares que ella suele inventar para sus novelas, consigue de todos modos que nos interesemos por su vida, su familia, su historia. Desde su niñez, que ya comienza con varios episodios difíciles hasta su vida adulta, donde transfiere su “mala suerte” o su don para encontrarse con la muerte a su hija pequeña. Esta parte es la más dura para el lector y el dolor de la autora logra traspasar el libro e instalarse en nosotros.

Solo os pido que abráis este libro y completéis el primer capítulo. Con sabor a thriller, suspense pero también belleza y naturalidad. Si no os engancha, no continuéis porque quizá es el mejor o quizá el más impactante pero es el que nos atrapa en su relato y por lo menos en mi caso, ya no lo pude soltar. El mejor libro de Maggie O´Farrell hasta la fecha. Un libro para mirar a la muerte a la cara y celebrar la vida.

jueves, 28 de marzo de 2019

Otras maneras de usar la boca, Rupi Kaur (Espasa)


Aquí en el blog no solemos dedicarle mucho espacio a la poesía. En particular yo hace años que no leo nada que no sea prosa o de manera muy puntual teatro. Pero hace poco oí hablar de Rupi Kaur ya que ha sido el libro elegido para el verano en el club de lectura feminista “Our shared self” que ha creado la actriz Enma Watson en Goodreads. Empecé a leer algo y me resultó una poesía muy bella, muy cercana y atractiva.

Otras maneras de usar la boca  habla, de una forma contundente y poderosa, de cómo superar los golpes de la vida: el abuso, el desamor, la pérdida y las ideas preconcebidas sobre la feminidad. Un libro escrito por una mujer muy joven que sabe cómo impactar con sus palabras.


La autora se ha convertido con este recopilatorio de poemas en número uno en ventas durante varias semanas en Estados Unidos y Canadá y en buena parte del mundo. Lo cual es muy meritorio teniendo en cuenta la competencia con la novela y el ensayo. Además, desde la publicación de Milk and Honey (el título original de “Otras maneras de usar la boca”) Rupi Kaur ha estado recorriendo el mundo realizando lecturas de sus poemas teniendo un gran éxito de público.

 Toda su obra está escrita en minúsculas y el único signo de puntuación empleado es el punto en honor a la escritura Gurmukhi, de su lugar de origen, Panyab. Sus libros están pensados para ser una experiencia fácil de leer para el público, con dibujos simples y atractivos.



Milk and Honey habla de dos alimentos sanadores, reparadores y dulces. Así es su poesía, partiendo de una niñez y juventud abusiva, conociendo la bondad del amor y posteriormente la crudeza del desamor, por fin llegamos a la cura. La autora nos lanza un mensaje de amor a la mujer, a la aceptación, a la liberación. ¿Es más de los mismo que leemos por todas partes? Sí, pero escrito de manera muy hermosa. Poemas que llegan a los más jóvenes y eso ya es meritorio por sí mismo.

Se ha editado el segundo libro de la autora en español “El sol y sus flores” en Seix Barral. Estoy deseando volver a leer a Rupi y que me cuente más de su historia.

martes, 26 de marzo de 2019

Formas de estar lejos, Edurne Portela (Galaxia Gutenberg)


Llegó la esperada nueva novela de Edurne Portela, una de las voces narrativas más potentes de nuestro panorama literario. Tras las exitosas – y ya prestigiosas – El eco de los disparos y Mejor la ausencia, la autora estrena Formas de estar lejos, una novela de cuyo impacto aún no me he recuperado.
 

Si en sus dos anteriores novelas la escritora vasca profundizaba en torno a la violencia en Euskadi (en todas sus vertientes,  desde la ficción, desde el ensayo, desde la autoficción y desde la autoexperiencia), en Formas de estar lejos la protagonista es otro tipo de violencia, la violencia machista que se da en el seno de una pareja normal. Normal y feliz. Normal, feliz y modélica. Planteamiento sobrecogedor, sin duda.
Formas de estar lejos es la crónica de una relación desde el punto de vista de los dos miembros de la pareja: de ella (Alicia), profesora de universidad que comienza a labrarse una carrera de éxito en una universidad del sur Estados Unidos, dejando atrás su Euskadi natal; él (Matty), un norteamericano que cumpliría perfectamente el perfil de estadounidense tipo. Pronto unen sus vidas y establecen lo que comúnmente podríamos llamar un pacto de felicidad, en donde la rutina se impone en la relación y las alertas se obvian, se ignoran.
Son estas alertas las que desde el principio anticipan la tragedia: los reproches despectivos, la absoluta falta de empatía ante formas diferentes de pensar la vida, los comentarios que se hacen cuando se sabe que más duelen. Violencia sin violencia, soledad e incomprensión.

En Formas de estar lejos la violencia en el País Vasco también aparece, pero como un eco lejano. Alicia ha dejado su tierra natal y la violencia se ha quedado atrás. Por eso de ella solo nos llega un murmullo, el que aparece cuando ella vuelve a casa un par de veces al año, y aparece su cuadrilla, su familia, sus amores de juventud. Los encuentros que rememoran la violencia se presentan a Alicia lejanos e impropios. Su visión desde el “exilio” sigue permitiendo ver la realidad vivida, pero desde una óptica muy lejana.


Y en el que ahora es su casa, el monstruo crece. Y con él el miedo. Porque el miedo llega antes, mucho antes del primer golpe. Y por eso el primer golpe no es importante, porque puede que no llegue nunca,  y no por eso el miedo desaparece y el monstruo deja de ser un monstruo.

Decía Aixa de la Cruz hace unas semanas sobre la novela, que se lee como una novela de terror, y no puedo estar más de acuerdo. El terror de lo leído duele y se siente como propio. Hay una sensación general en el libro que engrandece a la narradora: se trata de hacer tan propio el relato (ficción) que es fácil olvidar que no se trata del testimonio de la propia autora. Conseguir transmitir de forma tan demoledora esta historia como si fuera real es algo que no he visto demasiadas veces en literatura. Y Edurne Portela tiene ese talento. Ese atributo eleva la ficción hacia terrenos trascendentales que la hacen imprescindible al lector que busca entender mejor la realidad a través de historias no necesariamente reales.





Portela ha escrito una novela portentosa que va a marcar a una trayectoria ya de por sí merecedora de seguir muy de cerca. Es difícil permanecer impasible ante una demostración de pulso narrativo tan sólido, tan contundente, que despierta cada uno de nuestro sentidos.
Edurne Portela ha escrito sin darse cuenta, una novela que bien podría pertenecer a ese grupo de (grandes) historias que forman parte del manido concepto "gran novela americana". Aquellas que desmenuzan el gran sueño de un país frustrado en su intento de encapsular la felicidad con una fórmula matemática. Esta historia de una vasca en el corazón de Estados Unidos intentando vivir y sentirse viva me ha recordado a la literatura de De Lillo y de Roth, y especialmente a la enorme, maravillosa Stoner, de John Williams.

Sí, ya sé que se nota, somos admiradores devotos de la literatura de Edurne Portela. Porque nos gusta la honestidad creativa, la capacidad para contar algo propio, el talento que se demuestra desde abajo, que se construye piedra a piedra. Y porque, por encima de todo, nos gustan las buenas novelas. Y esta lo es.


domingo, 24 de marzo de 2019

La catedral, Vicente Blasco Ibáñez (Antonio Pareja Editor)

He de dar fe de una injusticia prolongada en el tiempo que he perpretado en los últimos meses y que ahora he de confesar. Se trata del retraso inexcusable de la lectura de La Catedral, uno de los libros mal llamados menores en la obra de un gran autor, de esos que, eclipsados por los éxitos más mediáticos, acaban ocultos tras otras obras ocupando lugares de menor relevancia literaria a la merecida. La obra es de Vicente Blasco Ibáñez, del que todos recordaréis sus libros más reconocidos: La barraca o Cañas y Barro.


También he de dar fe (doble fe, por tanto) de la doble injusticia al tratarse del préstamo de un buen amigo, fuente de plena garantía al tratarse de un buen lector, de paladar exquisito y ajeno a modas pasajeras. Su recomendación nunca fue olvidada aunque sí relegada por novedades dictadas por el panorama editorial, que nos sedujeron - a menudo con malas artes - hasta hacer de La catedral una empresa de lectura imposible. Por fin fue leído, disfrutado y reconocido como una obra de notable interés, con múltiples lecturas y de un importante trasfondo no solo literario, sino también social y político, denominadores comunes en la obra del escritor valenciano. Gracias, aunque muy tarde, Jose, esta reseña es también un poco tuya.

La catedral cuenta la historia de Gabriel Luna, antiguo habitante de la Catedral de Toledo. Sus ancestros, jardineros en la catedral y su infancia vivida en ella son relatados por Gabriel de forma retrospectiva a través de los recuerdos que conserva de aquellos años. Su carrera religiosa en el seminario se ve interrumpida al estallar la guerra carlista, en la que participa en las filas del pretendiente Carlos de Borbón.



La guerra, su exilio autoimpuesto en Francia (su contacto con la cultura y la intelectualidad) y su transformación política y personal al acercarse al movimiento anarquista condicionan su periplo por la vida y sus múltiples destinos a lo largo y ancho de media Europa.

De nuevo, el relato vuelve a España en una metáfora sobre el eterno retorno que la vida a veces nos depara, donde todo acaba donde una vez comenzó. La familia y el primer hogar como último refugio.





Y de nuevo, el espíritu rebelde, el inconformismo y el espíritu de cambio que se vuelve a apoderar de Gabriel y de la comunidad que le rodea.

Ha sido fácil para mí reconocer en La catedral el costumbrismo de las obras que ya conocía del autor. Blasco Ibáñez es un preciso paisajista, entendiendo con este calificativo al que con su narración describe con detalle y de forma impecable lugares, personas y escenarios. La propia catedral es un perfecto ejemplo de ello, en una auténtica lección literario de la que bien podrían aprender otros que han seguido caminos en apariencia parecidos (pero en realidad bien distintos y menos ricos literariamente, no vayan a confundir a Blasco Ibáñez con Ken Follet).

La prosa del autor valenciano es esencialmente teatral, con personajes perfectamente construidos y en ocasiones estereotipados, siempre al servicio de la historia que subyace de la trama aparentemente principal: el despertar político que se vivió en el país a partir de esos años convulsos (finales del siglo diecinueve) y que plantó cara a la monarquía, al clero y a las clases sociales dominantes). El libro supone una buena forma de entender parte del caldo de cultivo de la historia de nuestro país del siglo veinte.



La Catedral es un libro interesantísimo de un autor aún por descubrir por gran parte de la población lectora de este país, lo que lamentablemente no es una excepción entre los clásicos de nuestras letras. Más allá de los titulares y de la fugaz memoria de nuestra vida académica infantil, nos deberíamos plantear de forma urgente (al menos los que nos consideramos lectores) una revisión seria y profunda de nuestro bagaje lector en cuanto a clásicos imprescindibles, y podríamos empezar por nuestro país. Y hacer con ello más caso, a esos amigos, como el mío, que nunca los han abandonado.

jueves, 21 de marzo de 2019

Mayor, Moebius (Norma)


De nuevo otra asignatura pendiente en mis lecturas gráficas. El gran Moebius, el alter ego del francés Jean Giraud, uno de los creadores existencialistas más importantes de Europa, que decidió que su propuesta creativa fuesa a través de la novela gráfica, por fin llega a niundiasinlibro a través de Mayor, una de sus últimas obras publicadas a título póstumo.



Ya habíamos leído al autor francés en El Incal, la maravillosa y difícilmente comprensible en su totalidad que escribió y dibujó junto al mítico Alejandro Jodorowsky. Toda una experiencia lectora que no me canso de recomendar.


Mayor recoge cientos de microhistorias, ideas y minirelatos que giran en torno a los que son los grandes temas de Moebius a lo largo de su obra: el proceso creativo,  lo metafísico de la existencia, el sentido de la vida, el de la muerte, los laberintos del conocimiento. Se trata, de nuevo como en El Incal, de una experiencia de difícil de descripción, por lo que recomiendo vivirla (leerla). En seguida uno se da cuenta de que se encuentra ante la obra de un genio y que es necesario algo más que una simple lectura para asimilarla en su totalidad.


Si tuviera que explicar lo que ya he anticipado como inexplicable, me remitiría a la película 2001, una odisea del espacio, donde se plantean los grandes temas que trata Moebius en forma de imágenes, de silencios, de gran epopeya. Un autor imprescindible para tiempos en los que no hay tiempo para pensar.

martes, 19 de marzo de 2019

Historias reales, Helen Garner (Libros del asteroide)


Las pasadas navidades leí este libro genial. Me encanta cuando comienzas un libro sin saber mucho de él, ni de la autora y de repente te encuentras con alguien que encaja tanto con tu forma de disfrutar la lectura que no puedes parar de leer su libro. La culpa de no conocerla es totalmente mía. Garner es una escritora y periodista muy reconocida en Australia, ganadora de premios como el National Book Council, el Ned Kelly Award o el Queensland Premier. Así que no soy la única que valora como se merece su trabajo.
Helen Garner visita un depósito de cadáveres y se va de crucero en un barco ruso; la despiden de un colegio por hablar de sexo con sus alumnos; asiste a un parto y a una boda; escribe sobre cumplir los cincuenta, sobre su familia y sobre el revuelo causado por uno de sus libros. Garner vive y observa, y luego lo cuenta con inteligencia y compasión. Sus piezas de no ficción, escritas originalmente para prensa, abarcan los más diversos temas: «siempre vendrá una idea a salvarme justo cuando esté a punto de sentarme ante el abismo de comenzar una novela». En todas ellas encontramos aquello que solo la auténtica literatura es capaz de darnos: trozos de vida.

En este libro Helen Garner nos va contando fragmentos de su vida a través de historias, anécdotas, retazos de recuerdos. Todo con impecable narración y sentido del humor. Una de esas autoras a las que te gustaría conocer, de las que congenias nada más empezar la narración. Con un par de frases consigue que te enganches a cada una de sus historias aunque sean totalmente diferentes unas de otras.
Porque Helen nos habla de su juventud, de sus años de profesora, de las críticas hacia sus libros, de la relación con sus hermanas, de sus viajes, de sus artículos periodísticos…todo con una claridad, sinceridad e inteligencia que asombra. Sin juzgar, sin mostrar sus opiniones claramente, sólo le hace falta un suceso, un acontecimiento para dejar ahí su rastro vital, su pensamiento y el que te hace a ti darle vueltas a todo.
¿Mis historias favoritas? Sin duda en la que entrevista a sus hermanas, tan sincera y bonita, llena de humor, de risas compartidas y de familiaridad. Preciosa también la de sus clases de sexología, clases no previstas, improvisadas, que nos hace ver la adolescencia como algo maravilloso y no lo que muchas veces nos quieren mostrar. Tengo favoritas pero todas y cada una de ellas me han encantado.
Últimamente me atraen mucho las autoras que hablan de lo cotidiano, de su oficio, de su vida, de las pequeñas cosas que les pasan. Creo que logran llegarme de una manera más íntima alejadas de la grandilocuencia y de las grandes cuestiones filosóficas y trascendentales de otros autores. Lucía Berlín, Margaret Drabble y Helen Garner son algunas de ellas. Creo que 2019 será un año de grandes pequeños momentos.

domingo, 17 de marzo de 2019

La prodigiosa fuga de Cesia, P.L. Salvador (Última línea)


Hace algo más de dos años, la lectura de Nueve Semanas nos abría las puertas de la obra de P.L. Salvador. Esos primeros destellos, los que uno descubre con una primera obra (no necesariamente ópera prima, sino entendiéndola como primera experiencia lector-escritor), no tienen precio. Después llegó 2222, libro que marcó nuestro año (2017) y que nos confirmó que la propuesta del autor alicantino se abría camino de manera contundente con la fuerza imparable que proporciona el talento. La noticia de la publicación de su nueva novela, La prodigiosa fuga de Cesia, volvía a encender las alarmas de nuestro blog. Las lecturas en curso se interrumpieron e iniciamos un nuevo viaje – el tercero – con P.L. Salvador.


Como en la ocasión anterior, el cuerpo me pide contaros mi experiencia en siete  actos:

Uno. La literatura como salvación. Nos encontramos en la España actual. La psicóloga Cesia Fornes está sufriendo los terribles efectos de la crisis. Ya no tiene apenas pacientes y su vida en general se desmorona. La salvación la encuentra escribiendo. Así, comienza a escribir una novela que le cambiará la vida, que se convertirá en su vida.

Dos. El protagonista. El protagonista de su novela es Jairo. Somos testigos de su vida desde su nacimiento, año a año. Desde 1960 hasta la actualidad (2010). Cada capítulo es un año donde vemos la evolución de su vida de cómo las mujeres que le rodean le modelan y configuran como ser humano: Eva, Carla, Lula, Wanda, Nina… Todas son parte de su vida, aparecen y desaparecen cuando la novela lo exige. Porque, amigos, esto es una novela. Ficción dentro de la novela real.

Tres. La protagonista. ¿Qué pasaría si fuera posible abrir una puerta que nos permitiera entrar en las historias que leemos? La propuesta ya es por sí misma maravillosa, como Bastian en la historia interminable. Convertirte en el héroe de la novela que lees. Pero, ¿Y si eres tú el que está escribiendo la novela? ¿Y si son los personajes de la novela los que, una vez fuera de la historia que tú escribes, vienen a verte? Eso es justo lo que le ocurre a Cesia.


Cuatro. Una historia a dos velocidades. La prodigiosa fuga de Cesia tiene dos partes que se mueven a velocidades muy diferentes:

En la primera parte, el desarrollo de la historia – un capítulo por año, breve, más las historias “reales” de Cesia, nos ofrecen una panorámica general de la narración. No hay detalles, prima el frenetismo y la riqueza de la trama, compleja y multifacética. Los personajes entran y salen. Son el reflejo fiel de la situación vital de Cesia. Todos los personajes son Cesia. En contraste, la segunda parte detiene el ritmo frenético para vivir día a día el final del relato del libro escrito por Cesia. Con Cesia como protagonista. No solo estamos hablando de ritmo literario (que también) sino de estilo y de exploración en el perfil de personajes. La velocidad afecta al contenido, más reposado, más psicológico, más intimista. Si te gusta la fotografía, la analogía inmediata es la del objetivo que utiliza Salvador en cada una de las partes: en la primera escribe con un gran angular, mientras que en la segunda ha decidido empuñar un objetivo con un potente zoom.

Cinco. ¿Somos lo que creamos? ¿O creamos lo que somos? La novela nos lleva a plantearnos estas cuestiones.  Nuestra capacidad de decidir nos configura como seres vivos y nos construye día a día como seres humanos. En nuestros actos y en nuestras creaciones.  Somos lo que hacemos. El cineasta, el escritor, el pintor, el músico. Todos dejan trozos de su alma en sus creaciones. Como Cesia en sus personajes. Como Salvador en Cesia (y en los personajes de Cesia).


Seis. La obra más personal de P.L. Salvador. Aunque no lo parezca, al tratarse de lo más parecido a una novela de género. El gran mérito del autor es que en un formato más o menos convencional (a priori menos original que sus dos obras precedentes) logra una de las novelas más personales que he leído en los últimos tiempos. Es difícil pensar que el largo periplo vital de Jairo, con sus ascensos y caídas, con su capacidad para levantarse, no son en realidad un trozo del escritor, que utiliza a Cesia como mecanismo de distancia que le he permitido escribir sobre sí mismo. Quién sabe si esta simpe conjetura es también pura ficción.


Siete:  Nueva editorial. De Pez de Plata a Última línea. P.L. Salvador evoluciona  y parece sentirse más libre (si cabe) en esta nueva aventura editorial. Creo sinceramente que al autor alicantino le esperan retos mayores. Estos pasos editoriales parecen, desde la distancia, pasos firmes – y seguros – que van irremediablemente encaminados hacia algo grande. Esperamos ser (seguir siendo) testigos de ello y de seguir disfrutando de autores que como Salvador, hacen del talento y esfuerzo su principal (y único) motor creativo.  Estaremos muy atentos, porque si llegar es un privilegio, ser testigo de ello no lo es menos.

jueves, 14 de marzo de 2019

Yo, asesino, Antonio Altarriba / Keko (Norma Editorial)


Acabo de terminar una de esas obras que uno sabe importantes desde las primeras páginas. Otro proyecto monumental de otro gran creador español (digo otro porque hace poco leímos La balada del Norte, de Alfonso Zapico, y aún estamos conmocionados). En el caso de Antonio Altarriba, ya conocíamos El arte de volar, una de las obras gráficas cumbre escritas (y dibujadas) en este país.


Coincidiendo con la publicación de Yo, loco (segundo en una serie temática aún no finalizada), nos hemos hecho con Yo, asesino, el primer título de la serie.  Aquí os dejamos nuestras impresiones.

Yo, asesino nos cuenta con el tono inconfundible de Altarriba la historia de un asesino en serie. Nos enfrentamos a un tipo absolutamente integrado en la sociedad, que goza de un prestigio reconocido y amante del arte (es además su profesión). De hecho, la conexión que establece entre el asesinato y la belleza intrínseca a este se convierte en objeto de reflexión por parte del lector.



¿Es posible coquetear con sentimientos como la empatía cuando es de un asesinato de lo que hablamos? ¿Matar puede ser bello? ¿Explica eso lo que mueve a algunos asesinos en serie a matar siguiendo una metodología y disciplina concreta? Son preguntas incómodas que solo con obras como esta nos podemos plantear. Afortunadamente la vida real no da lugar a ello (al menos para los comunes mortales).

La narración es fría y psicológicamente perturbadora. Viene además con un estilo gráfico (formidable el trabajo de Keko) que la acompaña a la perfección. El blanco y negro solo da paso al rojo de la sangre cuando esta hace acto de presencia, y eso engrandece y enfatiza los aspectos sórdidos de la narración.

Muy recomendable, en definitiva, este Yo, asesino, aunque reservamos la recomendación a un público adulto y sin prejuicios, dispuesto a disfrutar con obras que plantean más preguntas que respuestas. Si consideras que te ajustas a este perfil de lector, adelante sin complejos. 




martes, 12 de marzo de 2019

Desterro, Manuel Barea (Alrevés)


Los que sois asiduos lectores de niundiasinlibro ya sabéis de la incorporación de la editorial Alrevés a nuestras felices lecturas. Sus publicaciones se ha convertido en un referente de la novela negra en español, solo hay que ver algunos de los reconocimientos que han recibido desde la Semana Negra de Gijón en los últimos años. Nos hemos querido asomar a su fondo de catálogo para descubrir alguna sorpresa más, y en ese camino nos hemos encontrado con Desterro, del sevillano Manuel Barea.



Desterro es el lugar donde acaban los que ya no tienen sitio en la sociedad, aquellos para los que ya no queda esperanza y solo necesitan un lugar donde esperar el final. Aquí vamos a conocer a personajes del destierro, aquellos que hace mucho abandonaron la moral más ortodoxa y acabaron aquí, a veces sin que sus respectivos pasados sean capaces de explicar qué son ahora. Os dejo la sinopsis de su contraportada que explica muy bien qué es Desterro:
                                                                                                                     
¿Qué es Desterro? Tal vez un lugar. Y al mismo tiempo una condición. Aquella a la que se abandonan sus habitantes, asesinos y criminales proscritos que ahora se aíslan del pasado entre polvo, sudor y alcohol y bajo la sombra del cruel sheriff LaBlum. A salvo de más desgracias. Sin embargo, eso está a punto de cambiar: en este momento, un hombre llamado Martín Bierzo se dirige hacia allí, atraviesa la enorme nada que separa ese pueblo del resto del mundo, con simples aunque espantosas intenciones. Porque solo los auténticos espíritus despiadados encuentran el camino que acaba en Desterro. De lo contrario, ¿quién querría ir a un sitio así?




Desterro es una magnífica muestra de la buena literatura de género que se hace en España hoy día, y de los autores jóvenes que están conformando una de las generaciones más interesantes de los últimos tiempos en un tiempo en el que escribir se ha convertido en una actividad de riesgo.


Barea recuerda al Cormac McCarthy de La Carretera (nadie como él ha sabido transmitir la desesperanza de los lugares sin retorno), al mejor John Ford crepuscular, al Peckinpah de Grupo Salvaje, a los Cohen más oscuros. Os animo a que descubráis Desterro, y con ello a Manuel Barea, y por consiguiente a Alrevés, una de esas editoriales que se merece todos los éxitos posibles.


domingo, 10 de marzo de 2019

El asesino tímido, Clara Usón (Seix Barral)


He de reconocer mi debilidad por los libros que abordan de forma diferente el periodo histórico correspondiente a la transición española. Acontecimiento sin un claro inicio y fin, idealizado durante décadas y que con el paso del tiempo nos ha permitido ver las grietas y las fugas que siempre estuvieron tapadas. Mal tapadas.

Nos hemos acercado de formas muy diferentes a la Transición: de forma novelada y rigurosa (Anatomía de un instante), de forma descaradamente insolente (Atado y bien atado) o de forma descaradamente desinhibida y personal (Daniela Astor y la caja negra).

En una mezcla de las tres, aunque con más cercanía a la novela de Marta Sanz, aparece de repente (no pensábamos que la lectura nos llevaría por esos derroteros) este novelón de Clara Usón, El asesino tímido, una (otra) crónica más de lo que siempre se nos ha contado con la boca pequeña, en el terreno de lo no confirmado.


Con mayor o menor descaro, y como hilo conductor de todo lo narrado, la autora utiliza la figura de Sandra Mozarovsky, actriz icónica de la transición y una de las musas del destape. Creo que ya no es un secreto que Sandra fue una de las amantes de nuestro rey emérito y que su suicidio siempre ha sido cuestionado como versión real de su prematura muerte, con solo dieciocho años). Los rumores acerca de las causas reales de su muerte (se habla de los servicios secretos, de un supuesto embarazo y de una manera de “proteger” a nuestro país..) siempre sobrevolarán las crónicas no oficiales de la época, fáciles de encontrar a poco que se indague.


Pero no olvidemos, estamos hablando de ficción. Así lo deja claro la edición del libro al inicio. No vayamos a meternos en un lío.

Utilizar un vehículo narrativo tan potente como este puede confundir y hacernos pensar que estamos ante un libro sobre una vida y un hecho muy concreto. Nada más lejos de la realidad. La historia de Sandra es una excusa (bendita excusa de la autora) para contarnos sobre su vida, porque Sandra y Clara Usón son coetáneas, y eso ayuda a establecer similitudes, paralelismos, aunque también diferencias.


El asesino tímido es la autoconfesión que la autora se (nos) hace sobre su relación con su madre. Cuántos ríos de tinta se han vertido sobre esta grandiosa (vital y literariamente hablando) relación. La rivalidad, el odio, el rencor, las ocasiones perdidas, la construcción del mito, la reconstrucción que la memoria (o la pérdida progresiva de esta) llegamos a hacer de nuestras propias vidas.

Y en medio de todo –también relacionado, aunque de forma más tangencial – la vida y reflexiones del filósofo Ludwig Wittgenstein (sobre todo), y de Marcel Camus y Cesare Pavese (estos últimos en menor medida). En torno al planteamiento multinarrativo emerge la citada autoconfesión. Clara Usón necesita contarse su propia historia, para purificarse y para (probablemente) pedirse perdón. Porque a veces es demasiado tarde y los interlocutores que necesitamos ya nos han abandonado.


Qué gran libro, que pedazo de autora. Qué ganas de mirar hacia atrás y descubrir su obra para confirmar (o no) que estamos ante uno de esos faros a los que seguir y en los que fijarse.

jueves, 7 de marzo de 2019

El tesoro del cisne negro, Paco Roca, Guillermo Corral (Astiberri)


Hay novelas que te alegran el día, una semana, un mes entero, toda tu vida… y otras que se convierten en aquello por lo que recordarás unas vacaciones, un hecho significativo. El tesoro del cisne negro será la novela gráfica de una magníficas vacaciones navideñas en Zamora, Gijón y Urueña. Fue en este lugar donde adquirí lo último de Paco Roca, autor que es casi de la familia, porque sin él nuestro niundiasinlibro.com probablemente no existiría. El dibujante valenciano ha parido dos de las obras por las que nos consideramos amantes de la literatura y del cómic, Arrugas y La casa. Otras creaciones suyas (Los surcos del azar, El invierno del dibujante) nos han encantado, pero es su obra más personal la que tiene un lugar privilegiado en nuestra obra leída y en nuestras recurrentes recomendaciones.


El tesoro del cisne negro era una incursión diferente a cualquiera de las anteriores publicaciones del autor (las leídas por nosotros), ya que no se trata ni de una obra con toques autobiográficos o al menos autorreferenciales (La casa y Arrugas lo son en mayor o menor medida) ni proyectos que narran un acontecimiento histórico (Los surcos del azar cuenta la historia de La Nueve, los españoles que lideraron la liberación de París en la Segunda Guerra Mundial, y El invierno del dibujante, historia del cómic español en torno a la editorial Bruguera). En El tesoro del cisne negro Paco Roca deja el guión a un segundo autor (el diplomático Guillermo Corral) para contarnos una historia de piratas, tesoros y barcos hundidos.


Mayo de 2007. La principal empresa cazatesoros del mundo capta la atención de la opinión pública al anunciar que ha descubierto en aguas del Atlántico el mayor tesoro submarino encontrado jamás. Según la limitada información difundida por la empresa el hallazgo corresponde a un buque misterioso, el Cisne Negro. Sin embargo, hay indicios que apuntan a que se trata en realidad de un pecio español. Comienza así una fascinante trama jurídica y política, cuyas raíces se remontan a hechos acaecidos dos siglos atrás, y en la que un pequeño grupo de funcionarios va a enfrentarse en defensa de nuestra historia a todo el poder mediático y la influencia de la compañía norteamericana.

Basada en un hecho real (con referencias muy claras, casi literales), se trata de la historia de la empresa Odyssey, una compañía cazatesoros que se hizo con un botín de 400 millones de euros hallados un pecio hundido próximo al estrecho de Gibraltar.


Es una historia de piratas sin piratas, de conspiraciones diplomáticas, de intrigas en despachos, juzgados, archivos de la Marina. En la novela hay sitio para otras historias – historias dentro de historias – donde se nos relata el hundimiento del barco y el origen del sueño explorador de alguno de los protagonistas. Pura aventura, con un guión sólido y lleno de interés que Paco Roca sabe explotar a la perfección con un pulso gráfico-narrativo propio de un maestro.


¿Añoras los comics de Tintín? ¿Echas de menos los clásicos volúmenes de color envejecido de piratas y capitanes intrépidos? Aunque la historia no es exactamente así, el libro huele a eso, y desprende toda la épica de los comics con los que crecimos y que siempre consideraremos insuperables. Enorme el trabajo de Roca (y el de Corral, al que hay que felicitar por su primera incursión literaria de renombre), que de nuevo, no nos defrauda. Un libro para disfrutar y regalar, un acierto seguro.

martes, 5 de marzo de 2019

Mandíbula, Mónica Ojeda (Candaya)

Hace casi dos años os hablábamos de Nefando, el libro con el que se presentaba al mundo literario la ecuatoriana Mónica Ojeda. Una experiencia de pura metaliteratura que nos dejó entusiasmados y perplejos a partes iguales. La autora repite en Candaya con Mandíbula, un libro que, de nuevo, estamos convencidos que va a dar – ya está dando – mucho que hablar.

Mandíbula nos cuenta la historia de Clara, una profesora que comienza a trabajar en un selecto colegio privado tras una experiencia traumática en un colegio anterior. Pronto vamos a descubrir mucho más, una relación tóxica con su madre ya fallecida, una mochila cargada de miedos que, lejos de quedarse atrás, vuelven a su vida adquiriendo nuevas formas y escenarios, nuevos terrores que en realidad son la mutación de los mismos que ya poblaban su pasado.

En paralelo, conocemos también a algunas de las alumnas del colegio, el prestigioso Colegio Bilingüe Delta, High-School-for-Girls. En concreto el grupo de amigas formado por Fernanda, Annelise, Ximena, Analía, Fiorella y Natalia. Adolescentes con un universo propio que han desarrollado en torno a una casa abandonada – su refugio particular – lleno de secretos, donde las Creepypastas (narraciones de terror compartidas en internet que difunden leyendas inventadas haciéndolas pasar por reales e inspiradas en referencias culturales clásicas).


A través de breves capítulos, y diferentes puntos de vista (el de la propia Clara, y los de Fernanda y Annelise) y por medio de continuos saltos temporales (el presente, con Fernanda secuestrada y Clara como secuestradora, y el pasado, el de Clara, el de las chicas) se nos muestra un complejo mapa de los miedos patológicos en los que los seres humanos nos podemos ver atrapados y por los que podemos cometer actos inconcebibles.

Mandíbula y Nefando comparten la fascinación por el misterio provocado por aquellas historias que, con una base real, forman parte de los escenarios tradicionales del misterio: los hechos reales que se transforman en leyenda y que el imaginario colectivo se encarga de dar categoría de historias de culto, como viejas historias de miedo que se cuentan en torno a una hoguera. En Nefando se trataba de un videojuego maldito y en Mandíbula son las Creepypastas, todo un universo que la autora utiliza mediante referencias reales (yo las he descubierto y están disponibles en internet). He de reconocer que el universo de las Creepypastas me ha parecido fascinante y perturbador, y algunas de las historias y vídeos  que he conocido gracias al libro son realmente interesantes. Os invito a que googleéis y descubráis algunos de ellos.


Mandíbula es otro ejercicio de talento por parte de Mónica Ojeda, con un control narrativo admirable y cuya atmósfera recuerda a Poe, Lovecraft o el cine de terror de los años setenta y ochenta (La semilla del diablo, El exorcista, El resplandor), no solo de manera explícita (la inspiración de estos referentes culturales está presente en Fernanda, Annelise y compañía) sino de forma implícita en la propia novela.


Y alrededor de todo – del terror, de la naturaleza del mal, de nuestros miedos más profundos – está la disección sobre la relación entre padres e hijos. O más concretamente entre madres e hijas, y las complejidades de estas relaciones cuando la infancia deja paso a la edad adulta (en el caso de las hijas) y cuando este cambio afecta a la relación con la madre, y como los sentimientos de amor, de odio, de celos y de pérdida afloran, compiten y se superponen.

Sin duda, una de los libros más interesantes del año, que nos confirma a Mónica Ojeda como uno de los futuros literarios más prometedores de nuestras letras. Que, como todas las confirmaciones de talento futuro, no son más que realidades de nuestro presente. Leed Mandíbula.