Las ocho montañas, Paolo Cognetti (Random House)


Este libro viene precedido por su fama en Italia y posteriormente en toda Europa. Es una de esos fenómenos literarios de un autor casi novel que entusiasman a editores y a crítica. Un canto a la naturaleza más salvaje y la llamada que provoca ésta en mucha gente.
Pietro es un chico de ciudad, solitario y un poco hosco, que veranea en los Alpes italianos. Bruno es hijo de un albañil de la zona, alguien que solo conoce los montes y que pastorea las vacas de su tío. Tienen apenas once años y un mundo entero les separa. Pero, verano tras verano, forjan una profunda amistad mientras Bruno inicia a Pietro en los secretos de la montaña. Juntos exploran y descubren casas abandonadas, glaciares y escarpados senderos hasta que, con los años, sus caminos toman rumbos distintos.
Esa misma naturaleza salvaje es la pasión que mueve al padre de Pietro, un hombre envuelto en la melancolía de una Milán gris que solo puede abandonar durante los veranos. La montaña se convierte entonces en el mejor lenguaje para comunicarse con su hijo, un legado que solo el tiempo conseguirá poner en valor.



Es un libro del tipo Delibes. Me explico, una historia habitual, tan habitual que nos recuerda a la de muchos de nosotros o de nuestros amigos. Un niño de ciudad que va a pasar los veranos a un pueblo y en él conoce a Bruno, un niño del pueblo que se quedará toda la vida en él y del que se va separando poco a poco a medida que el tiempo pasa…Y la escritura, parca pero descriptiva y envolvente. Justo lo que te hace sentir “Las ratas” o “La sombra del ciprés es alargada”. Seguramente es exagerado compararlo con él pero realmente es un libro muy bien escrito que te traslada a la historia de una manera muy directa.

El nexo que une a ambos niños y a sus historias futuras es el padre de Pietro. Y la montaña. Ambos muy similares, poco accesibles y duros, pero a los que hay que llegar y conocerlos para sentirlos de verdad. La novela describe una relación muy frecuente entre padres e hijos, especialmente el género masculino, la incapacidad para la comunicación. Uno de los grandes males de la humanidad. No estoy exagerando, quizá bromeando un poco, pero de verdad lo pienso. El padre sólo se comunica a través de lo que le gusta, la vida montañesa. Y sin embargo Pietro tiene mal de altura con lo cual la incomprensión se hace evidente. Pero Bruno es otra historia. Bruno sí siente lo mismo y encuentra en el padre aquel referente que no tiene.

En la segunda mitad del libro pasamos a la edad adulta. Los amigos se reencuentran y la novela se convierte en un homenaje a la amistad más pura, a la libertad de la montaña y al retorno al lugar amado. El autor manifiesta claramente que está basada en su propia historia, al menos en el amor a la montaña y en la crisis existencial que te lleva a volver a la naturaleza en el momento más inesperado.


He disfrutado mucho de este libro, con el que comparto esa atracción hacia la naturaleza y esa necesidad de escapar de la ciudad. Además el retrato de la amistad masculina es precioso y muy emocionante. En este caso la publicidad del libro ha dado en el clavo. Realmente un buen libro entre las novedades de este año. Para los amantes de las historias sencillas.


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