Nacer, Crecer, Metallica, Morir Vol I, Paul Winwood, Ian Brannigan (Malpaso)


Para muchos de los (ahora) adultos de mi generación, la música de Metallica es la banda sonora de nuestra juventud, cuando descubríamos un disco nuevo por la cinta grabada del hermano de algún amigo (esos hermanos mayores que abrían caminos fascinantes), o cuando pasábamos al bar donde la música era música de verdad (Cotillo, Tris Metal en mi caso). Mis vagos recuerdos (me caracterizo por mi pésima memoria) sitúan la música de Metallica en el autobús de una excursión a Córdoba. Pablo sacó su cinta de la mochila y Master of Puppets empezó a sonar. Y yo ya solo recuerdo mi adolescencia en torno a la música de Metallica. Después uno se modera, se suaviza y aparecen otras sensibilidades musicales. Pero ahí queda, para siempre, la música que nos hizo tan felices. Por eso ha sido una maravillosa experiencia leer Metallica: Nacer, Crecer, Metallica, Morir, la primera parte de la biografía de la banda, publicada por Malpaso.


En primer lugar, si sois iniciados de la banda de San Francisco, entenderéis que os digo que esta primera parte es la parte de la biografía que realmente nos interesa a los que rondamos los cuarenta, porque en ella se repasa el periodo comprendido desde la formación de la banda hasta el Black Album de 1991. Es decir, la Metallica que conocimos. La que vino después coincidió con el alejamiento de su música y mi generación. Ya no eran igual, pensamos. O fuimos nosotros los que cambiamos.


Solo puedo deciros que la experiencia ha sido deliciosa. Narrado con rigor y con las dosis justas de contenido musical y experiencias vitales puras y duras, los autores hacen un recorrido riguroso a los comienzos de la banda, con Lars Ulrich (batería) y James Hetfield (voz y guitarra rítmica) como protagonistas de principio a fin. Son el alma del grupo con sus virtudes y defectos, y en consecuencias merecen gran parte del mérito de haberse convertido en una de las formaciones musicales más importantes del siglo XX.

Pero, como en otras grandes historias, los personajes secundarios son lo que sostienen buena parte del relato. En mi caso concreto este papel lo representa a la perfección Cliff Burton, el mítico primer bajista de la banda, una rara avis cuya temprana muerte engrandeció el mito de su figura y de su calidad artística. Luego llegó Jason Newsted, que supo ocupar su papel, y más tarde (fuera de los límites de esta biografía) Robert Trujillo, pero nunca fue igual que con Cliff.


Otro de los secundarios míticos de la banda californiana es Dave Mustaine, guitarrista de los primeros años, una figura demasiado grande (y conflictiva) como para no brillar con luz propia. De ese germen nació Megadeth, otra banda para la (un poco menos grande) eternidad.

Es importante tener claro, que no se trata de una biografía complaciente al modo de las biografías oficiales al uso. En muchos episodios relatados, los componentes de la banda no quedan en muy buen lugar, y a veces es difícil abstraerse del machismo institucionalizado reinante en el mundo de la música de los 80 y de los excesos de alcohol y drogas que nada tienen que ver con el aura bohemia e interesante de la estrella del rock. Estamos hablando de jóvenes de 20 años con graves problemas de alcoholismo y drogadicción que ha condicionado el resto de su vida. Y no trato de ser moralista, pero el libro no evade este espinoso asunto y le doy el valor que tiene.


Sé que lo vais a disfrutar si, como yo, pegáis un respingo cuando oís los primeros acordes de Enter Sandman o de For Whom the bell tolls. Música que todavía es capaz de remover los espacios más recónditos de nuestra memoria, evocando esos lugares donde siempre nos recordaremos más felices.


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