Un día en la vida de una mujer sonriente, Margaret Drabble (Impedimenta)

Cada vez me gustan más los libros de relatos. En los últimos tiempos he estado disfrutando especialmente de autoras poco conocidas pero que poseen una ingente cantidad de relatos entre sus escritos. Un gran trabajo de edición unir estos relatos, darles consistencia y sentido. Son autoras que en sus vidas han tenido que luchar más que sus congéneres varones por una carrera literaria y en muchos casos han tenido que subsistir a base de este tipo de trabajos puntuales. Lucía Berlín y el que estoy leyendo actualmente de Edith Pearlman me lo confirman. Margaret Drabble no se queda atrás. Historias de mujeres para todos los públicos.

Esposas sin maridos. Madres y hermanas. Mujeres que se debaten entre la vocación artística y las exigencias familiares. Científicas que han decidido dejar de teñirse el pelo y de ir por la vida disculpándose por cada paso que dan. Amor no consumado, vanidad y soledad. El poderoso universo ficcional de Margaret Drabble se concentra en estos cuentos que abarcan cuatro décadas de producción literaria. Una madre trabajadora que puede con todo y acaba sus enloquecidos días con una sonrisa. Una prestigiosa investigadora que acaba de recibir el Nobel por el descubrimiento del «gen de la vanidad». Una mujer que suspira aliviada cuando muere su esposo, y una romántica empedernida que busca el amor en los trenes. Trece relatos, la totalidad de la producción de Drabble en este género, que constituyen una muestra exquisita de la capacidad de ironía, lirismo y amplitud discursiva de una de las narradoras británicas más importantes del siglo XX.


Ya decía que es una gran labor editorial juntar estos cuentos y darles forma. En este caso los cuentos van de la década de los sesenta hasta casi el siglo XXI y es muy curiosa la evolución que se muestra. La autora de los primeros relatos es más contenida, muestra menos sentimiento. Es una evolución clara tanto personal (es más reivindicativa en los últimos, y se posiciona más claramente) como en la calidad de su escritura.

En los últimos cuentos nos habla de la madurez, con una visión muy optimista, mayor a la de las mujeres jóvenes que pueblan los primeros cuentos. A la par que la autora, las mujeres que los protagonizan han llegado a una actitud vital en las que encuentran la felicidad de una manera más plena que la anterior generación. Esos cuatro relatos esperanzadores son mis favoritos entre toda la recopilación.

También destaca el que da título al libro “Un día en la vida de una mujer sonriente”, con un relato impactante y que refleja a la perfección la realidad de muchas mujeres pese a haber sido escrito hace ya varias décadas. La mujer que lo hace todo bien, que debe y consigue llegar a todo y que un buen día se desmorona. No es un argumento original, pero sí la manera de contarlo. La ironía y el estilo de la autora es muy característico.

Un día en la vida de una mujer sonriente nos habla de las relaciones humanas, desde la perspectiva femenina, no solo relaciones amorosas sino familiares, profesionales…Una maravilla de relatos para disfrutar poco a poco. Recomiendo no leerlos de un tirón, sino aprovechando momentos sin prisas, saborearlos. Realmente es un espejo de muchos momentos en la vida de una mujer. Si eres un hombre, qué mejor que asomarse a ese espejo de esta manera. Altamente recomendable.


Margaret Drabble nació en Sheffield (Yorkshire) en 1939. Hermana de la novelista A. S. Byatt —con la que desde hace años apenas tiene relación—, después de asistir al internado Mount School, en York, obtuvo una beca para estudiar Inglés en el Newham College, en Cambridge. En 1960 se unió a la Royal Shakespeare Company, donde llegó a estar bajo la tutela de Vanessa Redgrave. Poco después abandonó la compañía para dedicarse de lleno a su carrera literaria y publicar su primera novela, A Summer Bird Cage, en 1963. Entre 1980 y 1982, presidió la National Book League, y Universidad de Cambridge la distinguió con un doctorado honoris causa en 2006. Drabble fue nombrada dama comendadora de la Orden del Imperio Británico en 1980; en 2008, fue ascendida a Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico.

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