Sobre Patria, Fernando Aramburu (Tusquets) (y II) Correspondencia con enesemomentodeldia


Respuesta de enesemomentodeldia a la carta de niundiasinlibro del 10/05/2017

No suelo leer reseñas de los libros que voy a empezar, porque prefiero no tener ninguna idea preconcebida, y Patria no fue una excepción. Lo empecé al mismo tiempo que Juanjo por casualidad, y cuando lo terminamos estábamos tan entusiasmados que decidimos hacer una reseña diferente, “a dos manos”, a través de cartas que nos dirigiríamos el uno al otro.


La de Juanjo podéis verla aquí. Me tocaba contestar... y no pude. Primero porque tuve a mi tercera hija, con la consiguiente locura de los primeros días de un recién nacido, después porque no encontraba tiempo para robarle a mi pequeña, mas tarde porque... No, no eran esas las razones (salvo la primera, claro está). La verdad es que cada vez que pensaba en el libro, desde que lo terminé, tenía la misma sensación: me estaba confundiendo, no era objetiva, estaba dominada por las hormonas... y poco a poco fue pasando el tiempo, y cobrando fuerza mi idea inicial. Cada vez veía más claro que no se trataba de mi estado, sino de que verdaderamente Patria me entusiasmó, sí, pero desde un punto de vista completamente diferente al que ha trascendido.

Cuando cerré Patria, no pensé “qué novela tan trascendental en el tema del conflicto Vasco”. De hecho, ni siquiera pensé en el conflicto Vasco. Cuando cerré Patria pensé: esta es una novela de personajes. Y más aún: una novela de mujeres. Cuidado; no he dicho “una novela para mujeres” sino “de mujeres”. Porque Aramburu pinta un cuadro en el que representa unos caracteres con una fuerza, cada uno en su estilo pero que arrasan, que atrapan al lector.

Y entre ellos, destacan, se imponen, las mujeres. Y para mi, mas concretamente, las madres. Por eso pensé que no estaba siendo objetiva y por eso quise poner distancia; creí que mi reciente maternidad me hacía ver amor maternal en cualquier esquina. Con el tiempo me he dado cuenta de que no es así, sino que Aramburu consigue captar y plasmar a la perfección esa imagen matriarcal de una familia que tiene como pilar a la madre. Como muchas de nuestras familias, en la adversidad quien sostiene, cuida y aglutina a todos es la madre.

Y así descubrimos a Miren, descubrimos un amor maternal fiero, inquebrantable y sí, con un punto de locura. No importa lo que los hijos hagan, ya cambiará nuestra visión del mundo si es necesario. No importa que los más allegados nos hagan ver que hay algo podrido en ellos, ya dejarán de ser allegados. No importa nada, no importa, sólo él, o ella, y la voz interior que amenaza con perturbar esa imagen se acalla fácilmente, sólo hay que gritar más fuerte por fuera.

Y así, descubrimos a Bittori, un amor maternal impregnado de sentido común, mas compartido con el marido, mas crítico. Un equipo de dos, que sí se rompe, rompe también los esquemas. Somos tú tú y yo, y después ellos. Con sus logros, sus éxitos y sí, con sus defectos y fracasos, que también los vemos. Y ahora yo sola, no sé ver nada, y no sé si me importa. Sí, sí que me importa, ellos sí son mi vida, y sólo cuando ya no queda tiempo soy capaz de verlo.

Y descubrimos también a las restantes mujeres de la historia, marcadas por sus madres, que de nuevo a través de ellas se convierten en protagonistas, transmitiendo sin quererlo sus bondades y sus miserias.

Destaco a las mujeres porque estoy sorprendida por la delicada y fiel imagen que de ellas realiza Aramburu. Con mucha sensibilidad, pero con un realismo tal que hace pensar cómo es posible que logre describir de una manera tan perfecta lo que pasa por nuestra mente. O por la de nuestra hermana, amiga... hay personajes donde encajamos muchas de nosotras.

Para ser justa, también los personajes masculinos enganchan. También reconozco en ellos a algunos de los que me rodean. Y las familias en su conjunto. Y esa incómoda sensación de que algo no encaja, que acallo enseguida, como Miren, como Bittori, como Joxian, como El Txato...

Reivindico al Aramburu de Patria como un creador de personajes, un mago capaz de adivinarnos la mente y encontrar las palabras exactas para plasmarlo. Pero sobre todo, reivindico el amor de madre, ese que nace de las entrañas y que es más fuerte que una misma, y que sin duda este autor ha sabido dejar entre las páginas de una novela.

Una novela que yo sí calificaría como definitiva, pero no en materia del conflicto Vasco, sino de la lucha interior que sin ser visible, ha sido y es la semilla de ese y muchos otros conflictos.


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