Nunca me abandones, Kazuo Ishiguro (Anagrama)


Ha sido el primer libro que he leído del Kazuo Ishiguro, último premio Nobel de Literatura (la otra pata del blog reseñó hace algún tiempo El gigante enterrado, suúltima novela), y con las precauciones propias de decepciones anteriores con otros galardonados pero con la curiosidad provocada por la procedencia del libro (esos amigos referentes que de vez en cuando vienen con un libro bajo el brazo) me he sumergido en las vidas de Kathy, Ruth y Tommy, protagonistas de esta magnífica novela.

Es a través del relato en primera persona de Kathy como vamos descubriendo la historia de los alumnos de Hailsham, un misterioso internado donde viven un grupo de jóvenes de vidas aparentemente normales pero apartados del mundo. A modo de diario, y con la retrospectiva de los años pasados, Kathy nos muestra cómo es la vida de estos tres amigos en este curioso lugar.
Dividida en tres grandes capítulos, y comenzando desde el pasado, el recorrido del relato es también un camino de aprendizaje de los tres protagonistas como podría ser el de cualquier adolescente. Con una diferencia, sus vidas solo son normales en apariencia, y hay un gran secreto que explica quiénes son y por qué sus vidas solo parecen normales. Se trata de una novela distópicas, una de las mejores de los últimos tiempos, y no puedo desvelaros mucho más porque el aprendizaje (o el descubrimiento de los misterios que rodean a la historia, como queráis) también es parte de las técnicas narrativas de la novela para mantener la tensión.
Por otro lado, y para ser justos con el autor, estos misterios de los que os hablo, aunque afloran de forma explícita en el último tramo de la novela, no son exactamente ocultados, al menos no de forma descarada. Y gran parte del mérito de la narración está en eso precisamente, en mostrar casi todas las cartas sobre la mesa manteniendo parte del misterio, tanto para los protagonistas como para los narradores, que desde el principio tienen información para interpretar casi todo lo que están viviendo (o leyendo).

Sin duda, como cualquier novela distópica que se precie, surgen algunos de los grandes asuntos que en la postlectura se prestan al debate: los límites de la ciencia y su compatibilidad con los valores éticos que rigen nuestras vidas, el tratamiento que el ser humano debe dar a vidas creadas por él mismo, cómo gestionar los grandes hitos científicos cuando estos están en manos de unos pocos privilegiados… Y de todos ellos (que me apasionan) destaca uno por encima de todos: el hecho de que la vida es puro teatro, y que cada uno de nosotros formamos parte de la representación sin saber en todos los casos cuál es nuestro papel real en la misma.
Un gran libro, de esos que hay que leer, y que me plantean la necesidad de seguir leyendo al autor para comprender si su aclamada y variada obra me permite volver a creer en el Nobel como referencia para elegir mis lecturas. El siguiente, Los restos del día, otro de los libros de cabecera del escritor inglés.


1 comentarios:

  1. No he leído a este escritor, y creo que por lo que he leído pueda gustarme, lo voy a tener en consideración. Gracias por la recomendación. Saludos.

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