Madre mía, Florencia del Campo (Caballo de Troya)



Qué alegría retomar una lectura de la editorial Caballo de Troya, uno de esos sellos que a pesar del cambio de manos (fue adquirida hace años por el grupo Random House) no ha perdido su frescura y su condición de imprescindible.
El tacto del grupo editorial y su sensibilidad en la forma de afrontar la jubilación de Constantino Bértolo (padre y alma de Caballo de Troya) han logrado que el formato se consolide y se convierta en un nuevo clásico. Un editor residente cada año selecciona y publica las obras de la editorial durante su “reinado”. Siguiendo la línea tradicional del sello, pocas novedades pero muy seleccionadas, el catálogo de Caballo de Troya ha tenido ya como editores a Elvira Navarro (2016), Alberto Olmos (2016) y Lara Moreno (2017). Para 2018 nos esperan las obras seleccionadas por Mercedes Cebrián. Espectacular, ¿verdad?
Hoy os traemos Madre Mía, la última publicación de Lara Moreno (supongo que la penúltima del año), escrita de la inédita Florencia del Campo. Caballo de Troya y los nuevos autores, sociedad necesaria e indivisible.

Madre mía es la expiación narrativa de la autora, que en primera persona nos cuenta su experiencia con la muerte de su madre, vivida la mayor parte del tiempo a un océano de distancia (la madre en Argentina, la hija en Europa, entre Madrid, París y Barcelona).
Madre mía está llena de dolor, de autoculpa y desgarro, y todo sin un ápice de sentimentalismo. Porque Florencia (autora y protagonista de esta ficción) nos abre las puertas de sus dudas (las que la hacen vivir a miles de kilómetros en momentos críticos de la enfermedad de su madre), sus propias experiencias vitales (como si vivir, reír, sentir o equivocarse fueran incompatibles con el dolor de la pérdida de una madre), sus tormentos (a través de imposibles y desgarradores diálogos inventados, casi impúdicos, entre madre e hija), sus miedos.

Como lectores no juzgamos (quién se atreve), solo contemplamos deslumbrados un ejercicio narrativo tan valiente (reconozco) como inevitable (sospecho) en lo que a veces parece un conjunto de notas no publicables de una persona que ha necesitado escribir lo que sentía como única forma de sobrevivir. El punto de partida (el pronóstico de su madre, aún en vida, de que su hija escribiría sobre su muerte) y el material casual utilizado (los partes médicos reales de su madre, incluidos en el libro en forma de fotocopia) son solo el catalizador de una historia de esas que dejan marca, como Mortal y Rosa, o como La hora violeta, de los que     ya os contaba en otra reseña – aún no me he repuesto.
Enhorabuena Florencia, has convertido en literatura algo que casi siempre se queda en el camino. Tú has logrado retenerlo.




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