lunes, 30 de octubre de 2017

El año que nevó en Valencia, Rafael Chirbes (Anagrama, Cuadernos)


Qué gran noticia que Anagrama recupere sus míticos Cuadernos, textos breves que invitan a detenerse entre la novedad narrativa imperante y que nos permiten ordenar nuestras ideas, reflexionar sobre lo menos actual (no por ello menos vigente) y que suponen, en definitiva, un soplo de aire fresco para el lector empedernido.
 
Vino en forma de regalo y no ha podido ser más acertado, ya que El año que nevó en Valencia de Rafael Chirbes fue el primero de la colección en el que había puesto atención.
 

El año que nevó en Valencia es una novelita de apenas 80 páginas en la que Chirbes rememora un viejo recuerdo de la infancia, en la que siendo solo un niño asistió al cumpleaños de un hermano de su padre que, de manera excepcional, reunió a la casi totalidad de la familia para celebrar el acontecimiento.
 
La historia recorre a los diferentes miembros de su familia, a su padre ausente, a su madre, presente en esta celebración de la familia política, a recuerdos vagos pero también a recuerdos con un nivel de detalle propio de los hechos que se graban a fuego cuando solo eres un niño: el suave abrigo de tu tía, el llanto inexplicable que brota en el niño Rafael y que solo entiendo tu tío más cercano o la nueva vida de su madre una vez abandonado el luto.


Pero sobre todo, por encima de todo, ese paisaje de fondo que ilumina nuestros recuerdos infantiles. A veces es un color, o una música de fondo, o simplemente el olor de una comida. En el caso del recuerdo de Rafael es la nieve. Porque ese año nevó en Valencia, y ese es el recuerdo más vívido de todo lo que nos cuenta.
 
Leer esta joya de Chirbes es un milagro, que nos vuelve a recordar que el escritor ya no está entre nosotros y que tenemos que seguir reivindicándole. Que sea por muchos años maestro, que tus libros sigan reinando en nuestras mesitas de noche.
 
Gracias a Anagrama estos textos vuelven a nosotros, y sin duda este no será el último. Su contenido promete muchas tardes de felicidad, pero solo por el formato (cuaderno, no podía ser de otra forma, bolsillo de los de verdad, cierto aire clandestino) merece la pena hacerse con ellos. Leedlos y disfrutadlos.

domingo, 29 de octubre de 2017

En un país extraño, Charles Cumming (Salamandra Black)

Ésta es una de esas novelas que te apetece leer después de un arduo día de trabajo, lecturas y meriendas infantiles. Cuando por fin te echas en tu cama y llega la hora de decidir el libro de tu repleta mesilla. Algún día debería poner en el blog una foto de mi caótica mesilla de noche. Esta novela me atrapó desde el primer momento y no puedo por más que compartirla.

Seis semanas antes de asumir la dirección del MI6 y convertirse en la primera mujer que encabeza uno de los servicios de espionaje más prestigiosos del mundo, Amelia Levene desaparece sin dejar rastro, provocando así la crisis más grave que la institución ha vivido en una década. Los altos mandos se encuentran en un trance: no sólo tienen que encontrar a Levene, sino que la tarea tiene que realizarse en el más absoluto secreto si quieren evitar un duro golpe a la imagen y credibilidad del MI6. Así pues, la mejor opción que les queda es acudir a Thomas Kell, un agente al que despidieron del cuerpo ocho meses atrás por presuntas torturas a un detenido durante una antigua misión en Kabul.



El libro comienza con esta cita de “El agente secreto” de Somerset Maugham que ya cuando la leí en éste me pareció una de las mejores frases para empezar una novela:

“— Hay una cosa que debe tener en cuenta antes de empezar su trabajo. Si lo hace bien, nadie le dará las gracias; y si necesita ayuda, nadie se la proporcionará. ¿Está usted de acuerdo?
—Completamente.
— Entonces, que pase una buena tarde”.

Parece que Charles Cumming quiere recoger el testigo de Le Carré y el clásico espía británico. Me ha resultado totalmente adictiva. Comenzamos en Egipto, lo cual no es arbitrario ya que uno de los aciertos del libro es que nos está situando los problemas actuales del MI6, que están en el medio oriente. La temática contemporánea está presente en toda la novela y juega un papel importante en la intriga principal. En Egipto un hombre nos muestra sus sentimientos ante el abandono de la mujer de la que se había enamorado. Y así, de esta forma tan poco habitual en la novela de espionaje, nos adentramos en la historia de los protagonistas:

·         Thomas Kell, un ex agente británico que intenta llevar su vida adelante tras su cese en el MI6. Cuando aparece la oportunidad de buscar a su antigua jefa, retoma una falsa identidad y utiliza todos sus recursos con el doble objetivo de encontrar a su amiga y poder entrar de nuevo en la organización.
·         Amelia Levene, la desaparecida. La primera mujer que ha llegado tan alto en esta organización. Una mujer implacable de la que se muestra su lado más humano pero también su determinación.

Una novela muy cinematográfica, al estilo de la “Misión imposible” de Brian de Palma, pero más sobria en los recursos de espionaje. Thomas Kell no es un agente con dotes sobrenaturales, no es un hombre que atrae a todas las mujeres a su paso. Simplemente se ayuda de su experiencia, su instinto y sus contactos en las diferentes organizaciones secretas. Es un gusto leer sobre los distintos miembros del grupo que recluta. Es en este punto donde recuerda a la segunda parte de Misión imposible, gente que no se conoce y logra actual a la perfección para lograr el objetivo.

El autor, que trabajó durante un tiempo en los servicios secretos británicos, utiliza estos conocimientos para ponernos al día de los entresijos entre las diferentes agencias y dentro del propio MI6, con sus ambiciones, su cinismo… igual que cualquier otra empresa del mundo.





Volveremos a oír de Thomas muy pronto ya que será el protagonista interpretado por Colin Firth en una serie de seis capítulos de la BBC, además de dos libros más preparados por el autor. A mí ya me tienen a la espera de ambas cosas. 

jueves, 26 de octubre de 2017

Para entender a Einstein, Christophe Galdarf (Blackie Books)


Después de El universo en tu mano, que se ha convertido ya en un clásico de la divulgación científica, Christophe Galfard y Blackie Books nos traen una nueva propuesta pedagógica para todos los que tenemos ya lejos la facultad y echamos de menos aquellos apasionantes conceptos que en su día no disfrutábamos lo que debíamos porque la vida universitaria tiene sus propias prioridades.
 
La fortuna (y nuestra querida bloguera, también familia, de enesemomentodeldía) nos ha traído los dos libro a casa, y a mí me ha tocado Para entender a Einstein (pronto la otra parte del blog os traerá El universo…).

 
Para entender a Einstein supone un breve pero intenso repaso a la teoría de la relatividad – en la que se basa casi todo nuestro presente pero fundamentalmente nuestro futuro – , al complejo concepto Espacio-Tiempo y, en resumen y como base de todo, al entendimiento de la fórmula que lo revolucionó todo: E (Energía) = m (masa) x c2 (velocidad de la luz al cuadrado).
 
El viaje es apasionante, y ya es mérito suficiente conseguir pasar por todo este universo revolucionario de la física sin utilizar una sola fórmula. Los ejemplos mandan, y las analogías con nuestra vida cotidiana son utilizadas para que el lector sienta cercana la inmensidad de la física cuántica.

Y ojo, aviso a navegantes, a pesar del marcado carácter pedagógico y de que el libro está pensado para que lo entiendas a pesar de no haber estudiado nada (absolutamente nada) sobre el tema, NO es un libro fácil. Su brevedad ayuda, y su efectiva manera de ir al grano también, pero necesitas entusiasmo y energía (sobre todo energía) de tu parte para entender los mensajes que el autor trata de transmitirte.


 
A nivel personal, el libro ha despertado mi interés (renovado cada cierto tiempo) por la literatura científica. Y sin duda, dentro de esta, la teoría de la relatividad juega un papel importantísimo, ya que es muy fácil imaginar futuros (im)posibles que nos permitan vivir fenómenos que antes solo formaban parte del argumento de una película. Quién sabe, algún día los descendientes de los descendientes de nuestros descendientes podrán viajar en el tiempo y visitarnos en nuestro presente actual… Soñar es gratis.

miércoles, 25 de octubre de 2017

El eco de los disparos, Edurne Portela (Galaxia Gutenberg)


El impacto que ha tenido (y que sigue teniendo el libro Patria) en el imaginario colectivo y toda la tinta vertida sobre él nos ha obligado a indagar y explorar otras lecturas que abordaran el conflicto vasco.
Ya os explicamos qué opinábamos sobre la novela de Aramburu (aquí nuestra reseña): nos parecía una buena novela pero no le atribuíamos los poderes mágicos que algunos han visto en ella. Es una buena novela de ficción, pero calificarla como “la novela definitiva para superar el conflicto”, “el libro definitivo sobre ETA”, “una de las mejores novelas de los últimos años” se ha convertido, bajo mi punto de vista, en un lastre para Patria.
Hoy os traemos un ejemplo perfecto para comenzar a explorar la temática del terrorismo vasco de una forma mucho más enriquecedora. Se trata de El eco de los disparos, de Edurne Portela.


El libro, planteado inicialmente como ensayo, supone una crítica edificante y constructiva al conflicto vasco. El modo de acercamiento elegido por Portela es el análisis de muchas de las propuestas que desde el mundo del arte (cine, literatura, fotografía) han tenido lugar en los últimos años. En este sentido, el ejercicio narrativo de Edurne Portela supone un apasionante recorrido por la memoria cultural del asunto vasco.
Pero no solo es eso, porque la autora se implica superando los límites del ensayo más ortodoxo alternando este con sus vivencias personales (los viajes de su familia a Bayona para visitar a los “barbudos”, sus coqueteos juveniles con la estética e ideología afín a posiciones radicales, sus huidas de supervivencia – el conflicto está en otro sitio - , las visitas a la tendera del mercado, viuda de un asesinado por ETA y sus ganas de preguntar, de escuchar, de comprender…). La autora nos muestra la violencia como parte del paisaje en el que ha crecido y con ello trata de transmitirnos la complejidad de un problema donde los blancos y los negros no existen.

Os pongo como ejemplo alguno de estos párrafos introspectivos, donde la autora, en tercera persona, nos cuenta: "No le importaba ir a sus conciertos, vestirse como una de ellos, insultar a la policía, ni siquiera le molestaba demasiado su violencia. Pero en el fondo despreciaba su ideología, tan carpetovetónica y tan de pueblo. En el instituto los borrokas –entre los que se encontraban los más tontos de la clase o los que más gritaban– la llamaban burguesa porque sus padres tenían negocio propio y porque ella siempre votaba en contra de sus huelgas."


A lo largo del libro Portela explora los diferentes acercamientos al conflicto vasco desde propuestas culturales poco difundidas (o al menos las más alejadas de posturas oficiales). Entre ellas os dejo algunas muestras que me han gustado especialmente, tanto en el análisis de la autora como en la lectura y visionado posterior:

- Asier eta biok (Asier y yo), de Aitor Merino. Documental que muestra el encuentro de Aitor (actor conocido por ser uno de los protagonistas de Historias del Kronen) con un amigo de la infancia Asier, exmilitante de ETA.



- Letargo, de Jokin Muñoz . Conjunto de relatos que muestran algunas de las complejidades de la sociedad vasca a través de los silencios.

- Tiro en la cabeza, la propuesta cinematográfica sobre el conflicto, incómoda, sin ideologías condicionantes,  de Jaime Rosales. Para algunos, una obra maestra, para otros una provocación.




Me resulta interesantísima la profunda reflexión que Edurne Portela hace en torno al silencio y su crítica sobre la supuesta superación del conflicto, expresado habitualmente con la dudosa expresión de “pasar página”, cuando lo que estas palabras expresan es que miremos hacia adelante sin haber afrontado de verdad las heridas cuya cicatrización sería el único paso de verdad para superar el conflicto.

En ese sentido, me parece brillante el análisis sobre una de las películas que más éxito ha tenido en los últimos años en torno al terrorismo vasco, Ocho apellidos vascos. En contra de la opinión generalizada (que alabó a la película como la primera prueba de que esto estaba  superado y que ya podíamos reírnos sin complejos del tema) la autora defiende la irresponsabilidad de esta afirmación,  ya que reírse  de algo de lo que no nos hemos atrevido a hablar en serio parece cuanto menos frágil en cuanto a su consistencia como prueba de superación. Mucho más interesantes son (para la autora y para el que escribe) otras propuestas como El negociador, de Borja Cobeaga o la mucho más actual Fe de Etarras, donde sin los tópicos manidos y esperpénticos de Ocho apellidos… se consigue de una manera mucho más inteligente risa (o sonrisa) y reflexión al mismo tiempo sin caer en la burda comedia.

Aunque la autora no lo trata (El eco de los disparos es anterior)  opino algo parecido sobre Patria.  Tanto en este caso como en el de Ocho apellidos vascos,  pretender adoctrinar sobre un tema tan complejo y dirigir al espectador hacia unas conclusiones ya marcadas es (aún cuando estas conclusiones sean acertadas) el peor de los caminos posibles si lo que se pretende es generar un debate enriquecedor y constructivo.

Es especialmente interesante que, sin negar la violencia ejercida con frecuencia por parte del estado y de las fuerzas policiales, la autora expone y argumenta sin rubor la obscenidad que supone equiparar a las víctimas de ETA con las que son causa de esta violencia institucional. Este párrafo introductorio define a la perfección este planteamiento:

"La equiparación entre las víctimas asesinadas por el terrorismo de ETA y aquellas catalogadas como víctimas del Estado es no sólo perversa, sino también obscenamente falsa, como tendré ocasión de repetir a lo largo de esta sección. Pero también es innegable que en la historia del conflicto hay una violencia que viene del Estado, sin que reconocerlo tenga que necesariamente relativizar la de ETA. Si no tenemos en cuenta ese lado de la ecuación también desaparece parte de la complejidad real de la historia. El problema estriba en cómo tenerlo en cuenta y desde qué perspectiva, en dar los suficientes matices y aclaraciones para no caer en la equiparación, la comparación, o el eufemismo que acaba metiendo en el mismo saco a víctimas y perpetradores."

Muchas son las representaciones del sufrimiento que nos invita a conocer el libro (que no necesariamente a comprender) y en ese sentido resulta muy interesante la opinión que la autora muestra sobre la participación de las asociaciones de víctimas del terrorismo, a las que, sin negarle su derecho a ser una parte más del complicado puzle, sí le atribuye algunas acciones nada beneficiosas para avanzar hacia territorios de comprensión y de paz (como ejemplo, la manipulación que desde estos y otros estamentos se hizo del video de Facu Díaz, en el que se trató de malinterpretar el propósito del gag, cuya manipulación no aguanta un mínimo visionado inteligente).
También hay sitio para las opiniones que han calificado a todos aquellos que han intentado buscar posiciones de equilibrio como “equidistantes”. Así lo expresa muy acertadamente la autora: "Lo que muchos llaman equidistancia es en repetidas ocasiones un ejercicio de profundización del pensamiento, un cuestionamiento honesto de la realidad, un intento de ampliar una imaginación reducida y enquistada."

En mi caso personal, uno de los grandes descubrimientos (aunque ya os he desvelado algunos) ha sido la obra fotográfica de Clemente Bernad. Representaciones del mundo abertzale, de nuevo con el propósito de entender, de aportar narrativa al conflicto. Portela utiliza varias de estas fotografías como muestra del interés de autores como Bernad en intentar entender desde dentro el problema vasco, reconociendo su complejidad como premisa.





Y curiosamente, y con una propuesta si bien no definitiva pero al menos aportadora a este mosaico de ideas y de reflexiones, también aparece Aramburu. En este caso con su obra anterior a Patria. Aunque su obra merece atención (quién lo duda), Portela saca a la luz con obras como Los peces de la amargura los mismos defectos que hemos comentado con Patria:

"Y, de nuevo, esto no quiere decir que Aramburu exagere o que lo que se plantea no esté tomado de la realidad que hemos vivido las últimas décadas. Lo que intento enfatizar es que, subrayando la radicalidad de los otros, nos facilita no plantearnos nuestra propia complicidad, nos permite no profundizar en nuestro conocimiento y, por tanto, ensanchar nuestra imaginación viéndonos como parte activa en este conflicto."

Me encanta y comparta la interesantísima reflexión final sobre la separación entre perdón y reconciliación, y sobre lo importante que es aclarar que el perdón no es necesario para la superación el problema, al considerar (la autora) que este es un sentimiento absolutamente personal de las víctimas y que no debe mezclarse con la comprensión y el entendimiento del conflicto.

Os dejo para terminar una cita que redunda en la equívoca expresión sobre “pasar página” y que define muy bien parte del espíritu crítico de esta novela: "Cuando nuestra sociedad civil está ya deseando pasar página –cuando ni siquiera ha leído la primera del libro sobre nuestra complicidad con la violencia– (...) En este sentido, representar a la víctima y al perpetrador como entidades impermeables, inamovibles y dentro"
 
Un libro impresionante, y en este caso sí, imprescindible como guía y como herramienta de reflexión y análisis, que nos demuestra que los puntos de vista (de este problema y de cualquier otro) inmovilistas y categóricos nos facilitan la vida pero no nos ayudan a resolver los conflictos.
 
Ahora toca leer Mejor la ausencia, recién publicado y también de la autora, que esta vez ha elegido la ficción como propuesta para afrontar el asunto de ETA y del País Vasco. Sin duda merecerá la pena acercarse a él.


martes, 24 de octubre de 2017

Madre mía, Florencia del Campo (Caballo de Troya)



Qué alegría retomar una lectura de la editorial Caballo de Troya, uno de esos sellos que a pesar del cambio de manos (fue adquirida hace años por el grupo Random House) no ha perdido su frescura y su condición de imprescindible.
El tacto del grupo editorial y su sensibilidad en la forma de afrontar la jubilación de Constantino Bértolo (padre y alma de Caballo de Troya) han logrado que el formato se consolide y se convierta en un nuevo clásico. Un editor residente cada año selecciona y publica las obras de la editorial durante su “reinado”. Siguiendo la línea tradicional del sello, pocas novedades pero muy seleccionadas, el catálogo de Caballo de Troya ha tenido ya como editores a Elvira Navarro (2016), Alberto Olmos (2016) y Lara Moreno (2017). Para 2018 nos esperan las obras seleccionadas por Mercedes Cebrián. Espectacular, ¿verdad?
Hoy os traemos Madre Mía, la última publicación de Lara Moreno (supongo que la penúltima del año), escrita de la inédita Florencia del Campo. Caballo de Troya y los nuevos autores, sociedad necesaria e indivisible.

Madre mía es la expiación narrativa de la autora, que en primera persona nos cuenta su experiencia con la muerte de su madre, vivida la mayor parte del tiempo a un océano de distancia (la madre en Argentina, la hija en Europa, entre Madrid, París y Barcelona).
Madre mía está llena de dolor, de autoculpa y desgarro, y todo sin un ápice de sentimentalismo. Porque Florencia (autora y protagonista de esta ficción) nos abre las puertas de sus dudas (las que la hacen vivir a miles de kilómetros en momentos críticos de la enfermedad de su madre), sus propias experiencias vitales (como si vivir, reír, sentir o equivocarse fueran incompatibles con el dolor de la pérdida de una madre), sus tormentos (a través de imposibles y desgarradores diálogos inventados, casi impúdicos, entre madre e hija), sus miedos.

Como lectores no juzgamos (quién se atreve), solo contemplamos deslumbrados un ejercicio narrativo tan valiente (reconozco) como inevitable (sospecho) en lo que a veces parece un conjunto de notas no publicables de una persona que ha necesitado escribir lo que sentía como única forma de sobrevivir. El punto de partida (el pronóstico de su madre, aún en vida, de que su hija escribiría sobre su muerte) y el material casual utilizado (los partes médicos reales de su madre, incluidos en el libro en forma de fotocopia) son solo el catalizador de una historia de esas que dejan marca, como Mortal y Rosa, o como La hora violeta, de los que     ya os contaba en otra reseña – aún no me he repuesto.
Enhorabuena Florencia, has convertido en literatura algo que casi siempre se queda en el camino. Tú has logrado retenerlo.



lunes, 23 de octubre de 2017

Héroes de la frontera, Dave Eggers (Literatura Random House)

Dave Eggers es uno de esos autores de los cuales estoy siempre deseando que salga algo nuevo. Este otoño, por fin, se ha publicado su nueva novela. Tras leer la rompedora “Una historia conmovedora, asombrosa y genial” y la visionaria “ El círculo”, estaba deseando ver con lo que nos sorprendía esta vez. Os cuento.

Josie se siente cansada y disgustada con una vida que se encuentra a años luz de la que alguna vez soñó. Tiene cuarenta años, dos hijos y el apremiante anhelo de mandarlo todo a paseo. Separada de su marido y tras perder su consultorio dental, se siente culpable por la muerte de un joven paciente al que animó a ir a Afganistán.


De nuevo nos encontramos con La Odisea. Pero en vez de sirenas, Escila y Caribdis y cíclopes horrendos, vamos recalando en casa de una hermanastra perturbada, una familia liberada, un campamento que podría convertirse en un hogar…Josie y sus dos hijos conducen sin rumbo por las carreteras de Alaska, buscando un sitio donde permanecer. O no. Van perdiendo seguridad pero van encontrando algo que buscan desde hace mucho tiempo. Se van recuperando a sí mismos. Josie es una protagonista ambigua, un poco alocada, un poco frenética. Pero encantadora.

Uno de los puntos clave de la novela es Alaska. Ese estado salvaje con el que Josie identifica la libertad, la huida, el acercamiento a la vida en su estado natural. Es su propia Utopía. Y aunque esa no es la realidad con la que se topa, sí que lo es el sentimiento que le provoca, que le lleva a seguir adelante y seguir viviendo un día tras otro, paso a paso, sin la seguridad que buscamos todos y que nos hace estar atados en nuestra sociedad.

Porque la principal protagonista de esta novela es la sociedad actual. No dudo que el propio Eggers se tiene que enfrentar a esta burguesía capitalista en que nos vemos inmersos todos. En las contradicciones de conseguir un buen trabajo y que todo se vaya al garete por denuncias, chismorreos, cuestiones legales… Además la presión sobre la educación de los hijos, ya que hemos pasado del estilo relajado de la generación de nuestros padres a un estilo de padres embebidos en la vida escolar de sus hijos que muchos encontramos asfixiante. Josie siente que esta sociedad le ha arrebatado la libertad, la que sintió muchos años atrás ayudando con el cuerpo de paz, la que todos deseamos recuperar de nuestros veranos sin preocupaciones.

No puedo apartar de sus novelas al personaje de Dave Eggers. Personalmente me atrae mucho la historia de este autor. Sin llegar a los treinta años cumplidos irrumpe en el mundo literario estadounidense con “ Una historia conmovedora, asombrosa y genial”, una autobiografía un punto subversiva, fresca e insolente en la que cuenta cómo se hizo cargo de la educación de su hermano Toph tras la muerte de sus padres. Egger entonces comenzó una exitosa carrera con ensayos, relatos y novelas, creó su propia editorial McSweeneys, con la que publicaba relatos de los mejores escritores estadounidenses en activo y una revista, The Believer, que lo convirtió en uno de los personajes más influyentes en su país. Pero su labor filantrópia no se queda atrás. Creó una serie de centros en ciudades como Nueva York; San Francisco (donde él reside), Chicago…que ayudan a los niños y jóvenes con un grupo de voluntarios a mejorar en lengua y literatura. Para que los chicos se vean atraídos y además poder autofinanciarse, cada uno de estos centros posee una fachada de increíble tienda. La tienda de piratas, la tienda de superhéroes, de viajes al pasado…Es una idea fantástica y exitosa.


Por todo este conjunto de factores, me ha gustado mucho esta novela. Mantiene el tono refrescante del primer éxito de Eggers y se acerca mucho a mis propias utopías. Un autor que puede influir en toda una generación para que rompamos las reglas habituales. Una vida con la que soñar. 

domingo, 22 de octubre de 2017

Lo que a nadie le importa, Sergio del Molino (Literatura Random House)


Segundo libro de Sergio del Molino en dos semanas, y es que cuando aparece un autor que llena espacios antes vacío como él con sus libros hay que detenerlo todo y explorar en su obra.



Lo cierto es que ya le conocíamos con La España vacía, pero con La hora violeta Del Molino nos dejó tan abrumados que hemos seguido. En esta ocasión hemos leído Lo que a nadie le importa, su obra inmediatamente posterior.





En Lo que a nadie le importa el autor indaga en el pasado reciente de su familia para hacer desde él un repaso introspectivo de su propia vida. A partir de una frase que en la fase final de su vida su abuelo le dice a su abuela ("De ti no quiero ni que  me cierres los ojos") Del Molino construye un apasionante relato sobre abuelo, su participación en la guerra civil, las contradicciones sobre la ideología propia y la de tus antepasados, las miserias de la guerra más allá del relato oficial y heroico.



Pero el relato torna hacia la autoficción cuando el narrador irrumpe en la historia, se involucra y además no tiene ningún miedo a la contaminación de la misma por su evidente subjetividad. Esta cualidad de Del Molino es su principal virtud: convertir una historia de interés conocida por todos en un relato personal y único. Es la principal aportación de este periodista/escritor zaragozano, la de conquistar al lector con crónicas hechas libro sobre la percepción y el impacto que un hecho relevante ha tenido en su vida.



Lejos de los relatos ortodoxos de nuestra historia, estamos muy necesitados de estas versiones oxigenantes y creativas sobre lo que ha sucedido a nuestro alrededor en los últimos ochenta años. El propio autor es pieza del relato, y sus vivencias de infancia y juventud son parte del paisaje de una España que ha cambiado demasiadas veces en demasiado poco tiempo como para que creamos que la conocemos.




Las conexiones con La hora violeta son palpables y evidentes. Si en La hora violeta el autor profundizaba en los mecanismo de supervivencia frente al dolor y la pérdida, aquí hace lo propio con la memoria y el olvido, y sobre las deudas pendientes que cada uno de nosotros tenemos con nuestra propia historia personal, la de nuestra familia, y las enormes posibilidades que se nos abren si nos asomamos a ella e investigamos. Cuántas sorpresas nos esperarían.

Las vivencias (propias y ajenas) de Del Molino nos permiten respirar el ambiente de barrio de Zaragoza y de Madrid (escenarios principales de la trama), los dramas de las batallas más cruentas de la guerra y los despertares postbélicos de un país siempre harto de batallas. La profundización de la vida de su abuelo, José Molina, rezuma la derrota de los vencedores (de la que tan poco se escribe) y tiene banda sonora de Seguirilla y de las canciones populares de Celia Gámez.

Leed a Sergio del Molino, una de nuestras realidades literarias más rotundas. Os recomiendo cualquiera de las tres lecturas que hemos traído al blog (aún no hemos reseñado La España vacía, pero hemos hablado tantas veces de ella que es como si lo hubiéramos hecho), o su última novela, La mirada de los peces, de la que hemos oído hablar maravillas, y nada nos sorprende teniendo en cuenta el talento y las posibilidades del autor.


jueves, 19 de octubre de 2017

La lotería, Cuentos Escogidos, Shirley Jackson (Minúscula)

Si nos seguís con cierta asiduidad ya sabéis que nos apasionan los relatos. Partiendo de los que han hecho historia con ellos (Cortázar, Borges, Asimov, Bradbury, Somerset Maugham: palabras mayores) siempre estamos dispuestos a explorar a nuevos autores, nacionales o internacionales, con los que comprobar que el género está más vivo que nunca y que este sirve de rampa de lanzamiento de muchas carreras literarias a tener en cuenta. Leyendo relatos hemos descubierto a autores como Jon Bilbao, Mariana Enríquez o el propio Óscar Esquivias. Cómo no estar al día y pulsar el género con cierta frecuencia.

Pero a veces, entre las novedades más luminosas, nos encontramos con clásicos que nos han pasado desapercibidos. Estos hallazgos, imperdonables a todas luces, nos ayudan a valorar la exploración de la literatura más alejada de la novedad. Hay tanto de los escrito por descubrir que merece la pena volver hacia atrás y descubrir (a veces redescubrir) a los grandes clásicos.

Este es el caso de La lotería, el espectacular relato de Shirley Jackson incluido en la antología Cuentos escogidos que publicó hace dos años la editorial Minúscula, y en el que voy a centrar la entrada de hoy. Nunca un solo relato justificó la lectura de un libro lleno de ellos.



Desvelaré poco sobre el relato, prefiero que os deslumbré sin que yo desvele nada. Simplemente deciros que la maestría de La lotería consiste en despertar nuestros miedos más profundos, nuestra capacidad de perturbarnos sin apenas ser conscientes. Se trata, como habréis comprobado más de una vez, de mostrarnos el terror en convivencia con lo cotidiano, con la aparente normalidad de nuestras vidas.


 
Un pueblo, aparentemente tranquilo, preparado para llevar a cabo una costumbre ancestral, nada que haga sospechar qué puede pasar. Ese es el argumento de nuestras peores pesadillas, el miedo del que no podemos escondernos, a plena luz del día, al que le pongo imágenes con películas como ¿Quién puede matar a un niño? o Los pájaros, de Alfred Hitchcock.

 
Una estupenda lectura para este magnífico otoño que tenemos por delante.

miércoles, 18 de octubre de 2017

La hora violeta, Sergio del Molino (Literatura Random House)


La literatura del dolor, aquella que representa acontecimientos tristes y en la que los autores son narradores y protagonistas, es especialmente controvertida o más bien prohibitiva por almas sensibles. Solo es concebible desde la absoluta empatía por parte del lector, o la generosidad de este para asumir dicho dolor como propio o al menos para tener la voluntad de comprenderlo.
De las muchas formas literarias que adquiere estas manifestaciones del dolor propio algunas han estado presentes en nuestras lecturas para el blog: Eduárd Levé, con Suicidio y Autorretrato, o El comensal, de Gabriela Ybarra son un buen ejemplo de ello.
En esta ocasión nos hemos acercado a una de las primeras obras de Sergio del Molino, La hora violeta, la primera publicada por Random House, que a la postre supuso el despegue de una carrera de rotundo éxito confirmado con su reciente La España vacía y la novedad de hace solo unas semanas La mirada de los peces.
 


La obra de Del Molino tiene como incuestionable influencia su condición de periodista, que impregna sus obras de esas dosis de verdad que nos atraen como lectores. A veces (exceptuando los casos explícitos como el de La España vacía) no es fácil distinguir el ensayo de la ficción (aunque hay mucho más de lo primero que de lo segundo) en la obra del autor zaragozano, pero La hora violeta es una maravillosa y dolorosa excepción.

La hora violeta es la crónica de la enfermedad del hijo de Sergio, al que diagnostican leucemia cuando todavía no ha cumplido dos años. El autor nos cuenta con asombrosa franqueza todo lo que rodea a él, a su pareja y a su hijo desde que la enfermedad aparece en sus vidas hasta el fatal desenlace.


El libro se lee con dolor, con asombro, pero con asombrosa entereza, porque el escritor (protagonista o actor secundario, según se mire) nos mira de frente y se abre en canal sin dejarse nada dentro. No os puedo describir qué grado de empatía he llegado a alcanzar leyendo esta historia de amor profundo por un hijo. Supongo que mi condición de padre hace inevitable las obligadas pausas y las lágrimas, pero también (y eso es también maravilloso) la manera que Sergio tiene de enseñarnos que no hay forma de amor más puro que el de un padre a un hijo cuando solo necesita tus abrazos (ni siquiera tu consuelo).

La literatura también salva vidas. Y quizás esta ha sido la principal función del libro, una necesidad vital del autor para seguir agarrado a la vida después de un hecho del que parece tan difícil salir. Esta literatura de salvación que le conecta con un libro que leyó de joven y que tuvo que releer para entender en su totalidad, Mortal y rosa, otro libro sobre el poder sanador de la literatura, otro libro de pérdidas infinitas, la de Francisco Umbral y su hijo.

Solo puedo dar las gracias a Sergio del Molino por este acto de infinita ternura y generosidad. Por este trozo de literatura para la eternidad donde desaparecen las formas cuidadas para dejar sitio al corazón. Porque la gran literatura solo se escribe desde ahí, desde las entrañas, desde el único sitio donde todo – también la literatura –  se convierte en verdad.




lunes, 16 de octubre de 2017

2222, P.L. Salvador (Pez de Plata)


Definitivamente, P.L. Salvador me ha vuelto a dejar con la boca abierta. Ya os conté mis impresiones con Nueve Semanas. Un libro rupturista en fondo y forma, una lectura que se coló en nuestro blog casi sin darnos cuenta y se ha convertido – por la cercanía de su propuesta con nuestra forma de entender la literatura  – en uno de esos libros que aparecen en nuestras conversaciones con amigos cuando queremos descubrirles nuevas fronteras como lectores.

Y ahora, sin previo aviso, sin ni siquiera un año para coger aire, nos llega 2222, el nuevo libro de P.L. Salvador, de la mano – de nuevo – de la editorial Pez de Plata.

Discurso narrativo propio. Como lector prolífico y muchas veces desdoblado (varias lecturas simultáneas, la necesidad de seleccionar bien los libros leídos por aquello de la finitud del tiempo) valoro mucho al escritor con discurso narrativo propio. Y eso se tiene o no se tiene. El que trata de tenerlo sin encontrarlo corre el riesgo de convertirse en un imitador o en un alma errante sin horizonte literario. Aunque no conozco la obra anterior de Salvador, sospecho que ese discurso rotundo e inconfundible que tienen Nueve semanas y 2222 viene con él desde hace mucho tiempo. Hay pocos autores que con unas pocas líneas sea sencillo identificar, esos cuya firma se hace innecesaria porque lo que escriben les define. P. L. Salvador pertenece a esa raza en extinción.
¿Qué es 2222? En poco más de cien páginas (otro signo de distinción, no tener que justificar una historia con centenares de páginas vacías de contenido, de esas que tanto abundan) el autor nos presenta un mundo distópico en el que la sobrepoblación y la falta de sensibilidad ha acabado con el mundo tal y como lo conocemos ahora. Un grupo de habitantes se propone empezar de cero. ¿Cómo? Pues como solo comienzan de verdad las puestas a cero: reiniciando y eliminando lo que sobra. Y empezar de nuevo, con el grupo que una clase selecta ha elegido y que pretende volver a lo esencial, a los orígenes.
¿Solos o acompañados? En este mundo futuro las creaciones artificiales son casi perfectas, y los llamados “genoides” son seres tan humanos que cuesta distinguirlos de los que realmente lo son. Ellos también formarán parte de esta revolución. La paradoja (comenzar desde el origen junto a una de las consecuencias que el grupo trata de evitar) está servida.
Relato polifónico. Igual que en Nueve semanas, el relato de 2222 nos llega de forma singular, a través de los diarios de algunos de los protagonistas. Estos relatos en primera persona se suceden como si de un testigo en una carrera de relevos se tratase. El (los) narrador(es) asumen la responsabilidad de transmitir al lector la crónica de lo sucedido, sin que este note discontinuidades narrativas o temporales. Nos quedan las sutilezas que deja el cambio de narrador, y el efecto mágico (y onírico) que estas producen.
La fuerza de un paréntesis. P.L. Salvador usa, abusa, retuerce y estruja los paréntesis que componen la historia. Es difícil no sonreír al encontrarse con los paréntesis en las lecturas del autor (en 9 semanas eran un protagonista más del relato). Sin complejos y sin medias tintas, los paréntesis dejan de ser dos signos de puntuación que aclaran un aspecto accesorio de la historia para convertirse en los verdaderos guardianes de la parte interesante de ella. No sé dónde ha aprendido el autor esta técnica, pero en esa hipotética academia él debería ser el catedrático.

Imagina un mundo mejor. ¿Qué añadirías? ¿Qué quitarías? Piénsalo bien. 
Así comienza la historia y esa pregunta se repite (la repiten algunos de los protagonistas a lo largo del libro. Más profunda de lo que parece en ocasiones, la pregunta viene hacia nosotros como un boomerang y nos plantea a qué estaríamos dispuestos a renunciar si de esta renuncia dependiera el fin del mundo.

¿Cómo te imaginas en el futuro? Y eso es precisamente lo que hace el autor, imaginarse en el futuro, dentro de doscientos años. No él en estado físico, sino su legado en el mundo: su música, sus libros (hasta los que no ha escrito), sus descendientes. Metaliteratura en estado puro. En la historia  se cuela hasta un  relato real del autor, El retraso, un relato de un libro de Salvador del año 2000, una joya de relato, por cierto, un relato que es parte de la ficción, leído por uno de los protagonistas. Reminiscencias quijotescas que hacen un poco más grande el libro.

De nuevo, el hombre como creador de vida. Y regresan a mi memoria, para unirse a este 2222 (o para unirse él a ellos) maravillas como Blade runner, WestWorld, Black Mirror, Inteligencia Artificial. O el padre de todos ellos, aunque no todos quieran reconocerlo, el gran e inimitable Pinocho.



Descubrir a Prolymbux. Y en la línea de las obras transversales de las que os he hablado en algunas ocasiones (como ejemplo reciente, nuestro querido El EfectoMidas) tenemos la música de Prolymbux, grupo del que P.L. Salvador es guitarrista e ideólogo. Una música que pareció creada (muchos años antes) para este libro. Un descubrimiento más en esta obra que apunta muy alto en el horizonte de las obras que marcan el futuro y la pervivencia de la literatura y del arte en general.






Sin duda uno de los libros del año. Un autor a seguir muy de cerca (redundante, porque ya lo era). Felicidades al autor y a la editorial, porque merece una mención especial Pez de Plata, por el impresionante trabajo realizado.

Salvador, un lujo leerte y ser tu amigo. Poder leer y recomendar tu libro me hace sentir un privilegiado, porque como en la historia de 2222, yo también imagino un futuro donde eres uno de los escritores que allá por 2017 escribió un libro que puso un granito de arena para construir la literatura del presente. Del presente del futuro que deseo e imagino.

domingo, 15 de octubre de 2017

Quédate conmigo este día y esta noche, Belén Gopegui (Literatura Random House)


Siempre recibo emocionado cada nuevo libro de Belén Gopegui. Son varios los motivos, pero el más importante es que mi concepto de literatura está representado por ella y por sus libros. Su compromiso social (más que político) y el propósito transformador que se transmite a partir de sus libros (transformar nuestro modo de reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, lo que supone probablemente la transformación más importante posible) hacen que sus libros sean únicos y reveladores.
Desde que mi amigo Luisfer me abrió el camino hacia ella, me ha sido imposible separarme de su fascinante propuesta narrativa, y no hay libro en el que Gopegui no me vuelva a sorprender. Fue mi primera reseña en elblog (con El comité de la noche) y una de las culpables de que iniciara esta empresa que llena mis ratos libres.
Hoy os traigo Quédate conmigo este día y esta noche, publicado por su editorial, Literatura Random House.

Con este hermoso y equívoco título (por lo que uno pueda inferir del mismo, nada que ver con lo obvio), se nos presenta una historia insólita, la de Mateo y Olga, dos desconocidos de cuyo encuentro deriva el argumento principal del libro. Él, un joven de veinte años amante de la robótica y perteneciente a una familia del extrarradio, y ella, matemática jubilada, se proponen redactar una carta a Google ofreciendo sus servicios, solicitando un empleo.

Así de sencillo, dos personas de generaciones aparentemente inconexas inician un proyecto juntos que une sus vidas y sus inquietudes. Pero la propuesta narrativa (la de la carta y la que se nos propone en el libro) es rupturista y arriesgada. Porque a nosotros (lectores) la historia de Mateo y Olga nos llega por el propio responsable de selección de personal de Google (¿acaso un robot?) que se dirige a nosotros para compartir esta insólita propuesta de empleo.

Además, el formato elegido por los protagonistas no es convencional, ya que la carta (que es el libro en sí) habla de ellos en tercera persona (como si se desdoblaran y pudieran contar como espectadores su historia) y se dirige a Google (o a la persona que hay detrás) en segunda persona, interpelándole directamente. Toda una ruptura en un relato donde se confunden narradores y protagonistas.

La solicitud es el envase, pero el contenido del mismo se desborda, porque Mateo y Olga  protagonizan una relación de amistad creciente (y dependiente) donde lo que parecen dos destinos vitales opuestos (Olga cerca del final de su vida, Mateo a punto de afrontar la fase más importante de la suya) se convierte en un tour de force sobre el libre albedrío, sobre la libertad de elección, de ser y de estar y sobre aquellas cosas que nuestra voluntad no puede cambiar.

¿Qué representa esta insólita solicitud al gigante de la información? Bajo mi punto de vista supone un ataque frontal a la maquinaria dictatorial y preestablecida de la información global. Una carta manuscrita, escrita de forma comunal y que cuestiona de cabo a rabo los mecanismos automatizados asumidos como inapelables es el mayor acto de revolución concebible. Tanto, que no hay respuesta posible, ya que rompe las reglas y hace replantear (a nosotros, no al Google del libro) si estamos jugando en el tablero correcto.

Creo sin temor a equivocarme que Belén Gopegui ha creado un nuevo género literario. Es ficción a la que el combate moral en forma de ensayo desborda todos los bordes posibles. El contenido abrasa al continente. La autora radiografía como nadie es capaz las fisuras de nuestra sociedad enferma y lacerante. Lo mágico de los libros de Gopegui es que tras una atmósfera distópica y a veces intrigante, nos está dando un puñetazo en el bajo vientre de nuestras convicciones más firmes.

Belén Gopegui sigue transformando el mundo desde sus libros, algo que para muchos puede ser muy poco (“el mundo se transforma en la calle”) pero que para otros nos supone la definición misma de la revolución.