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4 3 2 1, Paul Auster (Seix Barral)


Acabo de terminar de leer 4 3 2 1, el último libro de Paul Auster. Estrena editorial en España (de Anagrama a Seix Barral) y se trata sin duda del gran acontecimiento literario de los últimos años,  tras siete de silencio.


Voy a tratar  de explicar el poso que su lectura ha dejado en mí en ocho actos, en una reseña que corre el riesgo de cruzar las fronteras puramente literarias para convertirse en una confesión de pasiones y expectativas personales.
Uno. Vuelve Paul Auster. El regreso de Paul Auster supone automáticamente un hito en la historia contemporánea de la literatura. Como lector, necesito escribir mi relación con los libros de acontecimiento en acontecimiento. Estos acontecimientos son mi brújula, mi sistema de referencia con el que poder contar mi historia y mi relación con los libros. El año en el que Paul Auster publica un libro, Silvio un disco o Nolan una película. Mi vida a través de mis pasiones confesables.

Dos. Volver a casa. Entregarme a un libro de Auster supone para mí el regreso a casa, el reencuentro con un familiar querido que vive lejos. Es una alegría (el reencuentro) acompañada inevitablemente por una tristeza que durará años (la despedida al finalizar el libro). Paul Auster tiene además 70 años, por lo que hay que disfrutar cada página nueva publicada con la posibilidad no deseada de que este sea su último libro. 


Confieso que mi relación con Auster tiene una explicación. Cada vez que he sufrido una crisis lectora duradera, siempre ha aparecido un libro suyo para salvarme. Con 15 años, La noche del oráculo, con 20 años, La trilogía de Nueva York, con 28, El libro de las ilusiones. Un libro de Auster es un salvavidas.




Tres. 4 3 2 1: La vida de Archival Ferguson. 4 3 2 1 es la monumental historia de Archival Isaac Ferguson, un joven norteamericano de origen europeo a lo largo y ancho de la segunda mitad del siglo veinte estadounidense. Sus ojos son nuestros ojos, y su vida supone una epopeya sobre la condición humana y sobre las grandes pasiones que mueven nuestras vidas. Sin duda, nos encontramos al Auster más clásico conocido. ¿O no?

Cuatro. 4 3 2 1: Las vidas de Archival Ferguson. Después de un capítulo introductorio que nos ubica a Ferguson en el tiempo y en el espacio (la llegada de sus antepasados a Estados Unidos, el periplo de estos, de sus padres y por fin su nacimiento), de repente el libro se ramifica en cuatro vidas diferentes. Ante el cambio de acontecimientos aparentemente intrascendentes, el lector tiene a su disposición cuatro vidas posibles de Archival Ferguson. De esta forma, vivimos de forma intercalada (en grupos de cuatro capítulos) las vidas paralelas del protagonista. Cuatro vidas, cuatro destinos, cuatro formas de alcanzar sueños y de no llegar a otros.
Cinco. Un recorrido por la historia de Estados Unidos. A través de los cuatro Ferguson somos testigos de algunos de los grandes acontecimientos de la historia de Estados Unidos: la Segunda Guerra Mundial, el asesinato de Kennedy, los históricos disturbios raciales que pusieron en peligro los cimientos del país, el asesinato de Luther King y Malcom X, la guerra de Vietnam… Ferguson es testigo de todos estos capítulos de la historia, y en función de la vida elegida su papel es de mero observador o de directo protagonista. No es casualidad que el destino de Ferguson (escritor o periodista, huérfano de padre o con una relación padre-hijo rota, una vida interrumpida sin prácticamente capítulos escritos o una vida en la que no vemos final) marque las diferentes versiones que tenga sobre el mundo que le rodea.




Seis. Las obsesiones de Auster. Que vuelven una y otra vez en 4 3 2 1. La frustada relación padre-hijo, protagonistas que escriben y que confunden su propia vida con la ficción creada dentro del libro, la ciudad como un organismo vivo más (Nueva York, como no), la soledad de sus protagonistas. Y sobre todo, su pasión por El Quijote, siempre El Quijote, con libros dentro de libros, autores e historias que miran de cara al lector y le muestran lo irreal dentro de la realidad pactada que supone la ficción de un libro. En este caso esas eternas referencias circulares, esas metaficciones, perturbadoras en otras ocasiones, están más ocultas que nunca, porque uno tiene siempre la sensación de que está leyendo cuatro libros posibles, cuatro historias dentro de un libro que podrían haber sido cuatro.



Siete. ¿Cuatro libros? Pero ese es el gran tesoro que encierra el libro. Porque la paradoja del libro dentro del libro solo se resuelve al final. Solo después de mil páginas leídas el lector queda boquiabierto y descubre al verdadero Auster, oculto antes tras cuatro maravillosas historias. ¿Cuatro libros o solo uno? La respuesta nos desconcierta y nos reconcilia con este mago de la literatura del siglo XX. ¿O es que no te planteaste hasta el final que en realidad los libros eran tres? Dejo las respuestas a este enigma para cuando hayáis leído vosotros mismos el libro.
Ocho. Una vez más, Auster. Y por fin llegamos al final, huérfanos de Auster, y asumiendo que tendremos que esperar al menos otros siete años con la duda de si el autor americano ya ha firmado su gran novela y no necesitamos más. Mientras tanto, volveremos hacia atrás y nos refugiaremos en su obra. De momento, vamos a empezar (de nuevo) con El libro de las ilusiones, ese libro que nos salvó en su día del naufragio a los veintiocho años en un hotel de Madrid, cuando el que ahora escribe tenía serias dudas sobre si merecía la pena seguir leyendo. Solo por eso, gracias. Porque por ese salvavidas estoy escribiendo hoy aquí.


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