Tan poca vida, Hanya Yanagihara (Lumen)

¡Ya estamos de vuelta! Con el entusiasmo de los principios de curso, llenos de ideas nuevas en la cabeza, de listas de libros leídos, de muchos por leer, de renovadas fuerzas e ilusiones. He de reconocer que el verano tiene algo mágico para los que leemos, es lo que le convierte en una estación única y diferente. Antes de empezar las reseñas de esta nueva temporada, os resumo qué suponen los meses de verano para este humilde lector.
Tiempo de recuperación. El verano es para los estudiantes y para los lectores la estación donde recuperamos el tiempo perdido. Es el tiempo para los libros que se quedaron sin leer y que debieron ser leídos. Mil son las razones que llevaron a esos libros al ostracismo lector: demasiado extensos, que no llegasen a tus manos en el momento adecuado, que otros libros se adelantaron… En verano se restablece la justicia para algunos de estos libros.
Eligiendo compañeros de viaje. No sé si os pasa a vosotros, pero cuando hago la maleta los libros adquieren un papel protagonista. Hago una primera selección de la que siempre se cae algún libro y aparecen otros en segunda o tercera ronda. Al final, cuando la partida es inminente, todo se revuelve y de manera casi mágica aparece la selección final. Los elegidos, los que serán leídos durante el viaje.
Libros viajeros. Nunca leo todos los libros que llevo. Y siempre leo mucho menos de lo que creo que voy a leer antes del viaje. Además, nunca aprendo, siempre sucede lo mismo, libros que vuelven a casa sin ser leídos. Y luego están los libros que van de playa en playa, de ciudad en ciudad, y que además sufren un parón importante en la velocidad lectora del que escribe. He llegado a llevar libros días enteros a la playa para finalmente leer solo unas pocas páginas. Los niños, la arena, las olas, el sol, el mar…
Lecturas para la memoria. Y luego están las reseñas. Me traigo de mis vacaciones algunas lecturas memorables, grandiosas, que me han conmocionado y emocionado por momentos. A diferencia del resto del año – en el que reseño con la inmediatez del libro recién cerrado – mis reseñas veraniegas están escritas días, semanas después de haber terminado la lectura. Pierdo la frescura de la distancia corta con la historia pero gano la capacidad de expresaros el poso tranquilo que estas lecturas han dejado en mi. Es una forma diferente de escribir que disfruto de una manera especial. Por unos días dejo de leer y me embarco en este ejercicio de memoria literaria.
Libros que ya serán lugares. Seguro que os ha ocurrido también a vosotros. Los libros ya forman parte de los lugares donde los habéis leído. Para mí, este verano Zamora será el verano de Los últimos de Paco Cerdá, y las playas de Comporta (Portugal) tendrán siempre la banda sonora (permitidme la licencia) del libro Tan poca vida, de Hanya Yanagihara. Este es precisamente el libro elegido para comenzar nuestra particular reentré en niundiasinlibro.
He de reconocer que me costó decidirme y empezar este libro. Mil páginas son motivo suficiente como para pensárselo (ya no está uno para estos trotes) pero eran tantas y tan buenas las referencias (eso sí, ninguna de mi círculo cercano) que decidí meterlo en la maleta y saldar una deuda de un libro que llevaba meses en la mesita (sepultado bajo volúmenes más ligeros y menos imponentes).


En primer lugar, os debo advertir. Cuando os decidáis por Tan poca vida, debéis saber que os vais a embarcar en literatura pura y dura, en una historia que os va a desgarrar y de la que no vais a disfrutar como el que entra en una novela como el que entra en una telenovela. Asumidlo, vais a estar pensando en Tan poca vida aún cuando no estéis leyendo. Es más, lo haréis días, semanas después de haberlo terminado.
Tan poca vida es la historia que rodea a cuatro amigos desde su fresca juventud hasta prácticamente el final de sus vidas – o el ocaso de estas – en Nueva York, la ciudad que mejor representa al mundo (o al menos la ciudad con la que yo imagino el mundo que no es mi mundo más cercano, esa universalidad del mundo que representan un puñado de babeles multiculturales donde todo sucede o puede suceder).
La historia de Malcom, Willem, JB y Jude es la historia de cuatro jóvenes neoyorkinos   un arquitecto, un actor, un artista y un abogado – en la evolución de su amistad a lo largo de varias décadas. Esa es la historia, o al menos lo aparenta. Durante la primera parte de la novela conseguimos con cierto esfuerzo empatizar con estos cuatro jóvenes que viven – como todos nosotros – intentando encontrar su lugar en la vida.
Pero el espejismo dura lo que dura la primera parte de la novela. Porque Tan poca vida es la historia de Jude. Es Jude el que enseguida capta (y necesita) toda nuestra atención.
Jude, abogado de éxito y uno de los pilares fundamentales sobre los que pivota el grupo de amigos, esconde un pasado que muy pocos conocen. Jude sufre por algo que todos intuyen pero todos desconocen: se autolesiona, evita conversaciones sobre su familia y presenta dificultades (casi patológicas) para las relaciones sentimentales. Ese es el punto de vista para sus amigos y para el lector. Y ese halo de misterio va desvaneciéndose poco a poco. Es ese descubrimiento el que nos cae sobre una losa, al convertirse en palabras todo lo que hasta el momento solo intuíamos. Tan poca vida es un demoledor descenso a los infiernos del sufrimiento humano.
Con esta breve exposición (que no desarrollaré mucho más porque el libro merece que os acerquéis a él lo menos preparados posible) no quiero asustaros. Porque desde este dolor, aunque parezca increíble, también es posible encontrar los sentimientos más puros. Aunque sea difícil de explicar, los fragmentos que más conmueven y que emocionan son precisamente en los que Jude encuentra el amor de los que le rodean.
Sin desvelaros mucho más, Tan poca vida encierra dos de las formas de amor más hermosas y puras que he leído en muchos años de afición lectora. La historia de amor y amistad entre Jude y Willem, por un lado, y por otro la relación paterno-filial entre el propio Jude y su padre adoptivo (qué acto de amor inconcebible), pasarán a la historia de la literatura como epopeyas de amor y de dolor solo al alcance de las grandes obras.
Tan poca vida es una historia de amistad, incondicional unas veces y altamente condicionada en otras. De amistad en definitiva en todas las escalas de grises posibles. Y es en los extremos donde nos enfrentamos a las formas más desgarradoras y dolorosas a las que la amistad debe enfrentarse. A la aceptación de un silencio, a la comprensión de no recibir una respuesta, al rechazo del que quiere pero no te puede abrazar.
Yo ya no sé qué es eso de la gran novela americana. Lo que sí creo es que, aunque Faulkner, Yates, Fitgerald y compañía merecen un respeto, Tan poca vida se ha hecho un hueco a codazos entre esas grandes historias que nos radiografían como seres humanos.

Por último, y para no asustaros, os quiero decir que he empezado por la reseña más difícil. Tan poca vida no se parece al resto de libros elegidos durante estos meses veraniegos. Ha sido la lectura más difícil pero la más placentera. Vendrán reseñas más fáciles, historias con otra luz, con tonos muy diferentes. Pero sois vosotros los que tenéis que decidir y contestar a la pregunta ¿Para qué leéis? Leemos para divertirnos, es evidente, pero eso no significa que la experiencia lectora sea necesariamente un entretenimiento banal y ligero.
Nos apasiona leer porque leyendo sufrimos, amamos, nuestro estómago se revuelve y nuestras manos tiemblan, y todo a través de un libro, de un puñado de páginas. Leemos porque vivimos las vidas que no podemos (ni queremos) vivir en realidad. Vivimos porque leer es una montaña rusa en la que el vértigo dura lo que dura el viaje. Por ese motivo, y desde esa convicción, me atrevo a recomendaros un libro como Tan poca vida. Leedlo, sentidlo y disfrutadlo.

1 comentarios:

  1. Pues yo tampoco estoy para esos trotes. La verdad es que últimamente me atraen más las novelas cortas. Tengo poco tiempo y un libro largo equivale a cuatro cortos. Ay, el tiempo... Así que no leeré "Tan poca vida", pero me gusta saber que existe y de qué trata. Tengo en casa "Mil libros", un viejo libro que contiene las sinopsis de mil clásicos, para aquellos que, aun no teniendo tiempo de leerlos, quieren saber un poco sobre ellos. Pues este blog es para mí algo similar.

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