jueves, 28 de septiembre de 2017

Black Hammer, Jeff Lemire y Dean Ormston (Astiberri)

Pequeños placeres de la vida: hacer un viaje por trabajo y que te puedas escapar un rato para ver a una de tus mejores amigas y visitar Generación X. Y claro, traerte un regalito debajo del brazo. Es difícil elegir entre tantas maravillas en esta completísima tienda pero había leído reseñas muy halagüeñas de Black Hammer y además era el regalo perfecto para mí haciéndolo pasar por regalo para mi marido.

Seis exsuperhéroes llevan una década atrapados en una misteriosa granja de la que no pueden escapar. En su momento, salvaron a Spiral City de la destrucción, pero desaparecieron y cayeron en el olvido. Para la mayoría, se han convertido en leyendas urbanas... Sin embargo, mientras emplean sus superhabilidades para sobrevivir en este extraño purgatorio, un misterioso desconocido está tratando de llevarlos de vuelta a la acción




Ha pasado el tiempo y los héroes antaño famosos intentan sobrevivir en una pequeña granja aislada del mundo exterior. Cada uno de ellos a su manera: Abraham Slam vive la vida que siempre quiso, el granjero tranquilo; Golden Gail, atrapada en el cuerpo de una niña, se comporta como la preadolescente que no es; Barbalien busca conexión con los humanos; Madame Dragonfly se aleja de su familia impostada; el Coronel Weird parece estar perdiendo la cabeza y se evade constantemente entre dimensiones; y  Talkie-Walkie pasa el tiempo intentando ayudarles a escapar de ese purgatorio.

Y detrás de todos estos personajes se encuentra el recuerdo de Black Hammer, aquel gran héroe que se sacrificó por ellos en la última batalla pero cuyo legado está a punto de interrumpir de nuevo en sus vidas…

Tal y como se viene desarrollando en los últimos años en torno al mundo de los héroes, no asistimos a batallas intergalácticas sino a la vida real y a los intentos de adaptación de unos seres con habilidades fuera de lo común. Este argumento no es nuevo, siempre se han enfrentado a ello. Tanto los clásicos comics de los años 70 como la aclamada Watchmen, que es con la que comparan a Black Hammer. A mí no se me parece. De acuerdo, habla de un grupo de héroes cuyos mejores días han pasado, que deben lidiar con la decepción. Pero aquí conservamos todavía el misterio de ese purgatorio en el que se encuentran, de la necesidad de escapar de allí de cada uno de los personajes. Excepto Abraham.



Comenta el autor que es una carta de amor a los superhéroes de su infancia. Supongo que todos querríamos escribirles algo así a los nuestros. En mi caso a “Los vengadores”, aunque los de Lemire se parecen mucho una mezcla conocida de héroes de Marvel y de DC, toda una amalgama. Comparte con ellos la melancolía y la grandeza de los buenos tiempos en los que eran una leyenda.

El dibujo me ha entusiasmado, capta perfectamente la atmósfera rural y desasosegante de la granja y pueblo en el que viven. Su autor  es un dibujante británico que lleva en activo desde los 90, en que empezó en el Judge Dredd Magazine, donde dibujó varias historias del personaje titular. Posteriormente se convirtió en habitual de la línea Vertigo, donde ha dibujado números sueltos de ‘Sandman’ o ‘House of Secrets’ antes de convertirse en dibujante regular de ‘Lucifer’, ‘Los libros de la magia’, ‘The Unwritten’ y, finalmente, una miniserie creada con Si Spencer llamada ‘Bodies’. Vamos, algunos de mis favoritos. 


Astiberri sigue haciendo su labor por la humanidad, en este caso la humanidad española editando las mejores novelas gráficas anglosajonas que deben llegar a nuestras casas. Black Hammer es ideal para recuperar el gusto por los comics clásicos de héroes con un punto diferente. Una de las mejores series que he comenzado en los últimos años. Esperando al tomo dos. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Stoner, John Williams (Baile del Sol)

Y justo después de un verano lleno de lectura notables, me llega de improviso el sobresaliente. En mi lista de pendientes se encontraba Stoner, un libro del que había leído unas críticas muy halagüeñas. Me imponía ligeramente leer de nuevo un clásico que comparaban con Faulkner o Fitzgerald. Pero a la segunda página ya estaba enganchada, del mismo modo que hace muchos años me enganché a estos otros autores.

William Stoner comienza la Universidad de Missouri a los diecinueve años para estudira agricultura. Un seminario de literatura inglesa cambia su vida, y él nunca retorna para trabajar en la granja de su padre. Stoner se convierte en profesor. Se casa con la mujer equivocada. Su vida es tranquila, y después de su muerte sus colegas apenas le recuerdan. 




El argumento es muy simple, y por ello muy difícil de apreciar. William Stoner es hijo de unos granjeros, que consiguen mandarle a la universidad a estudiar Ingeniería agrícola para que siga sus pasos. Pero allí, Stoner encuentra su vocación de manos de uno de sus profesores, que le espeta: El señor Shakespeare le habla a usted a través de tres siglos, señor Stoner. ¿Usted lo oye?”. Y vaya que si lo oye. A partir de entonces la literatura, o más bien la enseñanza de la literatura se convierte en su vida, y le convierte en otra persona. Es la vida de un hombre común, pero eso es lo que la convierte en una obra maestra, encontrar la belleza en cada una de las partes comunes de nuestra más rutinaria existencia.

Si antes he hablado de Faulkner o Fitzgerald no me hagáis mucho caso. Sí, nos muestra las mismas reflexiones y el poder de introducirnos en su mundo es el mismo. Pero no encontraremos el glamour de Fitzgerald ni la solemnidad de Faulkner. Es una prosa más íntima, más personal y humilde. Una historia muy bien contada y bellamente escrita.

La escritura de John Williams emociona y sabes que has encontrado algo especial en cuento lees algo así: “En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.”

Llama mucho la atención que este libro no sea famoso y menos su autor. Es casi unánime este sentimiento en todas las críticas que he leído. Cada cierto tiempo se redescubre y vuelve a brillar con luz propia. Así, este secreto ha sido recomendado en los últimos años por Bret Easton Ellis, Rodrigo Fresán, Enrique Vila-Matas y Emma Straub, entre otros, y se convirtió en bestseller internacional temporalmente. En Holanda desbarrancó a Dan Brown.



Al día siguiente de finalizarlo seguía pensando en él y de hecho cada vez más. Y sigo haciéndolo en estos días. No es fácil encontrar libros así. Suele ser difícil recomendar libros, temerosos de que te gusten a ti pero no cuadren con los demás. Éste se puede recomendar sin género de dudas. Y aunque soy reticente a catalogar de obra maestra una lectura, ésta lo es. Os dejo, me voy con otro libro libro de Williams, Butchers Crossing, a disfrutar. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Seda Salvaje, Eloy Tizón (Anagrama)


Seguimos con la obra de Eloy Tizón, autor con el que teníamos una deuda pendiente, saldada ya en parte con las lecturas (reseñadas aquí) de La voz cantante y Velocidad de los jardines. Queremos seguir explorando sus novelas, formato en nos hemos sentido más cómodos leyéndole (en contraposición a sus afamados relatos). Este verano nos hemos acercado a Seda salvaje, una novela corta del autor publicada en Anagrama hace ya veinte años y ya os adelanto: nos ha vuelto a encantar. Tizón se queda.
 
 
Seda salvaje vuelve al relato en primera persona donde el narrador se confunde con el protagonista para contarnos su historia con su enamorada Fátima. Nos anuncia su boda y nos revela su secreto: su obsesión por conocer cómo es Fátima fuera de la relación sentimental que mantienen.
Ese interés, convertido en patológica obsesión, le lleva a contratar a un detective, a seguir los pasos de su amada a sus espaldas, y a través de esas pesquisas descubre la relación de Fátima con un misterioso joven internado en una institución médica. ¿Quién es ese joven? ¿Qué esconde la dulce Fátima? ¿Adónde es capaz de llevarnos nuestra imaginación llenando los huecos vacíos de las cosas que sí conocemos?
Porque Seda Salvaje no es una novela de misterio. O no solo es una novela de misterio. Se trata de una historia sobre la peligrosa atracción por conocerlo todo, por mirar a través de la rendija de la puerta, por poner a prueba nuestros pilares de confianza, que no es otra cosa que ponernos a prueba a nosotros mismos.
Es por eso que la historia que teje el protagonista de Seda Salvaje avanza entre el testimonio subjetivo del narrador y la interpretación casi onírica de aquello que ve o que le cuentan. El espía contratado que acaba espiándole a él es el paradigma del hurgando en terrenos pantanosos a menudo nos podemos encontrar con el espejo de nuestro propio reflejo.
El final, líricamente trágico, poético, garcíamarquesco (permitidme la pirueta lingüística), nos descoloca y nos deslumbra, y pone el colofón perfecto a una obra difícil de clasificar y altamente recomendable.
Creemos que ya es el momento de leer al Tizón más actual, y nos está esperando Técnicas de iluminación, el libro de relatos que publicó el año pasado en Páginas de Espuma, y del que hemos oído maravillas. Bienvenido a este humilde club, Eloy.

jueves, 21 de septiembre de 2017

No comparto los postres, Niño de Elche (bandaaparte)


Me gustan las lecturas heterodoxas, las que se salen de las estructuras formales establecidas y me dan un respiro a mi actividad lectora convencional. Estos libros me sirven de complemento a lo que puedo llamar “mi plan narrativo”, y en ellos cabe casi cualquier cosa: Poemarios, ensayos políticos, novela gráfica… Estas lecturas abren mi mente y me permiten coger aire cuando el plan narrativo se pone cuesta arriba (lecturas densas, libros que requieren pausas obligadas).
Este verano ha habido varios de esas popuestas, pero hoy os traigo la más especial. Se trata de No comparto los postres, del Niño de Elche.
 

Los que ya conozcáis al Niño de Elche, no os sorprenderéis de lo que este libro os puede ofrecer. Sin embargo, si lo vais a descubrir con este libro (o con esta reseña) merecéis una introducción.
Francisco Contreras nació en Elche en 1985 y muy pronto eligió el flamenco como modo de vida. Francisco – Niño de Elche – recorrió festivales y escenarios de toda España y se situó en el escalafón más alto de promesas del cante flamenco. Parecía que el futuro artístico del flamenco en España iba a estar en manos de jóvenes como Mayte Martín, Miguel Poveda o él mismo.
 
Pero el destino cambió cuando Francisco descubrió que su propuesta flamenca podía crecer si ensanchaba los límites y miraba hacia los lados, hacia otras corrientes musicales, otros conceptos artísticos y otras miradas al pasado y al futuro. Francisco se alejó del flamenco con el flamenco en la mochila.
 Como no podía ser de otro modo, las corrientes más ortodoxas del flamenco le dieron de lado, pero lo que se perdió el flamenco más rancio lo ganó la música porque de la propuesta de Francisco nació el artista más importante que ha dado este país en las últimas décadas. No exagero porque los riesgos que Niño de Elche asume con su música nos lleva a lugares a los que la música nunca nos había llevado.
 
¿Qué es eso tan novedoso que ha traído el Niño de Elche? Para empezar la liberación del flamenco de cualquier tipo de corsés: música electrónica, música de autor, rock, influencias de música iberoamericana, letras explícitas de reivindicación social y política. Todo encuentra cobijo en la propuesta del artista ilicitano.
 
Pero hay más, mucho más. Porque la puesta en escena de Niño de Elche no es solo pura escenografía, sino un concepto de inmersión  integral donde el artista se convierte en transmisor de sentimientos más allá, mucho más allá de la música. El entorno se convierte en vehículo para expresar sentimientos, y os advierto, la experiencia abruma hasta tal punto que a veces necesitamos parar  y respirar.
 
Es difícil expresar con palabras quién es y sobretodo quién puede llegar a ser Niño de Elche, al menos a mí me ha costado. Pues este libro os puede ayudar a entender sus motivaciones y su arte. Como no podía ser de otra forma, la propuesta – en este caso literaria – también es arriesgada. Anécdotas, diálogos, textos que definen su particular versión del mundo. Tres “convexaciones” en las que el autor  (junto a otros compañeros de viaje) reflexiona sobre cultura popular, sobre música (y flamenco claro) y sobre, cómo no, sí mismo.
 Es difícil encontrar propuestas como esta y no quedar absolutamente hipnotizado, y por qué no decirlo, desconcertado.
 
Mención especial merece la edición de bandaaparte. Ya habíamos leído algún libro suyo y nos hemos quedado prendados con sus ediciones, que nos demuestran que en esto de editar libros aún hay espacio para la creatividad y el talento.

Os invito a que escuchéis a Niño de Elche y os sumerjáis en su música. Eso sí, llenad vuestros pulmones de aire. Lo vais a necesitar.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Velocidad de los jardines, Eloy Tizón (Páginas de Espuma)


Ya van apareciendo por el blog nuestras adquisiciones en la pasada Feria del Libro de Madrid. Hoy le toca a uno de los grandes pendientes, Velocidad de los jardines, clásico contemporáneo de la literatura española, el libro bandera del gran Eloy Tizón.

 
 

Ya habíamos leído y reseñado La voz cantante, y habíamos descubierto las excelentes dotes de narrador de Tizón, su capacidad para envolver una historia con varias capas y hacer de la lectura un ejercicio de elección (¿en qué capa me detengo?). Historias dentro de historias, narrativa con espíritu de ensayo literario, metaliteratura, libertad creativa, en definitiva.

El siguiente paso en el descubrimiento del autor parecía obligado, su gran libro de relatos. 25 años después, y con un lavado de cara (de su publicación original en Anagrama al rescate de Páginas de Espuma) y un prólogo sencillamente excepcional (solo él merece la lectura del libro), se nos presenta deslumbrante Velocidad de los jardines.

Os lo advierto desde el principio, Velocidad de los jardines no es, a pesar de su relativa brevedad (apenas 150 páginas) un libro de lectura fácil. O no todos sus relatos lo son. La prosa de Tizón roza sin tapujos lo poético, levanta el suelo de la prosa y se deja llevar por un  lirismo que al lector inhibido y no advertido puede distanciarle. Y he de reconocer que algunos relatos se me han hecho algo cuesta arriba, quizás por el momento elegido para leerlos, quizás por esperar otra cosa. Por resumirlo, esperaba más el aire de Piglia, Halfon o Vila-Matas (esa autoficción magistral que recuerdo de La voz cantante) que la de un poeta encerrado en el cuerpo de un novelista.

Y ojo, no quiero daros la impresión de que Velocidad… no me ha gustado. Es más, hay relatos (los más alejados de esa técnica poética, es cierto) que me han fascinado, y me han hecho cerrar el libro queriendo más libros de Tizón. Relatos como La velocidad de la luz o el que da título al libro son piezas maestras sobre la nostalgia y el duro tránsito hacia la edad adulta. Os recomiendo su lectura pausada para que seáis capaces de encontrar los filones que encierra este libro. Seguramente encontréis algunos distintos a los que yo encontré, que estoy convencido de que no he sido capaz de llegar a todos.

Una vez más, os recomiendo el prólogo, una maravillosa pieza breve en la que el autor sitúa a su obra magistral veinticinco años después. Una carta de presentación que hipnotiza desde el principio y nos sirve de rampa de lanzamiento para adentrarse en el libro.

Por último quiero destacar a Páginas de Espuma, la editorial que le ha quitado polvo al libro y lo ha puesto de nuevo en actualidad. Su catálogo de autores nacionales es interesantísimo y su apuesta por nuevos (y no tan nuevos) narradores nos ha conquistado. Además, nos trataron de maravilla en su caseta, donde tuvimos una charla amena y distendida. Ánimo con vuestra magnífica labor, y esperamos que el próximo año tengáis más suerte con el lugar asignado en la feria. Os veremos pronto de nuevo por aquí.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El impulso creativo y otros cuentos, Somerset Maugham (Atalanta)

En una de nuestras visitas familiares a Madrid, no pudimos evitar recorrer de nuevo las casetas de la cuesta de Claudio Moyano. Rebuscar entre tantos libros, encontrar algún pequeño tesoro, es un gran placer para nosotros. Por tan solo seis euros me llevé un par de libros de Somerset Maugham, un recopilatorio de cuentos y una novela. Y unos días después, por casualidad me encontré con que Atalanta había sacado otro recopilatorio. Eso sí, este en una edición increíble y con una selección más que cuidada. Así que ha sido el verano de Somerset.

En El impulso creativo y otros cuentos se recopilan doce relatos en los que Maugham explora la complejidad de la condición humana: la pugna entre lo que uno es y lo que desea ser, la sutil línea que separa la realidad del sueño, pero sobre todo el embaucador poder de las apariencias y los oscuros impulsos que esconden las acciones del ser humano. Estos temas, de naturaleza atemporal, cristalizan en una prosa con resonancias de Maupassant. El lector profundizará en perspicaces retratos de personajes y en situaciones construidas en torno a una idea de estilo y composición clara: crear pequeñas piezas centradas en una sola trama, cuyo objetivo es el de ofrecer una estampa dramática cerrada. Atalanta sigue, tras la publicación de Lluvia y otros cuentos, con el necesario rescate de la narrativa breve de un autor clave de la literatura europea.



La selección de los cuentos, el nexo entre ellos es de las cosas más admirables de esta edición. Personajes que se dejan llevar por sus anhelos, sus deseos ocultos, cómo se muestran en realidad ante la sociedad… hay verdaderas maravillas entre estos cuentos.

Me gustaría resaltar alguno como Las tres gordas de Antibes. De verdad que es un cuento estupendo, divertido sin perder la profundidad en el estudio de estas tres mujeres con una quimera común: dejar de ser gordas. Si sólo hay que dar a conocer a Maugham por un cuento, por favor, comiencen por éste. Es memorable.

En muchos de ellos juega a ser él mismo como testigo principal de la perdición de los demás. Así, tenemos al escritor que viaja, que conoce gente, que se logra introducir en los grandes salones de la gente de la época. Y éste nos cuenta sus miserias de primera mano, además aportando su propio granito de arena como personaje secundario. Un recurso muy bien utilizado en su caso, que también he leído en otra de sus obras “El agente secreto” y que le da mucha coherencia al relato.

Por último los finales, redondos, sorprendentes. Casi siempre irónicos o dramáticos, pero nunca banales. Un maestro en cerrar todos y cada uno de los relatos que he leído de él.

En su época este autor llegó a ser un best-seller. Entre tanta ficción, tantos novelistas noveles por conocer y tantos clásicos, no tenemos tiempo para poner en su lugar a los que se lo merecen. No me cansaré de recomendarle. Un profundo conocedor de los deseos humanos, un estilo limpio, directo. Además, aúna lo trágico y lo cómico con absoluta genialidad. Un autor atemporal que merece mucha más atención. Una selección de cuentos realmente impecable.


William Somerset Maugham (1874- 1965), hijo de diplomático, vivió siempre cerca de las altas esferas de poder y literarias, en París antes de la Primera Guerra Mundial y en Londres posteriormente, como estudiante de medicina. A pesar de haberse iniciado en la escritura a los quince años, su carrera parecía dirigirse al ejercicio de la profesión de médico. Sin embargo, el repentino éxito de Liza of Lambeth (1897), su primera novela, le permitió entregarse por completo al oficio de escritor. Tras la Gran Guerra, vivió en ciudades culturalmente muy activas, como Nueva York, Londres o París, y consolidó su carrera como novelista y dramaturgo de fama internacional. En 1928 se estableció definitivamente en La Riviera francesa, escenario de muchas de sus obras. Desde allí emprendía largos viajes a regiones de América o Asia, que también fueron escenario recurrente en su amplia producción artística, compuesta por veintiuna novelas, veinticuatro obras teatrales y varios ensayos, biografías y libros de viajes, así como cerca de cien relatos. 


domingo, 17 de septiembre de 2017

El tiempo es un canalla, Jennifer Egan (Minúscula)

Últimamente he estado leyendo muchas referencias sobre los premios Pullitzer de los últimos años y me llamó mucho la atención las buenas críticas hacia El tiempo es un canalla. Tras confirmar que estaba disponible en la biblioteca, lo cual también es una buena señal, corrí rauda a por ella. Si este verano he estado impresionada por Gilead y por Americanah, El tiempo es un canalla es la que cierra la trilogía de un verano de impresionantemente buenas elecciones de lectura. Sin exagerar, aunque soy consciente de que suena exagerado.

En plena crisis de madurez, Bennie Salazar, que en los setenta formó parte de una banda punk y ahora es un alto ejecutivo de la decadente industria discográfica, se echa copos de oro en el café para recuperar el apetito sexual. Sasha, su asistente, después de haber viajado mucho y no siempre en circunstancias felices, se trata de su cleptomanía con un psicoanalista que viste jerséis estrambóticos. En torno a ellos se despliega una variopinta red de personajes, desde una relaciones públicas que intenta lavarle la cara a un general genocida hasta un periodista que ha estado en prisión por abusar de una estrella de cine adolescente.




Egan ha logrado contar historias reales pero cargadas de originalidad y entrelazarlas de una manera experimental y exitosa. El tiempo es un canalla puede leerse de manera convencional como una novela o como una colección de cuentos con personajes

en común. Cada uno de los capítulos se centra en uno de estos personajes, a veces hay uno que protagoniza varios pero en diferentes épocas y lugares. Todos los capítulos son autoconclusivos pero se completan entre sí. Incluso hay uno mucho más experimental en forma de power point pero aun así el conjunto no se resiente. Funciona muy bien. Realmente adictiva.

Construida a través de personajes enlazados Egan ha confesado que Los soprano fue su modelo principal. La idea era "escribir una novela que tuviera la misma sensación lateral de una serie televisiva, la misma clase de movimiento en todas las direcciones, no siempre hacia adelante. El tiempo es un canalla recorre cincuenta años desde los convulsos años setenta hasta la distópica década de 2020 en la vida de varios personajes asociados a la industria musical.

Y es que la música es una más de las protagonistas de esta novela, que nos recuerda varios éxitos de rock como Dead Kennedys o Blondie y además nos muestra a algunos de los personajes inmersos en la industria musical. Aunque no se trate de esto, es un buen pegamento para la novela, da cohesión a la estructura de ésta.

Una de las cosas más curiosas del libro es que sea tan sublime a pesar de que no logres empatizar con casi ningún personaje. Son personas llenas de defectos, vicios y raramente alcanzan la felicidad. Si la alcanzan es de forma relativa y frágil. A pesar de ello no puedes dejar de lado el libro y vas entrelazando un capítulo con otro, con el ritmo frenético del rock.





Con su cuarta novela, la escritora norteamericana Jennifer Egan ha ganado premios tan prestigiosos como el Pulitzer y el National Book Critics Circle Award, superando a autores conocidos como Jonathan Franzen y David Grossman. Yo por mi parte ya tengo apuntados otros dos libros de la autora: La ciudad esmeralda y La torre del homenaje, también editados en España por Minúscula. Es un placer descubrir a nuevos escritores que consigan que la lectura se convierta en una nueva experiencia. Egan es una autora increíble que no puedo dejar de recomendar.  

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Enterrado por placer, Edmund Crispin (Impedimenta)

Impedimenta nos vuelve a dar otra alegría con una nueva entrega de un caso de Gervase Fen. Siempre da mucho gustito cuando en el catálogo de una de tus editoriales favoritas encuentras otra nueva novela de un autor o un personaje que te encanta. Sin que me lleve más que un par de minutos y sin remordimientos, me dispongo a la compra y posteriormente al disfrute de uno de los géneros que más me gusta: la clásica novela negra británica.

Hastiado de la aburrida vida universitaria, el excéntrico profesor y detective amateur Gervase Fen (La juguetería errante y Asesinato en la catedral) decide tomarse un descanso y trasladarse al remoto pueblo de Sanford Angelorum, en plena campiña inglesa, para presentarse como candidato al Parlamento. A primera vista, la aldea parece un lugar tranquilo, pero, fiel a su instinto, Fen no tarda en descubrir que, una vez más, las apariencias engañan, y se sumerge en una oscura trama de chantaje que derivará en un misterioso asesinato. A medida que su incipiente carrera política deja de proporcionarle satisfacciones, Fen concentra todas sus energías en resolver el misterio, aunque, sin apenas darse cuenta, acaba atrapado en una desconcertante red en la que se topa con psiquiatras excéntricos, un cura que intenta domesticar un poltergeist, lunáticos que corren desnudos por el campo, mujeres hermosas y un cerdo algo tarado.



En esta novela ahondamos más en el personaje del detective Gervase Fen. Hastiado de su monótona vida en Oxford, decide dedicarse a la vida política y para ello elige un tranquilo pueblo en la campiña inglesa. Pero su destino detectivesco no le deja tiempo para su nuevo objetivo. Si en las demás novelas el detective era el que se presentaba dispuesto a la pesquisa, por primera vez, Gervase se encuentra con ella de frente y asume su papel de manera más pasiva.

A pesar de ello, tanto protagonista como lectores nos vamos enfrascando cada vez más en el misterio. O debería decir misterios, porque este plácido pueblecito oculta muchos más de los que parecía. Una herencia aristocrática, un sacerdote esotérico, un personaje camuflado y por supuesto el crimen. Si en otras novelas Fen era arrogante, y pretendía conocer al criminal desde el principio de la novela, en ésta se le nota despistado, abrumado por los acontecimientos. Lo cual no le impide llegar a una solución final. Intrincada y sorprendente.

En esta entrega los personajes han sido muy atractivos. Algunos de ellos tópicos en las novelas de este tipo, pero para mi gusto necesarios. Los excéntricos dueños de su alojamiento, la muchacha desvalida, el policía recto… personajes muy bien descritos y algo disparatados que te arrancan la sonrisa entre el resto de la intriga.



Ésta ha sido una de las novelas que más me han gustado de Edmund Crispin. Creo que ya lo he comentado en alguna de las reseñas de las novelas anteriores pero considero la más floja la primera que leí de él “La juguetería errante”, y aun así me logró cautivar lo suficiente como para haber sido una ávida lectora de todas las demás. Con todo, cada una de ellas es diferente y se estructura de una forma distinta a la anterior, un gran logro de su autor. Seguid a Gervase por favor, os aseguro que tendréis muy buenos ratos garantizados. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie (Literatura Random House)

Hoy os voy a hablar de una novela que ha marcado mi verano. Hacía tiempo había leído uno de los libros de Chimamanda Medio sol amarillo y me había sorprendido su perfecta prosa, sus cálidos personajes y la fluidez del relato. También había leído sus dos pequeños ensayos sobre el feminismo Todos deberíamos ser feministas y Cómo educar en el feminismo que no dejando de ser veraces y -sobre todo la última- muy útiles, se enfocan en su realidad en Nigeria en la cual la diferencia entre géneros parece ser más grande que en nuestro país -aunque también tengamos lo nuestro, que no hay que dar el problema por superado-. Entonces, al principio de mis vacaciones cogí prestado Americanah en la biblioteca de mi ciudad natal. Y madre mía, me lo tuve que llevar a la playa, lo llené de granitos de arena, de un poquito de crema, pero devoré sus casi quinientas páginas. Con todo el dolor de mi corazón, se lo di a mi madre para que lo devolviera a la biblioteca, un poquito más vivido, enormemente disfrutado.

Tanto lo disfruté que cuando uno de mis seres queridos se fue de vacaciones con la petición de que le prestásemos una novela, se la compré y envié a su destino para que la pudiera disfrutar igual que yo. Me ha dicho que le ha gustado mucho, espero que para ella también haya sido la novela de este verano.

Lagos, mediados de los noventa. En el marco de una dictadura militar y en una Nigeria que ofrece poco o ningún futuro, Ifemelu y Obinze, dos adolescentes atípicos, se enamoran apasionadamente. Como gran parte de su generación, saben que antes o después tendrán que dejar el país. Obinze siempre ha soñado con vivir en Estados Unidos, pero es Ifemelu quien consigue el visado para vivir con su tía en Brooklyn y estudiar en la universidad. Mientras Obinze lucha contra la burocracia para reunirse con Ifemelu, ella se encuentra en una América donde nada es como se imaginaba, comenzando por la importancia del color de su piel. Todas sus experiencias, desgracias y aventuras conducen a una única pregunta: ¿acabará convirtiéndose en una «americanah»?



Americanah, que recoge el término burlón con que los nigerianos se refieren a los que vuelven de Estados Unidos dándose aires, es una historia de amor a lo largo de tres décadas y tres continentes, la historia de cómo se crea una identidad al margen de los dictados de la sociedad y sus prejuicios.
¿Una novela de amor? Eso parecía, y se disfruta mucho como tal. Pero no, no era eso. Es una novela sobre la raza y la inmigración. Aunque empezamos con dos adolescentes enamorados, y de los que te enamoras desde las primeras páginas. Pero enseguida nos muestra los problemas de Nigeria y las consecuencias que traen para nuestros protagonistas.
Se van alternando los capítulos sobre Ifemelu y Obinze aunque sin duda ella es la tiene más peso en la narración ya que lo que nos quiere contar la autora, su época de inmigrante en Estados Unidos, es la más interesante de todas. En Estados Unidos la protagonista se da cuenta por primera vez que es de raza negra. Esto me parece asombroso y evidente a la vez. Ante este descubrimiento comienza a escibir un blog sobre cómo observan los conflictos de raza los negros no estadounidenses. Con un sentido del humor envidiable nos muestra la realidad más trágica de nuestro mundo “civilizado”. A través de nuevos amigos, amantes, su pelo, los Obama, nos muestra más de lo que he conseguido vislumbrar a partir de cualquier otra película, serie (y eso que he visto The wire) que haya llegado hasta mí.

La novela se construye a través de flash backs de la vida de los protagonistas, que hacen que el libro se deslice rápidamente ante nuestros ojos, ya que deseas saber todas las decisiones que ha tenido que tomar para encontrarse dónde están, para finalmente (ojo: spoiler) llegar al reencuentro.

Para mí ha sido la novela que me ha permitido darme cuenta de mis prejuicios, de mi falta de miras. Ha sido la novela que me ha indicado que leo demasiadas obras anglosajonas, que no abro mis horizontes, que no sé nada de la realidad de otros países. Porque esta autora nos presenta una Nigeria distinta de la que yo imaginaba. Ni mejor, ni peor que mi país, sino muy parecida. Demasiado parecida. La sombra de la emigración se cernía sobre mis pensamientos al leerla. No voy a ahondar más en mi ignorancia. Para entenderla nada mejor que ver esta charla TED de la propia Chimamanda: El peligro de la historia única.


Americanah ha sido galardonada con el National Book Critics Circle Award 2014 y seleccionada por los ciudadanos de Nueva York como el libro ganador de la campaña «One Book, One New York» 2017. En este caso no son premios vacíos, búsqueda de ventas. Os lo aseguro, la mejor novela que he leído en este año. 


domingo, 10 de septiembre de 2017

Los últimos, Paco Cerdá (Pepitas de Calabaza)


De la feria del libro me traje Los últimos, del periodista Paco Cerdá. En una de esas carambolas literarias con las que la vida nos sorprende, este libro acabó en mis manos. La cosa es que iba yo dándole vueltas a Quién te cerrará los ojos, magnífica crónica de la España rural que se muere (aquí nuestra reseña), editado por Libros del KO, cuya caseta estaba cerca de la de Pepitas de Calabaza, editora de Los últimos. Y conversando con el editor de Pepitas, una cosa llevó a la otra y acabé con esta  estupenda recomendación que inauguró mi verano lector.



Los últimos es, efectivamente una muestra más del testimonio inquieto de aquellos que han querido dejar constancia de un trozo de España donde la vida se extingue y sus gentes parecen formar parte de un museo de la memoria con fecha de caducidad.

Si en La España vacía el acercamiento a este apasionante tema era riguroso, casi científico, y en Quién te cerrará el tema se abordaba desde la introspección personal de la autora, Los últimos nos remite a las grandes crónicas periodístico-literarias de cronistas como Sender o Chaves Nogales. Aquí el rigor no rivaliza con la exploración personal del asunto a tratar, y la pasión asociada involucra y seduce al lector, haciendo propia la experiencia.

En Los últimos Paco Cerdá pone el foco en el territorio peninsular conocido como Serranía Celtibérica, que no es sino la suma de una buena parte de nada más y nada menos que una buena parte de casi una decena de provincias españolas donde se concentra una de las densidades poblacionales más bajas de Europa. Es la llamada Laponia Española.


Provincia a provincia, Cerdá recorre este vasto  y desolado territorio que no entiende de progreso y grandes urbes. Así, paso a paso, con la calma de buen contador de historias, el autor nos muestra los pueblos “lapones” del Alto Tajo de Guadalajara, o el estigma de Teruel, una provincia cuyos habitantes caben en el Camp Nou. Desde Teruel (la capital de provincia menos habitada España con apenas 35.000 habitantes) se divisa el desolador panorama de un territorio que se muere. El término demotanasia surte y define a la perfección la desaparición lenta de unos lugares otrora poblados y llenos de vida. Teruel es el paradigma y se erige como la capital no oficial de la Laponia Española.
Teruel, capital no oficial de la Serranía Celtibérica
El viaje prosigue hacia la aldea riojana de El Collado, emplazamiento quijotesco donde dos matrimonios luchan por mantener vivo un lugar a donde no llega la electricidad. Descubrimos la realidad rural de la provincia de Burgos a través del monje Moisés, habitante del monasterio de Santo Domingo de Silos desde los 14 años, hace ya cuarenta años.

Y el viaje avanza hacia territorios históricamente no asociados con la despoblación en España, ¿O quién presumiría de conocer los secretos no descubiertos de la realidad rural de la provincia de Valencia, en el interior  de la Serranía oculta bajo la costa y el ladrillo que todo lo tapa, aquella que vive de espaldas al Mediterráneo.

Regresamos al estigma con el misterio de la cuenca rural a través del equipo de fútbol de Campillo de Altobuey, un histórico del fútbol modesto castellanomanchego que agoniza a la vez que el pueblo que le da nombre. O el drama de la escuela rural a través de un pequeño pueblo zaragozano y de un joven profesor que se enfrenta a él sin anestesia ni preparación  previa.

Para casi finalizar, viajamos al pueblo soriano de Sarnago, germen de la biblia de la literatura de la muerte de lo rural, La lluvia amarilla.
O los pueblos del nordeste de Segovia, que vienen a confirmar que estar a una hora larga de distancia de Madrid no garantiza la cercanía a las comodidades de la gran urbe.
Terminamos de nuevo con la sorpresa de la realidad rural desconocida con la aldea castellonense de Les Alberedes , una suerte de Macondo español en el lado desconocido de esta provincia mediterránea, donde Ken Loach encontró el escenario perfecto para Tierra y Libertad.

No se me ocurre mejor colofón a este genial tríptico formado por tres libros maravillosos que, casualidad o no, han irrumpido en la realidad literaria española para poner letras e historias a una realidad oculta bajo las luces de la gran ciudad. No os las perdáis.

jueves, 7 de septiembre de 2017

El libro que hace clap, Madalena Matoso (Fulgencio Pimentel)


Retomamos nuestro espacio infantil. Disfrutamos muchísimo descubriendo  nuevas lecturas para nuestros pequeños que les inviten al estímulo, a desear probar con nuevos libros, y sobre todo, a que entiendan que detrás de los libros les esperan años de diversión.

El libro que hace clap es un viaje por el mundo de los sonidos y viene cargado de onomatopeyas de sonidos cotidianos, de la música que hay detrás de nuestros gestos, de nuestros aplausos, de todos los instrumentos musicales conocidos y de aquellos que están por descubrir.
Nuestro hijo, ya conocedor de los números y que aprovecha cada ocasión para enumerar cosas, objetos, dedos e historias, ha encontrado en El libro que hace clap a su compañero perfecto, ya que cada sonido nuevo viene repetido una vez más que el sonido anterior, de tal forma que empezamos con un solo ¡plas!, seguimos con dos XXXXX, continuamos con tres XXXXX…. y así hasta XXXX sonidos diferentes.

Y todo ello con unos dibujos sencillamente maravillosos. La limpieza y la simplicidad en las ilustraciones es una cualidad que los niños valoran especialmente, al menos en nuestra corta experiencia como padres. Al final adultos y niños no somos tan distintos, y si lo mismo es expresado de forma sencilla, lo que se pretende contar tiene doble valor.


Ya sabéis, disfrutad leyendo con ellos. El libro que hace clap es una excelente oportunidad para ello. Nosotros ya hemos descubierto cuánto aprendemos a su lado.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Gilead, Marilynne Robinson (Galaxia Gutenberg)

No me suelen gustar los libros reflexivos, en los que no avanza la trama, los pausados. Soy la parte aventurera del blog y disfruto con las buenas historias y enrevesadas situaciones, eso sí, bien escritas. Y sin embargo este verano ha llegado hasta mí Gilead. Y me ha maravillado.

Gilead es un pequeño pueblo de Iowa, un puñado de casas dispuestas a lo largo de unas pocas calles, tiendas, un elevador de grano, una torre del agua y la vieja estación del tren. Las generaciones se suceden en una vida en apariencia apacible que se organiza alrededor de las comunidades religiosas. Mediante una extensa carta que el reverendo John Ames escribe a su hijo de siete años para que éste la lea una vez él haya muerto.


Es curioso que este pueblo se llame igual que la nación de “El cuento de la criada” pero no se puede ser más diferente. Este Gilead es un pequeño pueblo situado en Iowa en la primera mitad del siglo XX. Algunas calles con pequeñas tiendas y una iglesia que se erige como el principal motivo de cohesión entre los habitantes de ella. En Gilead vive y ha vivido durante varias generaciones el reverendo John Ames, hijo y nieto de reverendos. Lo que nosotros podemos intuir como una vida limitada, no lo es a sus ojos. La belleza del libro consiste en mostrarnos la maravilla de la vida misma, de la filosofía que encierra la religión, de las personas que nos rodean.


El reverendo John Ames es un enfermo terminal que escribe una carta dirigida a su hijo de siete años. Este hombre ha vuelto a encontrar el amor tras enviudar muy joven con una mujer a su vez mucho más joven que él. Y ésta es la maravilla de su día a día. Tras unos años de soledad, en los que ha sufrido viendo a otras familias, John encuentra a Lila y juntos tienen un niño que es su mayor ilusión. Su carta habla de sus antepasados, de su padre, su abuelo y su hermano. Nos abre una ventana a esa parte de Norteamérica tan difícil de entender para nuestra laica España, al menos para mí. Pero quizá por no ser religiosa me ha permitido amar su forma de mostrar la religión, la absoluta belleza de amar la creación a través de ella.

Uno de los temas tratados en la primera mitad del libro son los posos tras la Guerra civil. Gilead es una de esas poblaciones donde surgió la resistencia a la esclavitud vinculada a la religión y la educación. Un tema muy interesante apoyado en la figura del abuelo, que se convierte en un reverendo en armas para defender la oposición a la explotación del hombre por el hombre.

La segunda parte nos muestra el lado más humano de John Ames. Tras la vuelta del hijo pródigo de su mejor amigo, el reverendo Boughton, sufrimos con él y sus celos. Es su parte más terrenal, el miedo a que le arrebaten a su mujer y a su hijo tras su muerte. Esta parte es la más rica en personajes memorables y nos deja entrever el personaje de Lila, y de Jack Boughton, que serán protagonistas de novelas posteriores.

Mis prejuicios me podían haber puesto en aviso al saber que es una autora cristiana, lo cual es un hecho poco frecuente en mis lecturas. Pero al no conocerla tuve la suerte de no dejarla a un lado. Un libro precioso, intimista y de una gran espiritualidad. Poco frecuente en nuestros tiempos. La forma de escribir de John Ames es pausada y rica, es la de un noble caballero de los de antes, es la de Atticus Finch. Muy hermosa.


Con este libro ganó el Pulitzer y el Ambassador Book Award en el año de su publicación. Incluso he llegado a leer que esta autora se postula para el Nobel. Como curiosidad os dejo un enlace a la entrevista que el ex-presidente Obama realizó a la autora del libro. Obama se caracteriza por ser un ávido lector. Es una gran entrevista sobre literatura sobre los Estados Unidos. Entre mis próximas lecturas se encuentran dos libros de esta autora: Lila y Vida hogareña. Los he adelantado en mi pila de libros y espero que no me defrauden. Bueno, estoy segura que no lo harán.