La voz cantante, Eloy Tizón (Anagrama)

En nuestro repaso de 2017 a grandes autores nacionales por descubrir (Lara Moreno, Gonzalo Torné) unimos a Eloy Tizón, una referencia para los amantes de la buena literatura. Es difícil profundizar en la historia de la literatura en España de los últimos treinta años sin detenerse en el escritor madrileño. Tres años de historia de niundiasinlibro y ningún libro suyo: ya era hora de subsanar el error. Os presentamos La voz cantante, uno de los mejores títulos del autor.




La voz cantante es la confesión de Gabriel Endel, que nos entrega paso a paso, palabra a palabra, los recuerdos más inconfesables de su vida, su infancia, su juventud, su paso a la edad madura, hasta ahora, su vejez. Y esta retrospectiva personal tiene un motivo, un vehículo argumental: Gabriel, en un viaje en metro, se encuentra frente a él, sin ninguna duda, al mismísimo diablo. Gabriel le reconoce porque sabe que lo ha visto antes, en esos momentos de su vida en que el diablo se nos aparece, nos mira a la cara y nos muestra esos episodios vitales que marcan nuestro devenir.

De esta forma, y con este denominador común - la presencia del diablo en la vida de Gabriel - , y gracias a la memoria del protagonista, conocemos su paso por esta vida, a sus padres, sus inquietudes vitales, sus tormentos. Y en el centro de todo, como si todo estuviera condenado a terminar allí, la relación que marcará su vida: su encuentro, enamoramiento, hechizo, desdicha y condena con su gran amor, Mónica Friser.

Su historia con Friser hace que la interpretación de La voz cantante se desdoble hasta que el lector no sepa cuál es la historia que Tizón nos quiere contar de verdad y cuál es la excusa argumental, el mcguffin literario. ¿El itinerario vital de sus encuentros con el diablo es la anécdota y la historia de amor con Mónica Friser es la historia motivacional de la novela o es justo al revés?


Eloy Tizón
Hemos reflexionado sobre este asunto a menudo en el blog. Siempre hay un argumento explícito y otro - casi siempre más importante, el que deja huella - subliminal pero sin el que la novela no tendría sentido. El explícito es la excusa, y el subliminal es lo que convierte al escritor en autor que merece ser leído. Sin embargo, libros como La voz cantante nos hacen dudar, porque los dos hilos argumentales intercambian estos dos papeles a lo largo de la historia.




Sin duda, se trata del talento natural de Eloy Tizón, hábil prestidigitador de palabras, dominador del lenguaje. Tizón sabe cómo contar historias, tiene pulso de gran narrador, y no nos sorprende que buena parte de la narrativa de futuro en este país le deba inspiración y aprendizaje.




Ha sido muy grata la lectura de mi primer libro suyo, breve, de fácil lectura para una tarde de domingo donde uno quiera engullir una gran historia de una tacada. Qué placer, ¿verdad? Leer y leer de principio a fin un libro sin cerrar sus páginas. Eso es lo que os espera si le dais la oportunidad a esta maravillosa novela breve de Eloy Tizón.










¿La siguiente? Ya está en nuestras manos, Seda Salvaje, otra de sus obras más alabadas, publicada como esta en Anagrama, la editorial que le vio crecer como escritor. Y en la lista de deseos, Técnicas de iluminación, ya en Páginas de Espuma, su nueva editorial, libro del que he leído barbaridades (de las buenas, no os asustéis). Bienvenido a niundiasinlibro, señor Tizón.

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