Cuando el destino nos alcance el maíz seguirá creciendo, J. M. Veiga (Bandaaparte)

Ser testigos del crecimiento artístico de un escritor es un privilegio para cualquier lector; leer su primera publicación y sentir que lo que se está leyendo es especial, esperar su segunda novela y confirmar las esperanzas depositadas... En definitiva, vivir de cerca, casi en directo, los primeros pasos de lo que promete ser una carrera de éxito (y dicho esto, ¿qué demonios es el éxito?) supone una experiencia muy especial para el que os escribe. Creo que me encuentro ante uno de estos casos.

Con el magnífico titulo Cuando el destino nos alcance el maíz seguirá creciendo, J.M. Veiga se presenta con su tercera novela, tras la sorprendente El reflejo dorado, que tan buena impresión nos causó (podéis leer aquí nuestra reseña).


En esta ocasión Veiga se reinventa, cambia de editorial (la más que prometedora Bandaaparte) y deja a un lado el género fantástico (y otras muchas más cosas) para abordar una historia de corte clásico, a medio camino entre el western y la novela negra más auténtica.

Cuando el destino nos alcance el maíz seguirá creciendo nos cuenta la historia en primera persona de Jerry Wooster, joven norteamericano del sur que un buen día decide abandonar su pueblo y a su familia en busca de la libertad que no encuentra. La vida no es sencilla, ni los caminos tan rectos como Jerry esperaba, y pronto una mujer - Sandra - se cruza en su camino para que nada suceda tal y como estaba escrito, o al menos como Jerry soñaba.

Muchas son las cualidades de la novela. La narración nos presenta la historia en dos momentos temporales diferentes de forma paralela: el correspondiente a la huída de Jerry y, pasados veinte años, la vida del protagonista. Muchas cosas han pasado desde aquel 1959 en que Jerry decide abandonar su pueblo, y el lector va descubriendo poco a poco la relación de los acontecimientos iniciales con su situación actual. A medida que avanza la historia, las dos narraciones van acercándose hasta superponerse una con otra. Todas las piezas encajan y todas las dudas se despejan.

En Cuando el destino nos alcance... somos y testigos de la América profunda de los estados del sur, esa parte del país donde el tiempo parece haberse detenido. El Rock'n'Blues y el Country conforman la banda sonora de un territorio con leyes propias, donde la violencia es explícita, donde los prejuicios raciales forman parte del paisaje y en donde las grandes ciudades americanas de la costa atlántica se ven tan lejos que cualquiera podría pensar que se trata de dos países diferentes.

Como decía, Cuando el destino nos alcance... destila los aromas de la mejor novela clásica norteamericana. No es difícil adivinar la influencia de Raymond Chandler, de Carver, de Faulkner. Tampoco es difícil imaginarse esta historia en los territorios cinematográficos de Tarantino o de los hermanos Cohen. Veiga construye con voz propia un hermoso homenaje a los grandes maestros del género.



Y al final, como casi siempre sucede con las grandes historias, el eterno retorno, donde todo cambia para que todo siga igual; como si para algunas personas fuese imposible escapar del destino al que parecen condenados.

Felicitamos desde aquí a J. M. Veiga, amigo de niundiasinlibro desde que dábamos los primeros pasos y del que nos sentimos orgullosos por este paso adelante en su propuesta narrativa. Está claro que lo suyo es contar historias, y estoy convencido de que vamos a ser testigos de una gran carrera literaria. Solo por este tipo de sensaciones merece la pena la aventura que iniciamos con este blog...

2 comentarios:

  1. Esta tengo que leerla. Se me amontonan las lecturas.

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  2. Anotada para la carta a los Reyes, y ya van...

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