Autorretrato, Edouard Levé (Eterna Cadencia)

Hace unos meses os hablábamos de Suicidio, el sobrecogedor relato que representaba la crónica de un desenlace anunciado. Relato en tercera persona que en su transcurso tornaba a primera persona y nos dejaba helados. Doblemente helados con los sucesos posteriores: Edouard Levé entregaba el manuscrito de Suicidio a su editor, acabando con su vida a los pocos días.

Aunque en orden inverso a la cronología con la que fueron creados, llegamos a Autorretrato, el libro de ficción autobiográfica del autor que escribió tres años antes del libro maldito. Lo publica Eterna Cadencia en un acierto editorial sin paliativos.


El comienzo del libro es demoledor si uno no lo espera. Frases cortas sólo interrumpidas por puntos y seguidos que dan lugar a nuevas frases. El autor describe sus fobias, filias, por dentro y por fuera, su entorno, su forma de entender el mundo o de no comprender nada. Sólo sabría describir con precisión lo que se siente leyendo la primera página del libro ayudándome del texto literal. Aquí lo tenéis:

De adolescente, creía que "La vida, instrucciones de uso" me ayudaría a vivir, y "Suicidio, instrucciones de uso", a morir. He pasado tres años y tres meses en el extranjero. Prefiero mirar hacia la izquierda. Uno de mis amigos se deleita con la traición. Terminar un viaje me provoca el mismo dejo de tristeza que terminar una novela. Olvido lo que me desagrada. Quizá he hablado sin saberlo con alguien que ha matado a alguien. Me meto a mirar en callejones sin salida. No me da miedo lo que haya al final de la vida.

Es difícil no sentir angustia avanzando en la montaña rusa en la que nos vemos envueltos con Levé. Frases muchas veces frías, a veces inconexas, que representan algo que nunca he visto en ninguna obra autobiográfica, como si desprendiéndose de las capas más superficiales (No uso cuellos de tortuga, me irritan el cuello) fuera más fácil desnudar su alma al lector.

Edouard Levé

Espectacular, descarnado. Visto con la perspectiva que nos da el tiempo, diría que Autorretrato es aún más duro que Suicidio.Aquí, a diferencia de su libro póstumo, no vemos espacio para la esperanza, si como esperanza entendemos el fin. Porque el libro finaliza pero la historia no termina. La frase final muestra el desamparo y la desolación del narrador que escribe la última frase pero parece decirnos (sin decírnoslo) que podría seguir durante cien páginas más:

No pregunto si me quieren. Solo podré decir una vez sin mentir "Muero". El día más hermoso de mi vida quizá ya pasó.

Sólo puedo recomendar Autorretrato como una obra única, joya literaria de un género inventado, el del diario sin aliento que nos dejó este multiartista francés sorprendentemente desconocido para el gran público. Sin duda esta obra es una ocasión magnífica para conocerle.

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