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Molinos de viento en Brooklyn, Prudencio de Pereda (Hoja de Lata)

Hoja de Lata ha rescatado del olvido Molinos de Viento en Brooklyn (maravilloso título, ¿verdad?), del semidesconocido escritor Prudencio de Pereda, autor norteamericano de raíces españolas. Es curioso como la Historia escoge a unos autores, llevándoles a la eternidad, al relato oficial, a la incuestionable posteridad, dejando a otros en la cuneta, en el absoluto olvido. Ni una palabra en las enciclopedias, nada -en el caso de que el olvidado sea escritor- que aportar a las letras universales.


Este es el caso de Prudencio de Pereda, coetáneo de Hemingway y de John Steinbeck entre otros, e incluido en ocasiones en antologías literarias de la época, pero para el que el tiempo ha sido implacable. Sirva la publicación de esta novela en España (y en muchísima menor escala la publicación de esta reseña) una forma de reparar este daño aún no irreversible.

Molinos de viento en Brooklyn cuenta en primera persona las vicisitudes de la comunidad de emigrantes españoles que ocuparon Nueva York en las primeras décadas del Siglo XX. Prudencio, narrador y personaje nos presenta a una sociedad casi desconocida (a diferencia, por poner un ejemplo antagónico, de los emigrantes españoles en Alemania de la década de los 60). Poco se sabe de estos españolitos que se presentaron en el otro lado del océano (y no en el sur del continente, que es el relato al que estamos más acostumbrados) para labrarse un porvenir.

La historia muestra a una comunidad generosa y colectivamente unida donde una de las actividades principales es el contrabando y venta de puros habanos. Los teverianos (término que define a los que practicaban está actividad) eran humildes buscavidas sin demasiadas oportunidades, que encontraron en este oficio un pequeño haz de luz en el que se iluminaba su futuro.

En torno al protagonista aparecen dos personajes centrales, epicentros respectivos de las dos partes principales en las que se divide el libro. En primer lugar tenemos a Agapito, arquetipo de charlatán y embaucador común a cualquier lugar donde aparezca el hambre. Agapito es para el Prudencio niño el primer maestro, del que aprende lo mejor (o lo peor) del oficio, y con el que descubre que la vida siempre puede ser un juego si uno no se la toma demasiado en serio. Uno de esos personajes necesarios en la vida de cualquiera. En el extremo opuesto nos encontramos con el Abuelo (con mayúscula) de Prudencio, ejemplo de lo contrario, de la bondad y de la prueba de que hasta en los peores oficios uno puede mantener sus principios a salvo.

Quedan en mi retina lectora los episodios protagonizados por Agapito en los que muestra al niño narrador toda su maestría en el arte del engaño (disfrazándose de sacerdote, y nunca, por muy fea que se pusiera la cosa, salir corriendo) y la antológica epopeya protagonizada por el Abuelo para traer a la Española (algo así como el centro cultural de la comunidad) a Manolín, estrella flamenca de la época, en franca decadencia pero con final feliz.

Al final uno se queda con la sensación de que este libro, firmado por una pluma de renombre, tendría otro lugar en la Historia de la Literatura. Afortunadamente, aparecen de vez en cuando un grupo de locos al frente de una editorial que deciden que las segundas oportunidades a veces saben mejor, como el gazpacho al día siguiente. La edición, como todas las de Hoja de Lata, para que otras editoriales más grandes y poderosas tomen apuntes.

Prudencio de Pereda, autor, narrador y protagonista
Ni se si leeré más libros de Prudencio de Pereda (dependerá de otro ataque de locura editorial), pero lo que sí tengo claro es que este Molinos de Viento sobre Brooklyn formará parte de mis recomendaciones literarias para este año.

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