Fábula de Isidoro, Julio Fuertes Tarín (Jekyll&Jill)

Continuando con el descubrimiento de la editorial Jekyll&Jill (ya os hablamos del magnífico Magistral) hoy os traemos uno de esos libros que dejan una huella única, libros de autores que se niegan a ser clasificados, que conciben sus obras como piezas únicas, numeradas, de coleccionista. Así es Fábula de Isidoro, de Julio Fuertes Tarín.


La madre de Wynston espera a su hijo a la llegada del colegio para hacerle una tirada de cartas del tarot de Jodorowsky y darle la merienda. La emisión televisiva de un partido de fútbol crucial se ve interrumpida por una transmisión violenta en la que dos encapuchados flanquean a un rehén medio apiolado en una silla: el presidente del gobierno español. La reacción del niño: este Presidente será rápidamente sustituido por otro y el partido de mañana es la única final de fútbol que podré jugar con trece años; si pierdo ese momento, nunca volverá.

Comienza una debacle con estribillo que revienta todo lo narrado cada vez —como el de «Some Velvet Morning», cuando Nancy Sinatra clama que es Fedra—, y está hecho de sucia carne de Rabelais mechada con el speech de un locutor deportivo. El narrador profeta de esta fábula desvía un dedo ya de por sí torcido para engañar la peste a boca del idioma y hace resucitar a Isidoro, una especie de célula durmiente ducassiana, avidísima y exultante. Isidoro, mesías villano, coge de la mano a Wynston y a otros que se encuentra, se cruza o atraviesa. Y la cosa ya se pone de un Walpurgis que van bien dados los que esperasen un caminito cantarín con los personajes del mago de Oz.

Que conste en acta, he leído el libro dos veces. Porque necesitaba revivir las sensaciones que la primera lectura me dejó y para corroborar que estaba ante un libro sobre el que se va a hablar mucho.

Con un inicio demoledor, la historia de Wynston, un niño con problemas e ilusiones de niño, se encuentra en el camino a Isidoro, una suerte de monstruo de fábula que guía al niño hacia sus anhelos, o al menos eso parece.

La historia es magnética y turbadora. En ella el primer plano de realidad (primera parte de la obra) se ve superado por una particular road movie en la que Wynston e Isidoro comparten ticket de viaje.

Y en medio de todo (o para ser más preciso, por encima de todo), el relato de Manolo, el narrador de la historia, intermediario cuya subjetividad lo relativiza todo. Me encantan estos narradores inventados que los escritores utilizan a modo de máscaras. Marionetas creativas que hacen que la ficción sea más ficción y que no ficción admita múltiples variables narrativas.

El autor, Julio Fuertes Tarín

Ha sido un placer leer esta Fábula de Isidoro, literatura inconformista e incómoda, que explora nuevas técnicas y formatos narrativos que muchas veces, más que transgresores, son simplemente innovadores.

Quería destacar de forma muy especial la edición de Jekyll&Hide. Simplemente IMPRESIONANTE. Si hubiera podido habría levantado el teléfono para felicitarles, eso es editar con pasión y con calidad. Las ilustraciones son increíbles, perfectas acompañantes del relato, la maquetación digna de ser mostrada como ejemplo a otros editores. Y para finalizar, una sorpresa, un librito al final del libro, La fábula de Isidoro resumida a los niños, una versión resumida del libro siguiente presuntamente el formato infantil habitual. No os creáis nada, en esta versión del libro grande los niños sois vosotros.




2 comentarios:

  1. Lectura obligada verdad? Tiene pinta de ser un auténtico descubrimiento

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    1. Totalmente. Ha sido una auténtica sorpresa. Autor y editorial a tener muy en cuenta.

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