Voces de Chernóbil, Svetlana Alexiévich (Debate)

La concesión del Premio Nobel de Literatura a Svetlana Alexiévich en el año 2015 ha llevado a las librerías -y a las casas de muchos hogares- buena parte de la obra de la escritora bielorrusa. Hasta ahora casi inédita en España, la Editorial Debate está siendo la encargada de traducir y publicar la monumental obra de la periodista y escritora.

Nosotros hemos empezado con la autora leyendo Voces de Chernóbil, escrita en 1993 y única obra traducida hasta ahora. Su mejor obra, o al menos, la más representativa.


Portada de Voces de Chenóbil
"Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vebdré pronto". Pero el bombero que acudía a sofocar el fuego desatado en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin nunca regresó.

Así comienza la primera historia recogida en Voces de Chernóbil. La autora nos traslada a aquel 23 de Abril de 1986 en el que, durante un simulacro, un fallo en el reactor número 4 de la central provocó su explosión, produciéndose el mayor accidente nuclear de la historia y el más importante desastre medioambiental provocado por el ser humano.

Aunque el tema no es nuevo, sí lo es su tratamiento. Alexievich, da voz a los que no tienen voz en esta historia. Su condición de narradora desaparece y son los protagonistas de la historia los que, en primera persona, nos cuentan su experiencia antes, durante o después del accidente nuclear.

La autora, en España


El relato se convierte al instante en un mosaico estremecedor de un acontecimiento del que casi nada conocemos. Para empezar, enseguida nos situamos geográficamente en la catástrofe (admito en este punto mi desconocimiento previo sobre el tema): aunque la central nuclear se encontraba en territorio ucraniano, su proximidad con la frontera y la dirección del viento el día de la explosión hizo que gran parte de las consecuencias del desastre sucedieran en el país vecino, Bielorrusia. El libro acentúa por tanto la incomprensión del suceso por parte de un pueblo que por su pasado reciente entendía el desastre que suponía una guerra pero nunca entendió -nadie les explicó- qué era este suceso que tenía consecuencias parecidas (muertes, miseria, ocupación militar, evacuación de pueblos enteros) pero donde el enemigo no tenía voz ni rostro.

Liquidadores de Chernóbil de camino a la central
El relato lo conforman habitantes de pueblos desalojados, liquidadores (esos miles de "héroes" anónimos reclutados para tapar la grieta en el reactor, la mayoría pagarían su sacrificio con la muerte a lo largo de los años), médicos, científicos, dirigentes políticos, madres, abuelas, padres.. Y niños. Son especialmente estremecedores los testimonios de los niños, los que vivieron en primera persona la catástrofe y los que nacieron después de ella pero su organismo heredó la exposición de sus padres a la radiación.

Situación actual de feria abandonada en la ciudad ucraniana de Pripyat, ciudad deshabitada

El relato también saca de la oscuridad a los grandes olvidados de la catástrofe, los animales. Los abandonados, los sacrificados. Nadie nos contó esta parte de la historia, silenciada casi siempre por la soberbia que nos acompaña en nuestra condición de seres humanos como dueños absolutos del planeta, considerando que la naturaleza está a nuestra disposición, subordinada a nuestras necesidades (así nos luce el pelo).

Os recomiendo encarecidamente la lectura de este libro. Necesario para entender lo que a veces no somos capaces de entender leyendo los libros de historia. Lo que, a los que nos apasiona leer, nos encanta de los libros. Esa capacidad que tienen de abrir puertas que, o antes estaban cerradas o ni siquiera sabíamos que existían.

La concesión del Nobel a Svetlana Alexiévich estuvo rodeada de cierta polémica, al tratarse de una obra fundamentalmente periodística. Algunos grupos de opinión consideran que el periodismo debe tener un reconocimiento distinto al de la literatura convencional. Ajeno y enemigo de las etiquetas en cualquier ámbito de la creación., me posiciono absolutamente en contra de este ideario. Aplaudo el mestizaje cultural, la confluencia (como he defendido aquí en muchas ocasiones) de la ficción y de la no ficción, y la posibilidad de hacer de esta última gran literatura.

Siempre es bueno recordar que Gabriel Garcia Márquez se consideraba, ante todo, periodista. Desde esa condición y con ese espíritu escribió sus grandes obras de ficción.

Leed y disfrutad Voces de Chernóbil,  un relato duro y enriquecedor, pero sobre todo necesario,  que os dejará sin aliento.

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