Verano, J.M. Coetzee (Literatura Random House)

Por fin, llegó el momento de traer al blog Verano, el libro de Coetzee que cierra la trilogía Escenas de una vida de provincias, tras Infancia y Juventud, dos muestras del enorme talento del autor sudafricano, de las que ya os hemos hablado.

Portada de Verano
Verano aborda los primeros pasos como escritor de Coetzee y su regreso a Sudafrica tras varios años en Inglaterra y Estados Unidos. Pero en Verano se produce una ruptura en el discurso narrativo de las dos novelas anteriores. Y es esta ruptura la que eleva al último libro de la trilogía a las más altas cotas literarias conocidas. Verano es un espectáculo creativo y una lección magistral de talento narrativo.


Si, como os contaba en las reseñas de Infancia y Juventud, Coetzee opta por el uso de la tercera persona como técnica que permite el acercamiento a sí mismo a través de la distancia, en Verano el camino elegido es completamente distinto y por ello sorprendente para el lector, si éste esperaba un cierre continuista de la trilogía.


En una nueva vuelta de tuerca, Coetzee consigue distanciarse aún más de sí mismo. La forma de hacerlo es simplemente magistral: El escritor J.M. Coetzee ha muerto. Otro novelista se decide a escribir una biografía que profundice en la conexión de su vida con su obra e investiga la vida del autor a través de entrevistas a personas que tuvieron contacto con él en sus primeros pasos como escritor.


Lo que nos muestra Verano son esas entrevistas: un antiguo amor, una prima estrechamente unida a él, la madre de una alumna en su época de profesor en Ciudad del Cabo y dos compañeros de la universidad. No se trata de un repaso riguroso de la vida del autor, sino del testimonio subjetivo de personas que le conocieron. Y estos testimonios no tienen por qué ser ni representativos ni relevantes, lo que los convierte en más reales, como cualquier muestra cogida al azar frente a una dirigida.


Este doble salto mortal en la distancia narrativa del relato (testimonio de un tercero recogido a su vez por otro narrador) aumenta el potencial del libro como obra de ficción. El autor (Coetzee) interpone entre él y nosotros un juego de espejos para mostrarnos lo que quiere sobre sí mismo, para que nos olvidemos del carácter biográfico de la obra y nos dejemos llevar por la magia de los relatos que suele acompañar a las historias con narradores interpuestos.


¿Por qué Coetzee no concluyó sin más la trilogía con una novela como las otras? Pues la razón real nunca la sabremos, pero nos quedamos con la razón novelada. El autor pensaba publicarla, pero su muerte lo impide. En Verano (la novela que viene a sustituir a la novela no publicada) el escritor de ficción nos muestra parte de los manuscritos no publicados de lo que iba a ser la novela de Coetzee. Estos fragmentos, soberbios, abren y cierran la novela y contextualizan de manera magistral lo que el resto del libro nos cuenta.


En España Random House ha publicado los tres
libros recogidos en un sólo volumen
Sin duda Verano ha sido una de mis experiencias lectoras más placenteras de los últimos años. Si tengo que elegir en mi recomendación, os animaría a leer la trilogía completa. Creo que es la mejor forma de disfrutar plenamente de Verano. No obstante, la lectura independiente del libro se sostiene a la perfección. Si optais por esta última opción, estoy convencido que vuestra curiosidad os hará acabar leyendo las dos primeras novelas.


Siempre hay una novela en la que de repente descubres la grandeza de un escritor, la clave de su talento, aquello que le hace único. Esto es lo que, con respecto a J.M. Coetzee, representa Verano para mi.

El salto al vacío de un maestro, novela dentro de la novela, autocrítica y sátira, ambigüedades narrativas al servicio de la mejor literatura. En definitiva, características cervantinas que demuestran que la gran literatura sólo tiene un camino.


Daos un capricho. Leed a J. M. Coetzee.






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