Una casa de cien pisos, Toshio Iwai (Pastel de Luna)

Ya os habíamos reseñado un libro de la editorial Pastel de luna con anterioridad, pero no os habíamos contado nada de ella y es muy interesante. Pastel de Luna nace como una editorial especializada en álbumes ilustrados para niños que busca acercar la cultura asiática al imaginario de los lectores más pequeños.

Su nombre proviene de un típico dulce que se regalan las familias de origen chino en la Fiesta de Medio Otoño, celebración que se realiza en honor a la luna. En su cumpleaños, la luna viste sus mejores galas: se muestra llena, radiante y más grande que el resto del año. Me encanta esta historia y me encantan los cuentos orientales así que creo que esta editorial nos puede dar muy buenos momentos.

En esta ocasión os voy a contar sobre Una casa de cien pisos. La mayoría de los libros de mis hijos los escojo yo. Y aquí puede venir el error de que algo que para mí es maravilloso a ellos no les llame la atención. Este libro sin embargo desde el principio despertó su interés debido a su formato en vertical. Se lee de arriba abajo y vamos conociendo a los distintos personajes de la mano de Tochi.

Portada de Una casa de cien pisos

Tochi, el pequeño protagonista de esta historia, recibe una carta que le invita a subir a lo más alto de una casa de 100 pisos. Una propuesta curiosa y muy interesante que no puede dejar de aceptar, pues quiere conocer al remitente de esa carta y saber cómo es esa alta casa. Tochi entra en el edificio y va subiendo de piso en piso, donde se topa con una serie de peculiares personajes: en los diez primeros se topa con un grupo de ratones que viven en esas casas; en los diez siguientes viven un montón de ardillas; en los otros diez, unas cuantas ranas... 

Una de las sorpresas del libro: ¡Se lee en vertical!
En nuestra casa tenemos un plan de acercamiento a la naturaleza. Me parece importantísimo estar rodeada de ella en nuestra infancia. Los niños están muy saturados de imágenes, de prisas… y el estrés les puede ir moldeando el carácter. Pasar un día en el campo con ellos te hace darte cuenta de que necesitan sus tiempos. Para observar a las hormigas, para perseguir mariposas y para intentar pegarle golpes a los zapateros (conmigo detrás todo el tiempo intentando inculcarle el pacifismo con todas las criaturas del universo). Estamos en esa fase de empezar a conocer bichitos y plantas.

En el piso 30 nos esperan ¡las ranas!
Es por ello que ir abriendo el libro y descubrir en cada piso a un animal distinto, a un bichillo que ya reconoce de sus visitas a nuestra casa de campo le hizo una ilusión enorme. Me iba gritando los animales y diciendo lo que estaban haciendo.  

Es un libro muy colorido y con muchos detalles, como les gustan a los niños más curiosos. Además, con una promesa de amistad en el último piso. Es uno de esos libros que no hace falta leer a los niños, sino que ellos solos van pasando las páginas y buscando nuevas aventuras. Y preguntan. Y mucho. No le puedo pedir más a un libro infantil. Ha pasado a ser uno de nuestros favoritos.


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