Subsuelo, Marcelo Luján (Salto de Página)

Aún conservo el recuerdo, fresco como cuando ocurrió, de los hallazgos literarios que han marcado mi vida. Aunque depende de cada experiencia personal, estos descubrimientos suelen ser pocos, tres, cinco, una decena tal vez, pero describen muy bien la relación de un lector con la literatura, con su literatura.

Este itinerario está formado for libros-brújula que nos ayudan a trazar el camino hasta el siguiente. No se trata de encontrar libros que nos gusten, que nos enamoren, que nos hagan ver la vida de otro modo tras su lectura. Los libros-brújula son la vida misma, más que transformarla la definen. Nos definen.

Mis libros-brújula. La buena letra, Marinero en tierra, Últimas tardes con Teresa, El Aleph... Cada uno ocupa un lugar, una trascendencia propia, personal. Sólo comparten entre sí su condición de imprescindibles para aquellos que quieran conocer mi ser como lector.

Y de repente Subsuelo. De repente este libro de Marcelo Luján que remueve los cimientos. Esos cimientos que solamente se mueven cuando aparece una propuesta narrativa diferente, única. Una voz propia e inconfundible una vez leída. El hallazgo adquiere más valor por su condición de inesperado, porque el azar podía haberlo mantenido oculto y nunca haber formado parte de mis lecturas.
 

Portada de Subsuelo
La contraportada de Subsuelo, impecable ejemplo de sinopsis para enmarcar (felicidades al editor) nos deja lo siguiente:

Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Hormigas. Las raíces escondidas que siempre están presentes y tan activas: apretando el músculo de la sentencia. Como el pulso a dos manos que obliga a soluciones suicidas. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.

Una reunión de amigos un verano cualquiera en una casa de campo, cerca de un pantano. Adultos en torno a una mesa. Los más jóvenes en la piscina. La descripción de la normalidad. De repente todo se mueve, todo se altera y lo percibido antes como normalidad es en realidad la tensión sofocante que atenaza y nos ahoga, lo que rodea a la antesala de todas las tragedias.

Subsuelo no es exactamente una novela negra. El narrador no esconde nada (los hechos son conocidos desde el principio) pero de ellos sólo conocemos los titulares. El paso de los capítulos nos ayudan a entender, a llenar espacios vacíos, a comprender a los protagonistas. Como digo, no hay giros, no hay sorpresas. La tensión reside en lo conocido, en saber que el muerto está sobre el escenario (permitidme esta referencia hitchcockiana a La Soga) y el narrador ha optado por situar al lector de su lado, dándole más información que a los propios protagonistas de la historia.

Personalmente me encanta esta forma de narrar, donde no hay trucos ni giros inesperados. La tensión se construye con oficio, con talento sostenido. El estilo de Marcelo Luján es preciso, directo, con frases cortas, con estructuras que se repiten y se completan a medida que avanza el relato, adquiriendo una hipnótica forma de prosa poética que cala en el lector atento y reflexivo.

Marcelo Luján
Corrijo la afirmación anterior. Subsuelo sí es novela negra. Pero olvidaos de los clichés del género, de las estructuras establecidas, de la mecánica habitual del misterio por resolver. Aquí los secretos crecen más en la imaginación del lector, que ya desde el principio sabe que en este fresco familiar de un fracaso no hace falta un final que nos deje la boca abierta, porque nuestra boca está abierta desde la primera página, desde esa noche de verano, desde la visión del lago, desde los gemelos.

No busquéis en Subsuelo una novela de género (aunque pueda parecerlo). Ni una novela fácil de leer (aunque su lectura sea hipnótica y aparentemente sencilla). Ni una novela más (porque siempre recordareis cuándo la leísteis).

La lectura de Subsuelo, la fascinación asociada a ella, se sitúa al nivel de mi primer Chirbes, mi primer Isaac Rosa, mi primer Faciolince, mi primer Rafael Reig, mi primera Sara Mesa. Ese maravilloso club literario al que acudimos los que creemos que recomendar un libro es una responsabilidad y un regalo.

Espero que Subsuelo forme parte de esos libros-brújula de vuestra vida. Ojalá esta recomendación sea capaz de abriros una nueva puerta de experiencias literarias.
 
En mi caso ya lo ha hecho. Marcelo Luján ya se ha sentado en la mesa de los elegidos.

5 comentarios:

  1. Pero qué inesperada recomendación. Con semejantes compañeros de fatigas (Chirbes, Rosa, Mesa) voy a leerlo de inmediato.

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    1. Seguro que no te arrepientes. Conociendo tu trayectoria lectora, sé que este puede ser un libro de cabecera en tu estantería. Besos.

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  2. Me gusta el concepto de libros-brújula que has acunado, y si bien me asumo como un lector nómada, conozco varios lectores que comulgan con él.
    Debido a los buenos comentarios aparecidos en la blogosfera me he hecho de un ejemplar -a un costo exorbitante, eso sí-. Tus líneas sólo refuerzan la intención de leerlo en breve.
    Saludos!

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    1. Espero que lo disfrutes. ¿por qué a un precio desorbitante?

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    2. En Argentina, los precios se dispararon con la última devaluación. El importador lo tiene a algo más de U$S 31.-

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