Oona y Salinger, Frédéric Beigbeder (Anagrama)

Cualquier manifestación artística ha sido utilizada a lo largo de la historia para representar la realidad, como medio de expresión del artista para transmitir a través de sus ojos un hecho histórico, un acontecimiento público o privado. El arte se considera como tal porque el intermediario entre el hecho y el receptor final (es decir, el artista) logra capturar la esencia de ese acontecimiento más allá de lo que la mera observación habría logrado por sí misma.

La literatura no es una excepción. Ya hemos tratado en numerosas entradas cómo grandes obras de ficción son a veces la mejor forma de acercarse a un episodio real de la historia, por encima de la bibliografía más, por llamarla de alguna manera, rigurosa.

A veces, en nuestro peregrinaje lector, nos encontramos con bellas rarezas, únicas en su género -constituyen un género en sí mismas- y nos hacen gritar (aunque sea en silencio): ¡viva la libertad creativa!

Portada de Oona y Salinger
Oona y Salinger es una de estas obras única, de las que cala hondo y no pasa desapercibida. Hace algunos años, el escritor francés Frédéric Beigbeder se propuso escribir sobre la enigmática (y fracasada) relación entre Oona O'Neill y J.D. Salinger. Ella, hija de Eugene O'Neill, dramaturgo de éxito, premio Nobel de literatura, chica bien de la sociedad estadounidense, relacionada con lo más granado del mundo de la cultura de los años cuarenta. Él, una leyenda de las letras universales (su novela El guardián entre el centeno es una de las grandes novelas de todos los tiempos). Ella, una de las musas de Truman Capote (La protagonista de Desayuno en Tiffany´s está inspirada en ella). Él, el gran narrador norteamericano del siglo XX (con permiso de Scott Fitzgerald y con perdón de todos los que omito a conciencia).



Oona O´Neill
Beigbeder nos cuenta cómo sus vidas se encuentran cuando ella tiene sólo dieciséis años y él veintidós, y como mantienen una breve pero intensa relación que se ve súbitamente interrumpida por la marcha de Salinger a Europa para luchar en la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, la historia es conocida (forma parte, digamos, de la historia oficial de ambos): Ella conoce, se enamora y contrae matrimonio con Charles Chaplin, pasando a la posteridad como su gran amor (el mundo la conocerá para siempre como Oona Chaplin); él, en la guerra, comenzará a ser el escritor en el que se acabó por convertir.

Charles Chaplin y Oona O´Neill
La historia que cuenta el libro es de por sí apasionante. Por la vida de ambos vemos circular en torno a ellos a grandes personajes de la historia de la cultura del siglo pasado: Hemingway, Chaplin, Orson Welles, Capote..

Pero, ¿qué hace especial a este libro? Beigbeder, en su afán de explorar la relación entre Oona y Salinger, y conocedor de su existencia, trata de acceder a la correspondencia que éstos intercambiaron tras su separación, ella en Estados Unidos, casada ya con Chaplin, y él en el frente. En estas cartas, no publicadas hasta la fecha, el escritor sospechaba encontrar las consecuencias de la ruptura, la magia nunca escrita de esta relación (o podríamos llamarla no-relacion, por lo que esta tuvo efímera y de casi olvidada).

Pero este intento acabó en fracaso. Beigbeder no obtuvo el permiso deseado de la fundación que gestiona el legado de Salinger, y decidió continuar con su proyecto con una decisión a priori forzada pero clave en el resultado final de la obra: decide llenar ese hueco inventando esas cartas no leídas, imaginándolas y escribiéndolas para su novela (y para nosotros). El resultado es mágico y extraordinario, la mezcla entre ficción (lo inventado) y realidad (los hechos narrados) convierten la lectura en un viaje imposible y extraordinario a dos personajes fascinantes.


J.D. Salinger
Como os decía al principio, a veces no necesitamos rigurosidad para entender un episodio real. La ficción es capaz de mostrarnos mejor el camino. Leyendo Oona y Salinger, no imagino que las cartas reales nos aportarían más luz sobre esta historia. Lo real y lo imaginado se tejen aquí con tanto talento que más que no distinguir (que podríamos hacerlo) lo que hacemos es no querer distinguirlos. Nos convertimos en cómplices dejándonos engañar por el autor y damos por buenas las cartas.

Frédéric Beigbeder
¡Viva la ficción! ¡viva la suplantación de ésta a la aburrida realidad! Leed y disfrutad Oona y Salinger, uno de los acontecimientos literarios del año. Buscadlo indistintamente en la sección de Ficción o en la de No Ficción porque no os garantizo el éxito si sólo optáis por una de las dos opciones.  Al fin y al cabo debería estar en las dos a la vez, y que el lector simplemente eligiera...

1 comentarios:

  1. Me encanta la reseña de hoy. Sinceramente a priori no estaba demasiado interesada en este libro; has logrado que quiera leerlo y descubrir esa forma de entretejer realidad y ficción.

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