lunes, 29 de febrero de 2016

Historium, Jo Nelson / Richard Wilkinson (Impedimenta)

Este pasado 15 de Febrero llegaba a las librerías una pequeña joya para los aficionados a la historia o a la arqueología. Y para los curiosos, para los amantes de la belleza, para los estudiantes…

Bienvenidos a
Historium. Un museo que está siempre abierto y que alberga una impresionante colección de más de 140 piezas de las antiguas civilizaciones. Aprende de los hombres del mundo antiguo y descubre los asombrosos objetos que dejaron atrás. Entra para explorar el pasado en todo su esplendor.

Portada de Historium
No es un concienzudo ensayo histórico, ni un completo manual de hallazgos arqueológicos pero sí es una muestra muy atractiva de algunas de las civilizaciones que han poblado nuestro mundo.

Un formato visual muy atractivo, con unas dimensiones enormes que enfatizan los objetos mostrados. Me he pasado estas noches viajando entre aztecas y maoríes, observando extraños objetos relacionados entre sí muchas veces (los seres humanos buscamos lo mismo seamos del lugar que seamos), y aprendiendo algo más de lo que sabía de cada una de las civilizaciones.



Resulta curioso darse cuenta de lo que aprendemos en la infancia y juventud sobre historia. Evidentemente conocemos la historia de Europa al dedillo, conocemos América en el momento de la conquista española, francesa e inglesa… también África a través de su colonización. Igualmente Oriente Medio y los pueblos israelitas por sus confrontaciones con griegos, romanos y evidentemente por nuestra cultura judeo-cristiana.


Por mi particular gusto por la historia antigua, las partes dedicadas a las civilizaciones europeas, egipcias y mesopotámicas me han dado mucha añoranza por los años en que empecé a descubrirlas , a interesarme por su arte, a coleccionar una guía de arqueología que tenía en mi temprana adolescencia. Pero no me ha descubierto nada, al fin y al cabo el origen de este libro es juvenil. Aunque los mayores lo disfrutemos aún más que ellos. 

Es en lo desconocido que me ha resultado una grata sorpresa este libro. En las civilizaciones africanas de la edad antigua-baja Edad media (dudo que esos términos se puedan aplicar en África ya que responden a hechos de Europa-Oriente medio). En las tribus del norte de América más allá de las películas de indios y vaqueros. En los pueblos de Oceanía, con su vasta extensión.


En la introducción al libro escriben que muestra unas pequeñas notas sobre estos pueblos pero que esperan que esta información despierte nuestra curiosidad hacia ellos y ampliemos nuestros horizontes. Conmigo el objetivo está más que cumplido, ya he fichado un par de libros que me hagan profundizar más en lo que no nos enseñan en nuestras escuelas, en abrir la mente europea a otras tierras lejanas.


Tanto por lo conocido como por lo desconocido, esta guía visual encantará a aquellos que como yo,  sientan curiosidad por el pasado. Especialmente recomendado para niños mayores, que son tan receptivos al aprendizaje. Las imágenes les llamarán la atención. A mi pequeño hijo de tres años lo hicieron, al verme enfrascada en el libro se me sentó a mi lado y le estuve explicando algunas cosas. Me dijo que las cabezas de Rapa Nui daban miedo, y no tenían pelo.


Es una anécdota pero sirve para ilustrar la pasión por los detalles y el conocimiento que tenemos al iniciar nuestra andadura en la vida. Me alegro de no haberla perdido en estos treinta y pico años de historia propia.

domingo, 28 de febrero de 2016

En lo alto de la torre, Albert Robida (Ardicia)

Hay libros que parecen destinados a unos determinados estados de ánimo: libros para leer cuando estamos tristes, cuando hemos perdido algo (o a alguien) muy nuestro, cuando estaños eufóricos, cuando estamos cansados, cuando necesitamos un refugio... Me apunto la idea para una entrada futura.

El libro que os traemos hoy, el segundo de la editorial Ardicia tras el delicioso En la niebla, es de esas historias que nos reconcilian con la vida, las que te dejan una sonrisa durante días, y a las que vuelves si has tenido un mal día.

Portada de En lo alto de la torre

En lo alto de la torre es una novela corta, un cuento, una historia sobre lo simple que es la vida si uno entiende que no hay meta si esta no incluye a la felicidad en el camino para conseguirla.

Extraigo parte de la sinopsis de la contraportada:
En la villa de Flyssemugue hay una torre con cuatrocientos veinticinco escalones, en lo alto de la cual Narcisse Gurdebeke, acompañado de su mujer y de sus siete hijos, acaba de estrenar sus funciones como vigilante, encargado del carillón, archivero y director de la banda municipal. Debido a sus obligaciones, y desanimado por la larguísima escalera que le separa del suelo, no encuentra nunca el momento de descender de su aérea residencia. Pero la añoranza de la tierra bajo sus pies y el anhelo de ser autosuficiente le harán recrear en su nuevo entorno esa vida campestre que tanto echa de menos. Así, irá construyendo poco a poco sobre la plataforma de la torre una granja, un huerto, y hasta un arroyo en miniatura. Todo con el máximo secreto, a espaldas de sus conciudadanos…
La historia, con un espíritu claramente ecológico, anticapitalista y pro-sostenibilidad, se lee en un suspiro, es amena y está provista de un humor muy inglés (a pesar de que el autor es francés),
Retrato del autor, Albert Robida
Edición preciosa y cuidada, como todas las de Ardicia (echad un vistazo a su catálogo), es un libro para tener y para que despierte el interés de cualquiera que merodee curioso en tus estanterías.
Os cuento mi experiencia personal con este libro. Lo he leído una mañana de Sábado, con mi hijo de tres años pegado, leyéndole en alto algunos capítulos enteros, de los que él, divertido, repetía algunas frases. El libro, aunque para adultos, se deja leer bien con primeros lectores. Mi hijo empieza a entender historias cada vez más complejas y eso hace que poquito a poco estemos empezando a compartir algunas lecturas.
Con mi hijo al lado, esta historia me ha parecido mucho más tierna y siempre relacionaré este libro a esa mañana de Sábado. En lo alto de la torre ya forma parte de los libros para leer de un tirón en una mañana fría de sábado con un hijo echado encima tuyo.

jueves, 25 de febrero de 2016

La semilla perfecta, Íñigo Montoya y Marina Eiro Cañal (Pastel de Luna)

Éste es uno de esos libros que te encanta contar a tus hijos. Una historia bonita, sencilla y con trasfondo: 


Los niños del bosque se sienten tristes. El árbol donde viven está moribundo, y no queda otro como él. Por suerte, los niños guardan sus semillas: pequeños pedacitos de su ser, esperando germinar. Ahora solo necesitan encontrar la manera de hacerlas llegar hasta un buen lugar, en tierra fértil...

Portada de La semilla perfecta
Me encanta esta época de mi hijo, ya cumplidos los tres años, en que puedo comenzar a contarle cuentos con cada vez más letra y le observo embebido en la historia. Este cuento en concreto se le hizo muy ameno debido a la participación de varios personajes. Personajes niños, que como sabemos siempre les gusta por verse identificados.

Hay ciertos toques de humor, que a él le hicieron mucha gracia, y sobre todo mucha ternura. Pero sobre todo no hay que olvidar el mensaje, tanto pedagógico como de amor a la naturaleza, responsabilidad con nuestro entorno. Siempre viene bien libros de este tipo para ahondar en el espíritu ecológico, enseñar a los niños que la naturaleza está plagada de seres vivos a los que respetar y ayudar a crecer.

La parte pedagógica está desaprovechada con mi pequeño porque al ser aún un mico de tres años creo que no la ha entendido. Pero como seguiré leyéndole la historia irá comprendiendo un poco más cómo germinan las semillas, los distintos tipos… me encanta la historia para los niños que hayan iniciado las ciencias naturales, pues pone ejemplos de un modo muy ameno. Recuerdo esas lecciones de mi infancia y maravillarme ante las cosas que pueden hacer las plantas, me ha producido mucha nostalgia de esa época de aprendizaje.

Una de las preciosas ilustraciones del libro
Las ilustraciones ayudan a ese entorno de ternura, de paz, de sosiego que nos aporta la naturaleza.

Este libro se queda a vivir en nuestras estanterías, esperando que se abra muchas veces más y que nos traiga muchas más tardes de lecturas tranquilas y de asombro. Recomendado en estas frías tardes de invierno.


* Muchas gracias a Pastel de Luna por haber posibilitado esta reseña

miércoles, 24 de febrero de 2016

Maximilien Heller, Henry Cauvain (dÉpoca Editorial)

Uno de los oficios soñados de todo asiduo lector es ser editor. Que levante la mano el que no lo haya deseado. Pues si fuera editora me encantaría tener una como editorial Dépoca. Libros con una edición muy cuidada. Ideal para comenzar una colección. Y principalmente su labor editorial de (según sus propias palabras) impulsar la renovación de clásicos universales recuperados principalmente de finales del siglo XVIII, XIX y principios del siglo XX, devolviendo a las librerías obras selectas en ediciones exquisitas.

Dépoca Editorial. Pasión por los clásicos
Somos muchos los lectores de este tipo de novelas, que encontramos en los clásicos un alivio al día a día, a las prisas, a las ciudades tóxicas… al mundo en el que nos ha tocado en gracia vivir. La descubrí gracias al libro que voy a reseñar aquí, ya que todo lo que huele a Sherlock Holmes en mis búsquedas por internet acaba llegando a esta casa. ¿Y por qué Sherlock Holmes? La sinopsis de la editorial lo explica todo:

Imaginemos la larga silueta de un joven. Es un detective privado prodigiosamente dotado para la observación y la deducción lógica, misántropo, adicto a las drogas y experto en química y en las ciencias forenses de la época. Así mismo, es un gran maestro en el arte del disfraz y sus audaces hazañas son narradas por su amigo y confidente, un médico. Otro doctor aterroriza y fascina por igual a nuestro héroe. El joven se ve involucrado en un caso de asesinato cuando su vecino, Jean-Louis Guérin, es acusado de haber envenenado con arsénico a su señor, el banquero Bréhat-Lenoir.

Portada de Maximilien Heller

Contrariamente a las apariencias, este retrato no es el de Sherlock Holmes, ni tampoco nos referimos al Dr. Watson o al Dr. Moriarty. El retrato describe al héroe de la novela Maximilien Heller, publicada en Francia en 1871, casi dos décadas antes de que vieran la luz las primeras investigaciones de Sherlock Holmes en 1887.


Pero ahí terminan las similitudes y comienza la diversión. Maximilien es un abogado, filósofo cansado de la vida, enfermo de apatía, harto de sus semejantes. El caso que nos ocupa le hace revivir y se dispone a la búsqueda de la verdad en aras de la libertad de un inocente. Su investigación se basa en información privilegiada, en un carácter audaz que no tiene miedo ante sus enemigos. Y principalmente en su capacidad para infiltrarse y hacerse pasar por otros durante el caso.


Su principal diferencia con El detective consultor es que no tiene dotes de deducción excepcionales como éste, no mira la tierra en los zapatos, la ceniza en los muebles y ¡tachán! tiene al culpable… pero sin embargo es un erudito, un gran actor y un tenaz investigador. La redacción del caso me ha recordado más a los relatos policiacos de Edgard Allan Poe, de Gaston Leroux  o de Charles Dickens que a los de Conan Doyle, que son más imaginativos.


El epílogo me ha hecho disfrutar aún más. Se nos permite ver el lado más humano de Maximilien. Hecho que casi nunca se nos permite ver con Sherlock, sólo intuirlo. Es una obra que merece una lectura por méritos propios, no sólo por haber sido inspiración para las novelas holmesianas. Esta inspiración es innegable, así como lo es también la calidad literaria de Maximilien Heller.


El caso es que es una novela que me alegro mucho que haya sido reeditada. Y me parece una labor editorial impecable. Nos estamos perdiendo muchas más maravillas no publicadas en nuestra lengua de las que pensamos. Este libro me ha mantenido en vilo la última semana, deseando llegar a mi sillón para disfrutarlo, lentamente, como se disfrutan este tipo de historias.


No será el último libro que pasará por mis manos de esta editorial. De hecho ya estoy echando el ojo a sus novedades. Especialmente en la Colección Misterios de Época (aún no me puedo creer el descubrimiento de haber encontrado una colección llamada así), estoy deseando que salgan a la venta sus nuevos fichajes, son impresionantes.

Me despido, me voy a tomar una taza de té con pastas mientras viajo a otra época con El misterio del carruaje. Suerte con las prisas.

El misterio del carruaje, nuestra próxima cita con el misterio

lunes, 22 de febrero de 2016

Mala Letra, Sara Mesa (Anagrama)

Es una sensación preciosa cuando tienes ante ti el libro de un autor que te ha ilusionado anteriormente. Mueres por comenzar a leer, por olvidarte de todo en un instante. Pequeños placeres cotidianos. Así es como nos sentimos nosotros al toquetear el nuevo libro de Sara Mesa. Siendo una autora con una trayectoria relativamente corta debido a su juventud, tiene el doble de mérito que haya conseguido colarse entre nuestros contemporáneos españoles favoritos.

Portada de Mala letra


Este libro es una recopilación de relatos cuyo título se debe al tema de uno de ellos “Mármol” el cual tiene un alto componente autobiográfico. Está compuesto de once historias con un trasfondo común como nos indica la autora: “Mala letra es un catálogo de variaciones sobre cómo afrontar la culpa”, “Generamos culpa, acumulamos culpa y padecemos las culpas de otros”.

Y es así en cada uno de los relatos, desde la joven que se siente culpable por desear el mal a un familiar, el militar franquista cuyo pasado sigue presente a través de su soledad, la treintañera presionada por el tópico y típico deleznable jefe…

Estas historias presentan la misma atmósfera de desasosiego de sus anteriores novelas Cuatro por cuatro y Cicatriz, de las que ya os hemos hablado en el blog. Incluso algunos de ellos están ambientados en la ya familiar (y ficticia) ciudad de Cárdenas de sus novelas anteriores. Así logra una conexión real con un mundo de infancias defraudadas, familias inconexas y demás personajes conocidos en su prosa.


Cicatriz fue una de las grandes sorpresas de 2015
Si me permite la autora, yo ya me imagino Cárdenas como una ciudad andaluza sórdida, que la verdad es que no quiero conocer, con centros comerciales enormes, barrios oscuros y deprimentes, bloques y bloques de pisos…bueno, ya se ha hecho un lugar común dentro de mi imaginario. Me parece digno de elogio conseguir eso en tan pocas obras.

Sara mesa tiene una narración fluida y vibrante, que hace que no puedas despegar la vista de cada relato. El poso de su trasfondo nos dura tras la lectura.


Sara Mesa
Algunos cuentos me han parecido superiores a otros, al nivel de sus novelas, pero en líneas generales son sublimes y existe una conexión entre ellos, no sólo con protagonistas comunes -que los hay- sino a través de un discurso narrativo compartido que permite (y hace necesario) leer el conjunto de relatos como un todo. Por señalar algunos en concreto hablaría de “Papa es de goma”, con un suspense clave y con un final magistral. También me ha encantado “El cárabo” con un componente de terror infantil muy atrayente. En ese mismo tono está “Palabras piedra”, un duro relato del daño de las palabras, de lo condicionante que puede ser para nosotros el trato que recibimos de nuestros seres queridos.

Y con curiosidad he leído “Mármol”, que me ha parecido de los mejores y me ha recordado a otra de nuestras autoras favoritas, a la Marta Sanz de Lección de anatomía. Misma nostalgia de la infancia, misma retrospección hacia lo vivido con similar tono.

Es un libro totalmente recomendable. Si buscáis un nuevo autor de nuestras letras, en Sara Mesa podemos confirmar un gran futuro. Bien escrito, historias bien desarrolladas y el recuerdo estampado en nuestra mente hasta la próxima ocasión.

Que espero que sea pronto Sara.

jueves, 18 de febrero de 2016

En la Niebla, Richard Harding Davis (Editorial Ardicia)

Necesito compartir la página de presentación de la editorial Ardicia:

Ardicia es una editorial literaria independiente fundada en Madrid en 2013.


ardicia. (De arder ). f. ant. Deseo ardiente o eficaz de algo.


Deseo ardiente de publicar, por primera vez en español y en cuidadas traducciones, obras fundamentales en sus literaturas de origen; de rescatar, para su reedición, títulos imprescindibles que no encontraron en su momento la merecida atención.

Deseo eficaz de que cada una de las referencias de nuestro catálogo resulte inteligente y cautivadora; de que cada libro esté esmeradamente diseñado, ilustrado e impreso.

Deseo de libros y lecturas. Ardicia de lectores y lectoras.

No sé cómo llegué al catálogo de esta editorial y después de dar un meditado repaso a sus publicaciones me encapriché con En la niebla. Así que aprovechando un viaje relámpago de mi marido a Madrid se lo encargué. Llegó el viernes pasado y el sábado a primera hora estaba terminado. Esto se debe a dos razones: uno, es una novela corta. Y Dos, no pude abandonarla porque me enganché desde el primer momento.

Portada de En la niebla
La noche posterior a la gran niebla de 1897, en el club para caballeros más exquisito del mundo, el londinense The Grill, cinco de sus socios tratan de reconstruir con sus respectivos testimonios las piezas de un doble asesinato. Una casa perdida en la bruma, un explorador del continente africano que regresa de entre los muertos, una princesa rusa con un escandaloso pasado y un resolutivo detective de Scotland Yard serán los principales protagonistas del misterioso suceso.
 
En el relato unos socios del club más exquisito de Londres comienzan a contar historias detectivescas enlazadas unas con otras que hace que Sir Andrew (noble inglés con una notable adicción a las novelas de misterio) postergue una cita una y otra vez. Nosotros los lectores somos Sir Andrew y el libro consigue lo mismo, que una vez un socio termina de contar su historia estés esperando con ansia la siguiente. La pena es que sea tan breve, me hubiera gustado poder oír más entretenidos casos. 

Realmente es un libro que recuerda a las novelas de Conan Doyle, a Wilkie Collins…, relatos que deben ser realmente valorados como buenas obras y a veces no lo son debido a sus adaptaciones posteriores a todos los públicos.


Este libro (por lo que he ojeado en el catálogo es algo que define a la editorial) destaca por la hermosa ilustración de la portada. Además resulta muy interesante la biografía de los autores y en particular la de Richard Harding Davis. Traduciendo de la Wikipedia:

Richard Harding Davis (1864 – 1916) fue un periodista y escritor de ficción conocido principalmente por ser el primer corresponsal americano en cubrir la guerra hispano-norteamericana de 1898, en la Boer (1899-1902) y en la Primera guerra mundial. Sus escritos ayudaron en la carrera política de Theodore Roosevelt y también jugó un papel importante en la evolución de la American magazine. Su influencia también se extiende al mundo de la moda y él es recordado por hacer popular el look de afeitado completo en los principios del siglo XX. Curioso, ¿no os parece?

Richard Harding Davis
Me encantan las editoriales que se esfuerzan por rebuscar entre obras no editadas al español para poder ofrecérnoslas. Aunque sean de hace más de 100 años, o tal vez porque lo sean. Tengo el ojo echado a El Gran misterio del Bow. Seguiremos informando. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Juventud, J.M. Coetzee (Literatura Random House)

Como ya os anunciamos, hemos continuado con la lectura de la trilogía autobiográfica de J. M. Coetzee, que comienza con Infancia (podéis leer aquí nuestra reseña) y continúa con Juventud, libro del que os vamos a hablar hoy.


Portada de Juventud
Si en Infancia Coetzee abordaba sus primeros años en Sudáfrica, en Juventud asistimos en nuestra calidad de lectores al despertar adolescente del autor, primero en la propia Sudáfrica, para continuar luego en Inglaterra, con Londres como lugar principal. Este viaje supone para el autor una huida personal de todo lo que deja atrás de su país y detesta: la compleja sociedad sudafricana, el detestable apartheid, las viejas costumbres bóer con los que el autor no comulga. También se nos descubre su intencionado alejamiento de su familia, en concreto de su madre, relación de la que seguimos viendo (en Infancia era uno de los temas más tratados) profundas contradicciones, donde amor y rechazo están fuertemente relacionados, quizás porque el exceso del primero genera por un instinto de autoprotección el desarrollo del segundo.

El salto a Londres supone para el autor una de las primeras etapas de autoconocimiento, y en ella presenciamos los primeros pasos del proyecto del Coetzee escritor. Es muy difícil adivinar (salvo por que obviamente sabemos quien nos lo está contando) que este estudiante de matemáticas atormentado cuyo primer trabajo en Londres es como programador informático en IBM, que vive intentando sin éxito descubrir los secretos para ser un gran escritor, se acabará convirtiendo tres décadas después en uno de los escritores vivos más importantes.
J.M. Coetzee

De nuevo encontramos en Juventud la técnica narrativa que admirábamos en Infancia. Coetzee se aleja del testimonio directo utilizando la tercera persona, consiguiendo con ello el mismo resultado. Su relato es áspero y duro, y esa curiosa perspectiva la convierte en más veraz y sorprendente. Se trata, por definirlo de alguna manera, de la mejor autocrítica imaginable sobre su vida propia como si no fuera su propia vida. Y para el lector se trata de una experiencia impagable.

Os recomiendo doblemente la lectura de Juventud, que asocio de forma inevitable a recomendaros leer Infancia. Ya estoy deseando descubrir si todo lo que he leído de Verano (el libro que cierra la trilogía) es cierto (elegida una de las mejores novelas de este joven siglo). En este último libro el autor elige una nueva perspectiva, asombrosa y deslumbrante, para terminar de contarnos trazos de su vida. Pero prefiero no desvelaros este dato hasta la reseña correspondiente..

lunes, 15 de febrero de 2016

Oona y Salinger, Frédéric Beigbeder (Anagrama)

Cualquier manifestación artística ha sido utilizada a lo largo de la historia para representar la realidad, como medio de expresión del artista para transmitir a través de sus ojos un hecho histórico, un acontecimiento público o privado. El arte se considera como tal porque el intermediario entre el hecho y el receptor final (es decir, el artista) logra capturar la esencia de ese acontecimiento más allá de lo que la mera observación habría logrado por sí misma.

La literatura no es una excepción. Ya hemos tratado en numerosas entradas cómo grandes obras de ficción son a veces la mejor forma de acercarse a un episodio real de la historia, por encima de la bibliografía más, por llamarla de alguna manera, rigurosa.

A veces, en nuestro peregrinaje lector, nos encontramos con bellas rarezas, únicas en su género -constituyen un género en sí mismas- y nos hacen gritar (aunque sea en silencio): ¡viva la libertad creativa!

Portada de Oona y Salinger
Oona y Salinger es una de estas obras única, de las que cala hondo y no pasa desapercibida. Hace algunos años, el escritor francés Frédéric Beigbeder se propuso escribir sobre la enigmática (y fracasada) relación entre Oona O'Neill y J.D. Salinger. Ella, hija de Eugene O'Neill, dramaturgo de éxito, premio Nobel de literatura, chica bien de la sociedad estadounidense, relacionada con lo más granado del mundo de la cultura de los años cuarenta. Él, una leyenda de las letras universales (su novela El guardián entre el centeno es una de las grandes novelas de todos los tiempos). Ella, una de las musas de Truman Capote (La protagonista de Desayuno en Tiffany´s está inspirada en ella). Él, el gran narrador norteamericano del siglo XX (con permiso de Scott Fitzgerald y con perdón de todos los que omito a conciencia).



Oona O´Neill
Beigbeder nos cuenta cómo sus vidas se encuentran cuando ella tiene sólo dieciséis años y él veintidós, y como mantienen una breve pero intensa relación que se ve súbitamente interrumpida por la marcha de Salinger a Europa para luchar en la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, la historia es conocida (forma parte, digamos, de la historia oficial de ambos): Ella conoce, se enamora y contrae matrimonio con Charles Chaplin, pasando a la posteridad como su gran amor (el mundo la conocerá para siempre como Oona Chaplin); él, en la guerra, comenzará a ser el escritor en el que se acabó por convertir.

Charles Chaplin y Oona O´Neill
La historia que cuenta el libro es de por sí apasionante. Por la vida de ambos vemos circular en torno a ellos a grandes personajes de la historia de la cultura del siglo pasado: Hemingway, Chaplin, Orson Welles, Capote..

Pero, ¿qué hace especial a este libro? Beigbeder, en su afán de explorar la relación entre Oona y Salinger, y conocedor de su existencia, trata de acceder a la correspondencia que éstos intercambiaron tras su separación, ella en Estados Unidos, casada ya con Chaplin, y él en el frente. En estas cartas, no publicadas hasta la fecha, el escritor sospechaba encontrar las consecuencias de la ruptura, la magia nunca escrita de esta relación (o podríamos llamarla no-relacion, por lo que esta tuvo efímera y de casi olvidada).

Pero este intento acabó en fracaso. Beigbeder no obtuvo el permiso deseado de la fundación que gestiona el legado de Salinger, y decidió continuar con su proyecto con una decisión a priori forzada pero clave en el resultado final de la obra: decide llenar ese hueco inventando esas cartas no leídas, imaginándolas y escribiéndolas para su novela (y para nosotros). El resultado es mágico y extraordinario, la mezcla entre ficción (lo inventado) y realidad (los hechos narrados) convierten la lectura en un viaje imposible y extraordinario a dos personajes fascinantes.


J.D. Salinger
Como os decía al principio, a veces no necesitamos rigurosidad para entender un episodio real. La ficción es capaz de mostrarnos mejor el camino. Leyendo Oona y Salinger, no imagino que las cartas reales nos aportarían más luz sobre esta historia. Lo real y lo imaginado se tejen aquí con tanto talento que más que no distinguir (que podríamos hacerlo) lo que hacemos es no querer distinguirlos. Nos convertimos en cómplices dejándonos engañar por el autor y damos por buenas las cartas.

Frédéric Beigbeder
¡Viva la ficción! ¡viva la suplantación de ésta a la aburrida realidad! Leed y disfrutad Oona y Salinger, uno de los acontecimientos literarios del año. Buscadlo indistintamente en la sección de Ficción o en la de No Ficción porque no os garantizo el éxito si sólo optáis por una de las dos opciones.  Al fin y al cabo debería estar en las dos a la vez, y que el lector simplemente eligiera...

miércoles, 10 de febrero de 2016

Atlas de la España imaginaria, Julio Llamazares (Nórdica)

Julio Llamazares es uno de nuestros escritores predilectos, narrador excepcional (La lluvia amarilla es uno de los libros más hermosos que he leído) y excelente cronista viajero (El río del olvido, Cuaderno del Duero y Trás-os-Montes son verdaderas joyas del género), el hecho de no haberle dedicado ninguna entrada en la (ya no tan) corta vida de este blog era una deuda que tarde o temprano teníamos que reparar.


La ocasión ha llegado con un libro muy especial. Atlas de la España imaginaria, editado por Nórdica, recoge un conjunto de crónicas escritas hace unos años por el autor para el diario La Vanguardia en su recorrido por una serie de rincones de nuestro territorio cuyo nexo da sentido al libro: lugares mágicos que forman parte de nuestra cultura colectiva y que, en medio de la nebulosa que a veces confunde realidad y ficción, han acabado por convertirse en lugares no reales (o solo reales por la utilización que hacemos de ellos). Llamazares nos recuerda -y reivindica- la existencia de estos lugares, los pone en valor, nos instruye con la explicación de la leyenda que les rodea o que da sentido a los dichos populares que ha hecho de ellos lugares eternos.

Portada de Atlas de la España Imaginaria
Reconozco que ir descubriendo capítulo a capítulo los lugares que protagonizan el libro ha sido un aliciente en sí mismo, por lo que os advierto, podéis saltaros este párrafo y leer el libro experimentando esta sorpresa, o leer el itinerario propuesto como aquel que prepara un viaje y repasa los lugares que se va a encontrar por el camino: Babia, los cerros de Úbeda, entre Pinto y Valdemoro, Las Batuecas, la Ínsula Barataria, Jauja y Fuenteovejuna.


Fascinante, ¿verdad? Supongo que os apetece el viaje. Seguro que los lugares recorridos forman parte de vuestras expresiones, de vuestra cultura aprehendida desde la infancia, pero no seriais capaces (yo no lo era antes de leer el libro) de situar en un mapa estas expresiones, ni de contextualizarlas históricamente.


Julio Llamazares
La edición de Nórdica es una maravilla, esa clase de joyas de las que uno quiere apoderarse para su biblioteca personal. Cada texto de Llamazares viene acompañado por una ilustración de David de las Heras, todo un descubrimiento. Además, a modo de apéndice, el libro incluye las fotografías del viaje, cuyo autor, Navia, hace las veces de compañero de viaje y cronista visual del mismo. A un servidor, amante como sabéis de la fotografía, el libro también le ha servido para rastrear la magnífica obra del fotógrafo madrileño.


Os animo a que disfrutéis de esta bella rareza de Julio Llamazares. Con este precedente, espero que Nórdica repita experiencia y se anime a editar la experiencia similar que protagonizó el escritor siguiendo los pasos de Don Quijote, una joya del periodismo que publicó el pasado verano el diario El País.


Leyendo Atlas de la España imaginaria es fácil imaginar un libro igual de imprescindible con nuestro caballero andante favorito.

lunes, 8 de febrero de 2016

París-Austerlitz, Rafael Chirbes (Anagrama)

La publicación de un nuevo libro de Rafael Chirbes hubiera sido en otro tiempo uno de los acontecimientos literarios (y personales) del año. Sin embargo, el contexto que rodea a París-Austerlitz generaba dudas (al menos a mi) sobre la repercusión real de este libro: o era mucho más relevante que un libro más de Chirbes o por el contrario podría formar parte de esas obras condenadas a la condición de rarezas.

Portada de París-Austerlitz, Anagrama (2016)
Las circunstancias de la publicación alimentaban este escepticismo. Por un lado, Chirbes ha muerto, y por otro (evidente consecuencia) este es el último libro del autor. Los que amamos la literatura del autor valenciano nos hemos amarrado a esta esperanza: volver a leer a Chirbes, a un Chirbes inédito, nos producía una enorme dicha.

El posicionamiento de Anagrama, editorial inseparable de la obra del escritor, no deja lugar a dudas: "Rafael Chirbes dio por terminada Paris-Austerlitz en mayo de 2015, meses antes de su fallecimiento, tras veinte años de escritura abandonada y retomada intermitentemente". La respuesta a esta incógnita (último libro del autor u obra póstuma rescatada sin su aprobación final) la hemos obtenido con la lectura del libro.

París-Austerlitz es el testimonio de la relación entre el narrador, un joven pintor madrileño abriéndose camino en París con Michel, un hombre maduro mayor que él.
El testimonio para ser más precisos es en realidad un recorrido introspectivo -autoinculpatorio unas veces, otras expiatorio- a través de esta compleja relación de amor (qué historia de amor no lo es), de dolor y de culpas soportadas y ahora compartidas.

En París-Austerlitz reconocemos a Chirbes, somos capaces de sentir su discurso. Es curiosa la sensación durante la lectura. Por un lado es fácil encontrar una coherencia literaria con respecto al resto de su obra pero, teniendo en cuenta que ha sido escrita a lo largo de los últimos veinte años, ¿Cuál es el Chirbes que reconocemos en París-Austerlitz? ¿El de sus primeras obras o el de las últimas novelas? ¿Estamos realmente ante su última creación o ante una novela de carácter transversal, que atraviesa de lado a lado la cronología creativa del autor?

Aunque no es una respuesta fácil de responder, mi apreciación personal es que la novela tiene similitudes narrativas (y discursivas) con La buena letra y Los disparos del cazador, las espléndidas obras que mejor representan su primera etapa. Breve como éstas, contundente y dura, las tres pueden leerse como testimonios de protagonistas que necesitan contarse a sí mismos el epílogo de sus propias vidas, que sirva a la vez para que sus historias sean entendidas por otros.

La buena letra, el primer Chirbes
Pero hay algo en París-Austerlitz que la separa de la primera narrativa del autor. Si leemos despacio, buscando intersticios entre las palabras, somos capaces de ver en el libro la misma evolución que es palpable en su obra leída de forma cronológica.

Es esto lo que hace del libro una obra única y especial: se sienten esos veinte años de escritura que hay tras sus páginas.

Rafael Chirbes (1949-2015)
Sí conocéis a fondo la obra de Rafael Chirbes os invito a buscar estas sensaciones leyendo París-Austerlitz. Si no es así, podéis disfrutar igual de una novela cuya mejor virtud es que contiene la honda huella de uno de los grandes narradores españoles de todos los tiempos.

Leer un nuevo libro de Chirbes ha sido un regalo soñado y hecho realidad al que desgraciadamente no nos podemos acostumbrar. Entendamos esta novela como la última palabra que la vida no le permitió pronunciar, o sigamos soñando, esperando que nada pasó en 2015 y cada cierto tiempo tendremos nueva novela de Rafael Chirbes.

Disfrutemos mientras podamos evitar que alguien nos despierte...

miércoles, 3 de febrero de 2016

Pasado perfecto, Leopardo Padura (Tusquets)

Quería comenzar el recién estrenado año leyendo a Leonardo Padura, flamante Premio Princesa de Asturias de las Letras (cuesta acostumbrarse al estreno femenino del premio, ¿verdad?) y uno de los máximos exponentes de la literatura cubana actual.

Entre las numerosas opciones atractivas de su bibliografía, he escogido Pasado Perfecto, primer libro de la serie de novelas negras protagonizadas por el detective Mario Conde, escrito hace ya 15 años. Son ya ocho las novelas con Conde como protagonista, siendo Herejes (Tusquets) su última y exitosa publicación.
Portada de Pasado Perfecto


Pasado Perfecto es una novela iniciática, en la que el caso a investigar (la misteriosa desaparición de un alto funcionario del gobierno cubano) sirve de hilo argumental para conocer por primera vez al teniente Mario Conde.

La investigación a la que se enfrenta el detective supone para él un encuentro personal con parte de su pasado: Rafael Motín, el desaparecido, antiguo compañero de estudios preuniversitarios de Conde, Támara, esposa del desaparecido y antiguo amor frustrado de nuestro detective, el entorno que rodea a éstos.. A través de la investigación logramos conocer quién es Mario Conde, de dónde viene, cómo ha llegado a lo que es hoy día.

El caso - y ese buceo por el pasado de Conde-  también nos permite conocer los pilares de su actual vida (algunos muy relacionados con ese pasado): El flaco, su inseparable amigo, confidente, compañero de borracheras, Josefina, la madre de éste y casi una madre para el detective, su jefe, singular y con el que mantiene una relación afectuosa y tortuosa según sople el viento y el sargento Manuel Palacios, su Doctor Watson particular.
Padura, en su casa de La Habana
Mario Conde es un detective con el que enseguida se logra una complicidad que recuerda a otros célebres del género: fracasado, pesimista, borracho, sarcástico, con un fuerte complejo de culpa por errores del pasado, con frecuencia amigo del malvivir, escritor frustrado.. Cae simpático desde el principio, dan ganas de compartir con él una botella de ron, se le coge cariño.

Pero el universo que Padura recrea para Mario Conde es sublime por la ciudad donde vive el detective y donde todo ocurre: La Habana. La ciudad es absoluta protagonista junto a Conde de la historia. Ésta se nos presenta rica en matices, majestuosa, inconfundible para los que hayáis tenido el privilegio de visitarla: sucia y preciosa, el único lugar del mundo donde no es pobreza lo que parece pobreza sino una forma de entender la vida, donde todo pasa y parece que no pasa nada, donde todo huele, suena y se siente como un movimiento de cadera, el lugar que uno siente suyo sólo con pasearla. La Habana es un escenario donde los misterios a resolver por Conde adquieren un color único e irrepetible en el género. No encuentro, en resumen, una manera más original para adentrarse en esta maravillosa ciudad que con los derroteros del detective Mario Conde.
La Habana, escenario y personaje de las novelas de Mario Conde

He devorado Pasado Perfecto en un sólo día. Libros como este son el mejor ejemplo de perfecta comunión entre entretenimiento y calidad literaria. Como ya podéis imaginar, os recomiendo -si como yo, no teníais el gusto- sumergiros en la literatura de Leonardo Padura. Yo ya he puesto en la estantería de lecturas pendientes dos libros más suyos: Vientos de Cuaresma (la segunda historia de Mario Conde) y El hombre que amaba a los perros (el relato mitad ficción mitad histórico del asesino de Trotski, Ramón Mercader)
 ¿Os animáis conmigo?


lunes, 1 de febrero de 2016

El último lector, Ricardo Piglia (Anagrama)

El último lector ha sido mi primer contacto con la obra del argentino Ricardo Piglia. Imperdonable la demora, aunque con el positivismo propio del lector que descubre tarde (alguna vez nos detendremos a reflexionar cuándo es tarde en la relación de un lector con un escritor) a un autor, miro con ilusión un futuro en el que ir poco a poco descubriendo la extensísima obra de este escritor.

Portada de El último lector
 El último lector es una suerte de ensayo en el que Piglia nos invita a hacer un recorrido literario por algunas de sus obras y autores preferidos, los que han marcado su vida y su obra. No es, como subraya en el epílogo del libro, un recorrido minucioso, sino un sendero sinuoso, sentimental y probablemente incompleto en el que el hilo conductor es el lector y su relación con el escritor y su obra en las múltiples formas que ésta puede adoptar.

Ricardo Piglia
Con esta premisa, este fascinante viaje nos lleva a introducirnos en grandes obras donde el propio lector es protagonista (el lector dentro de la obra): la maravillosa obra de Borges (y el papel recurrente del lector) y de Cortázar, Anna Karenina, Hamlet.., o lectores clandestinos como los que protagonizan las maravillosas El hombre en el castillo (Philip K. Dick), 1984 (Orwell) o Fahrenheit 451 (Bradbury), universos distópicos donde los libros están prohibidos.

En el maravilloso libro (y película) Fahrenheit 451, contemplamos
un mundo donde los libros están prohibidos

En ocasiones este lector dentro de la novela trasciende a la literalidad del concepto. Así, descubrimos a la receptora de las Cartas a Milena de Kafka, genial obra epistolar donde vemos (gracias a Piglia) la existencia del lector invisible (las respuestas de Milena a las cartas de Kafka sólo pueden ser inferidas e imaginadas por el lector).

Milena, destinataria de las cartas de Kafka. Lectora invisible y silenciosa
Explorando el concepto de lector - retorciendo su sentido en este caso - Piglia aprovecha para analizar la evolución de la figura detectivesca a lo largo de la historia: De Dupin (Poe) al detective americano contemporáneo (Marlowe y Spade de Chandler y Hammet) pasando por nuestro querido Holmes (Doyle).

Holmes y Watson, los personajes creados por Arthur Conan Doyle,
una expresión diferente del concepto de lector dentro de la novela


Por eso Piglia no se queda ahí, sino que también explora aquellas obras donde la magia reside en la relación que el autor, a través de su obra, entabla con el lector (el lector fuera de la obra). En este aspecto el autor rinde un homenaje maravilloso a Joyce y su Ulises, obra que camina junto al lector, que necesita de éste para crecer y para adquirir pleno sentido.

James Joyce consiguió con la escritura de Ulises crear una de las obras fundamentales
de la literatura donde el protagonista también es el lector


E impregnando toda la obra -no podía faltar- el lector por antonomasia, cuya condición de lector sirve de motor al libro que protagoniza, cuyas aventuras son narradas en un libro que aparece en el propio libro que, en un imposible y genial monumento a la literatura, es leído por el propio protagonista dentro de la obra (el libro dentro del libro): Alonso Quijano.

Alonso Quijano, el lector de ficción por excelencia: lector hasta la locura,
lector de su propia novela a lo largo de la obra. El libro dentro del libro
Libro para releer y subrayar, que reivindica a los grandes clásicos (me ha hecho escribir mi enésima lista, la de los clásicos no leídos que quiero leer este año) y que nos ayuda a reflexionar sobre la propia lectura, sobre la maravillosa experiencia de vivir otras vidas, o por el contrario, reconocer nuestras propias vidas en las vidas de otros.

Ha sido inevitable reconocer en Piglia (al menos en esta primera experiencia personal con el autor) las mismas virtudes de otro gran autor referencial, escritor de experiencias lectoras, de metaficciones donde el propio escritor es realidad y es novela: Enrique Vila-Matas. Qué seríamos sin estos autores, los que nos permiten detenernos en nuestro propio viaje literario y nos sirven de mapa y de brújula.

Enrique Vila-Matas, nuestro Piglia particular

Un gran autor para comenzar un año y una nueva etapa lectora.