El agua que falta, Noelia Pena (Caballo de Troya)

Ya conocéis mi debilidad por Caballo de Troya. Editorial con alma de independiente cuya misión consiste en descubrir a talentos literarios aún sin explotar. Su currículum acredita el éxito de su empresa, y ya se pueden contar por decenas los escritores consagrados (desgraciadamente esto no es sinónimo de vender mucho) que han publicado o siguen publicando en esta editorial.

Al frente de ella, Constantino Bértolo, el editor por antonomasia, el gran talento descubridor, el que a su manera también firma los libros que pública en su editorial. Sus contraportadas, cosecha de su puño y letra, son en sí mismas piezas literarias para enmarcar.

El libro de hoy es especial por varios motivos. En primer lugar, se trata del último libro que publicó Bértolo antes de abandonar por jubilación la editorial, que quedó temporalmente huérfana desde entonces y generaba a su alrededor dudas sobre su futuro.
Portada de El Agua que Falta

Si os decía que las contraportadas de Bértolo son siempre magníficas, esta lo es aún más. El escritor normalmente anónimo que utiliza de forma discreta ese espacio menor del libro para contar la historia interior a su manera, de repente alza la voz y se despide de sus lectores. Absolutamente genial. Solo por esto el libro es recomendable y vale su precio.

En segundo lugar, este fin de ciclo abrió en Caballo de Troya una etapa prometedora y experimental. La editorial ha decidido que cada año habrá un editor invitado distinto, que asumirá todas las funciones del puesto, marcará el estilo y decidirá las publicaciones durante su "mandato". ¿no os parece genial? En este último año la editora ha sido Elvira Navarro, escritora que curiosamente fue descubierta por Bértolo y cuyos primeros libros fueron publicados en Caballo de Troya (actualmente publica en Random House, la hermana mayor del grupo editorial). Estoy deseando leer los títulos publicados por la autora de La Trabajadora, a la que admiro enormemente.

Y me dejo para el final el motivo más importante, el que ha motivado esta entrada que no es otro que el extraordinario libro que tengo en mis manos.
El Agua que Falta no es un ensayo, no es un libro de poesías, tampoco es un conjunto de citas ni una serie de pensamientos y reflexiones interconectadas. Es eso y mucho más. Es un libro único e inclasificable donde la palabra es la protagonista. La palabra como acción de respuesta, de cambio. La reivindicación de la palabra como herramienta donde empieza todo, y por supuesto también cualquier cambio. La recuperación de la palabra como alternativa a los que no nos dan alternativas.

La autora utiliza con libertad absoluta (fuera corsés, fuera estructuras definidas) los diferentes estilos narrativos a su alcance: la reflexión sobre una cita ajena, la poseía, el artículo de opinión sin más.. Todo aparentemente inconexo pero profundamente conectado. Y esa conexión natural -nada forzada- arrastra al lector de forma hipnótica a lo largo de todo el libro, y le invita a subrayarlo, a memorizar frases, a guardar otras en su memoria..
Noelia Pena
El Agua que Falta nos invita (en realidad nos incita, nos empuja) a pensar, a no dejar que "nos piensen",  a que tomemos conciencia de nuestra realidad y a que relevemos de nuestro ideario el concepto "pensar el cambio para que se produzca" por el antagónico "hacer el cambio para que pueda ser pensado". Y todo desde la palabra como motor de la acción, no solo como simple elemento reflexivo.

No parece casualidad que Bértolo haya elegido el libro de Noelia Pena para finalizar su andadura en Caballo de Troya. Su despedida es una reivindicación del poder de la palabra sobre cualquier otro arma. En estos tiempos donde nuestros representantes sustituyen las palabras por las armas (o al menos por la amenaza de usar éstas como única alternativa eficaz) libros como este se convierten en imprescindibles y necesarios. Utilizando un fragmento que resume a la perfección el estado de animo del libro: Tomar la palabra es tomar la medida al mundo.

El agua que falta es de esos libros que se convierte en libro de libros, aquellos que una vez leído no ha ocupado un lugar en mi librería, sino que se ha quedado encima de la mesa para ser releído una y otra vez por el que escribe.



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