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El caso de la mosca dorada, Edmun Crispín (Impedimenta)

Tenía pendiente desde hace tiempo reseñar este libro. Lo leí ya hace varios meses, en cuanto me enteré de su publicación ya que es una de las noticias de Impedimenta que siempre espero con impaciencia, una nueva edición de viejas glorias. Esta editorial ya os he comentado en otras ocasiones que es una de mis favoritas ya que recupera autores en español que de otro modo no podríamos disfrutar. Desde que descubrí a Edmund Crispín con “La juguetería errante”, éste ha pasado a ser uno de mis autores imprescindibles. 
 
Mi marido me cataloga como amante de la novela negra. Yo siempre le digo que no es así, que no soy amante de la novela negra “per se”. Me encanta la novela de detectives. Y si son detectives de principios o mediados del siglo XX puedes ver mis pupilas dilatarse. Y si son detectives británicos ya estoy totalmente vendida. Pues todo esto lo tenemos con Edmund Crispín. Y más concretamente con El caso de la mosca dorada.

Portada de El caso de la mosca dorada
Este es el primer caso del extravagante y genial profesor de Oxford y sabueso aficionado Gervase Fen (La juguetería errante), y una de las cumbres de la Edad Dorada de la novela de detectives inglesa.
 
Las compañías de teatro suelen ser siempre un hervidero de habladurías. Pero pocas son tan intrigantes como la que se encuentra actuando en estos momentos en Oxford. La joven y letal Yseut, actriz algo mediocre y maliciosa, es el centro de todas las miradas, aunque su principal talento consiste en destrozar las vidas de los hombres que la rodean. Hasta que es hallada muerta en extrañas circunstancias. Por fortuna, entre bastidores se encuentra el excéntrico profesor Gervase Fen, quien halla mayor placer en resolver crímenes que en enseñar literatura inglesa. Y cuanto más investiga el caso, más cuenta se da de que todo aquel que conocía a Yseut habría sido candidato a asesinarla; pero ¿será capaz Fen de descubrir quién lo hizo en realidad? El cadáver de la joven ha dejado una pista reveladora: una reproducción de un extraño anillo en forma de mosca dorada.
 
Tiene esta novela la estructura clásica de las novelas de misterio más conocidas. Esto es, presentación de personajes, ejecución del crimen, interrogatorios e investigaciones posteriores y resolución del caso con todos los sospechosos presentes. Ésta es una estructura que el autor sólo respeta en este libro, en el resto de los publicados por Impedimenta no la sigue sino que  los eventos llevan un ritmo más caótico. Debo decir que aunque a primera vista parezca un desarrollo más manido, para mí es uno de sus grandes aciertos. Siguiendo un camino conocido pero llevándolo a la excelencia. 
 
Hay varias cosas que hacen especial a esta novela dentro de su género. La primera, que el investigador no cae bien. Este detective amateur y profesor de literatura resulta pedante, ajeno e indescifrable. La mayoría de sus compañeros de profesión también son excéntricos (es un requisito casi imprescindible), pero al final los hechos, pequeños detalles con sus congéneres, llevan a que te encariñes con ellos y excuses todas sus rarezas. No es el caso de Gervase Fen, en ninguna de las novelas me ha llegado a calar, aunque ésta es la que más se ha acercado a ello.  La segunda es el alto nivel cultural de su prosa, tanto la riqueza en el lenguaje como las referencias artísticas dentro de ella. Es un plus en cualquier novela, que te incite a buscar más datos sobre otros escritores, eventos históricos, obras pictóricas…cualquier cita interesante. Y la tercera es que el detective conoce desde el principio la identidad del criminal y juega con esa información hasta la conclusión del libro. 
 
Estas tres características y la fluidez con la que se lleva a cabo la investigación, los diálogos entre los sospechosos, las convenciones sociales de la época que nos muestra (siempre me sorprenderé con lo parecidos que son los pensamientos progresistas de épocas anteriores a los nuestros, parece que realmente nunca avanzamos grandes pasos o que hay épocas en que vamos hacia atrás como los cangrejos) nos dejan una novela genial, entretenidísima y altamente recomendable. 

Edmund Crispin
Nos cuentan en el epílogo del libro que el verdadero nombre de Edmund Crispín era Bruce Montgomery, licenciado en Lenguas Modernas que se avergonzaba de escribir novelas de este tipo y por ello utilizaba el pseudónimo. Y reflexiona este mismo epílogo sobre la calidad de estas novelas y que dentro de un marco de superficialidad, la búsqueda del sospechoso y demás a veces subestimamos este tipo de obras. Eso no va conmigo, yo no me dejo llevar por modas, autores sesudos y con complicadas prosas que muchas veces considero una pose. En muchas ocasiones el arte es crear algo tan bueno que nos transporte, nos haga vivir otras vidas, mantenga nuestra lectura en vilo, aprendamos más de la cultura y sociedad de otras épocas y países aunque el vehículo sea una simple (qué simpleza decirlo así) novela de detectives. 

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo en especial con tu último párrafo. Un libro que te lleva a otro lugar, consigue el más difícil todavía en una época en la que buscamos (y nos distraemos con) recompensas rápidas y estímulos continuos. Por cierto, QUIERO LEERLO.

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