Relecturas (II): La mina, Armando López Salinas (Editorial Akal)

El libro que reseñamos hoy en nuestra sección Relecturas es especial y merecía un espacio en este blog por varios motivos.

En primer lugar porque se trata de un libro que podría calificarse de "maldito" en la historia de las letras españolas. Después de más de cuatro décadas (el libro se publicó por primera vez en el año 1959) la editorial Akal lo reedita por primera vez sin censura.

En segundo lugar y estrechamente relacionado con lo anterior, porque se trata de un libro (y de un autor) injustamente olvidado. La Mina fue finalista del prestigioso Premio Nadal en su primer año de publicación, por detrás de Primera Memoria, de Carmen Martín Gaite. Después, por su temática, nada popular en la época y su encasillamiento ideológico, menos popular aún, el libro fue desapareciendo de la historia de nuestra literatura. Hoy día, por el contrario, y gracias en parte a Akal y a todos los intelectuales que se han esforzado en ello, La Mina se reivindica como uno de los libros fundamentales en la corriente literaria llamada realismo social.

Portada de La mina



En tercer lugar, y en relación a lo anterior, porque la literatura categorizada en este género, conocido como Realismo Social, nos interesa especialmente. En esta categoría se engloban algunos de nuestros autores predilectos que están escribiendo con letras de oro la historia reciente de nuestra literatura: Belén Gopegui, Isaac Rosa, Marta Sanz, Rafael Chirbes.

En cuarto lugar, porque La Mina significó un acierto más de un buen amigo, luz y guía en muchos de mis grandes descubrimientos literarios recientes (gracias Luisfer, una vez más)

Y en quinto lugar, y no hubiera sido necesario pero supone un aliciente extra para el que escribe, porque el libro se basa y se desarrolla en la ciudad que me vio nacer y en la que vivo, Puertollano (aunque en el libro el nombre del entonces pueblo es Los Llanos). Un motivo más - y no menor - para volver a leerlo.

 Puertollano, ciudad donde se desarrolla La Mina (imagen actual)


Para entender qué supuso escribir La Mina en España en el año 1959 tenemos que situarnos. En aquel entonces, un periodista tenía que cuidar mucho qué y cómo contaba lo que quería contar si no quería ser interpelado por la censura en el mejor de los casos. Ese es el motivo por el que algunos escritores (periodistas o no) optaron por revestir de ficción la realidad que querían denunciar o simplemente contar.
Ese es el contexto en el que se sitúa La Mina.

Extraigo el siguiente fragmento incluido en el excelente estudio preliminar que precede al libro: En 1958, Armando López Salinas se hace eco de que en la población de Puertollano (Ciudad Real) se había producido un hundimiento en una de sus galerías mineras y que el accidente había provocado la muerte de varios trabajadores. Nuestro futuro novelista decide viajar hasta el lugar de los hechos para convertirse en testigo de lo ocurrido. Según cuenta el propio Armando, llegó a Puertollano prácticamente sin dinero, con la idea de permanecer en el pueblo un muy corto periodo de tiempo. Pero nada más llegar entró en la taberna que frecuentaban los mineros y se ganó 300 pesetas jugando al tute con ellos. Su suerte le permitió permanecer en el poblado entre ocho y diez días. Durante su estancia, además de conversar con los mineros, tuvo la ocasión de bajar al pozo en el que se había producido el hundimiento. De esta experiencia surge la idea de escribir La Mina.
Armando López Salinas (1925-2014)

La Mina cuenta la historia de Joaquín, un campesino andaluz que, en busca de mejores perspectivas laborales, emigra a la ciudad manchega de Los Llanos en busca de trabajo en la mina. En su viaje experimentaremos con él sacrificios familiares, expectativas no cumplidas, condiciones laborales precarias, desigualdades y conflictos en un marco social y laboral muy lejano a las conquistas obreras posteriores que dignificaron al trabajador. Viviremos también la tragedia de la mina y sus terribles consecuencias, en un relato en el que a través de la ficción intuiremos de forma progresiva el episodio real que encierra la historia.
Además, para todos los que por un motivo o por otro nos sentimos cercanos al pueblo donde se desarrolla la historia (Puertollano) será emotivo descubrir lugares que aún podemos reconocer: El
barrio minero de Santa Ana, un personaje más de la historia, la taberna camino a la mina donde pasan las horas los mineros (El Pijo), la vía del tren, frontera real aún vigente que parte a la ciudad en dos en todos los sentidos, y como no, la propia mina, cuya huella aún puede rastrearse en cada rincón de la ciudad ahora industrial.

Museo de la minería de Puertollano
Se trata de un libro con una importante carga ideológica, valiente en su planteamiento y con un propósito intencionado y nada oculto: la denuncia de la situación laboral sufrida por miles de trabajadores en la época narrada, su exposición al riesgo y su alta vulnerabilidad ante el mismo. El paso del tiempo refuerza el relato y su denuncia, y marca un camino a seguir aún hoy día, donde aún es posible encontrar discursos sin espacio mediático, censuras veladas, discursos uniformes que expulsan de forma casi espontánea al disidente, al díscolo.
La ficción - bendita ficción - aún debe representar la esperanza utópica de la libertad absoluta, aquella que, a pesar de las adversidades, todo artista debe perseguir.

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