Hace unas semanas os contamos la enorme satisfacción que ha supuesto para nosotros descubrir a Marta Sanz. El Frío fue la novela con la que se dio a conocer en casa y de la que hablamos aquí: ya se intuía que esta gran (breve) novela no parecía fruto de la casualidad y presumíamos que nos encontrábamos ante una escritora grande. De las de base y oficio.
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Marta Sanz |
Después hemos conocido su faceta aparentemente más ligera, con una de las dos novelas donde se atreve con el género negro, Black, Black, Black. La primera de la serie que protagoniza el detective Arturo Zarco, alejado de cualquier cliché conocido en este tipo de novela. Hablaba de una ligereza aparente porque la novela nos descubre que toda la trama no es sino un enorme macguffin que encierra lo que es y no parece ser, siendo mucho más que una gran novela de detectives (que lo es).
Marta Sanz domina la narrativa desde distintos puntos de vista, los tiempos y el tono, herramientas que utiliza consiguiendo una escritura impecablemente brillante.
Con esta impecable "hoja de servicio" afrontábamos la lectura de La Lección de Anatomía, su novela autobiográfica, publicada por RBA en el año 2008 y ahora recuperada, corregida y ampliada por la autora gracias a la editorial Anagrama, demostrando una vez más su olfato de gran editorial, de las de oficio. El prólogo de esta nueva edición tiene la firma privilegiada de Rafael Chirbes.
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Portada de La Lección de Anatomía, de Marta Sanz |
He de reconocer que mantengo ciertas reservas con las autobiografías. En muchas ocasiones ser juez y parte hace que el escritor no acabe de tomarle el pulso a la historia, por grande e importante que sea la misma, y no consigue atrapar lo suficiente al lector. Se antoja doblemente difícil si la historia además no contiene a priori nada que despierte en sí mismo interés: se trata del relato en tres actos - infancia, adolescencia y madurez - de una mujer normal, sin hazañas a sus espaldas.
De este planteamiento inicial lo que consigue Marta Sanz es encomiable, el título lo define a la perfección: nos da una lección magistral de anatomía. Eliminando cualquier distancia posible (a veces inevitable) entre narradora y protagonista, nos abre las entrañas de su vida, a pecho descubierto, sus obsesiones vitales, sus miedos, esos pensamientos inconfesables que nunca se escriben (los de verdad, no los que se dicen inconfesables pero todos sabemos que son confesables). Plasmar de esta forma tan valiente toda una vida vivida da como resultado una obra que podría calificarse como menor en otras manos cualquiera pero que en esta autora se convierte en imprescindible.
Como nos anuncia una contraportada para enmarcar:
Una mujer se queda desnuda para que los demás la miren. La midan. Su cuerpo es el texto en el que se ha escrito su biografía. La mano derecha es más grande que la izquierda porque es la mano con que la mujer agarra, escribe, acaricia, desencaja la tapa de los botes de legumbres. Antes, a la mujer su abuela le da unos azotazos en el culo. Va al colegio y se forja un pequeño corazón competitivo. Nada como si fuera un besugo. Ama desesperadamente a su madre y la salva de morir en un ridículo incendio. Canta desgañitándose Pájaro Chogüí y se hace amiga de muchas niñas y mujeres, y del niño más gamberro de octavo de egebé. Desprecia a las asistentas y va cada noche a los cines de verano. Para seducir se aprieta las carnes ridículamente como si su cuerpo fuera el de otra persona. Bebe, fuma, se pone mala y tiene miedo de sus alumnos. Se manifiesta. Se casa. Trabaja de ocho a ocho. Miente y dice la verdad. Como casi todo el mundo. Cumple cuarenta años. Se queda quieta. Reclama el derecho a dejar de complacer. El derecho a la lentitud.
Del argumento no hablo porque ya está dicho todo. Es tan buena y nos muestra tantas cosas del ser humano que aunque no nos sintamos plenamente identificados con la vida que la protagonista ha vivido, sí nos hace mirarnos hacia nuestro interior y preguntarnos cuántas cosas seríamos capaces de contar (y de contarnos) de nuestra propia vida.
Como podéis imaginar, saber cuánto hay de realidad y cuánto de inventado en esta magnífica novela es lo de menos; no nos importa. Juguemos también a eso, estoy convencido que Marta Sanz estaría de acuerdo con nosotros. Al fin y al cabo todo lo que se escribe, por muy real que parezca, ya es ficción cuando es escrito.
Larga vida a Marta Sanz.
Del argumento no hablo porque ya está dicho todo. Es tan buena y nos muestra tantas cosas del ser humano que aunque no nos sintamos plenamente identificados con la vida que la protagonista ha vivido, sí nos hace mirarnos hacia nuestro interior y preguntarnos cuántas cosas seríamos capaces de contar (y de contarnos) de nuestra propia vida.
Como podéis imaginar, saber cuánto hay de realidad y cuánto de inventado en esta magnífica novela es lo de menos; no nos importa. Juguemos también a eso, estoy convencido que Marta Sanz estaría de acuerdo con nosotros. Al fin y al cabo todo lo que se escribe, por muy real que parezca, ya es ficción cuando es escrito.
Larga vida a Marta Sanz.
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