Relecturas (I): De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymon Carver (Compactos Anagrama)

Este año me he propuesto volver a leer libros especiales, que en su día me marcaron o que por algún motivo se cruzan de nuevo en mi vida. Espero encontrar en ellos nuevos matices, nuevas sensaciones, con la seguridad de que éstas se producirán, porque los libros con el paso del tiempo se transforman, en la medida que nosotros, cuando nos volvemos a acercar al mismo libro años después, ya no somos los mismos.

Sé que este ejercicio supone ciertos riesgos -la decepción, reencontrarte con un libro mitificado que ya no te da lo que te dio, muriendo inevitablemente parte de la magia- pero también sé que con la experiencia viviré reencuentros entrañables.

He de decir que mi mala memoria me permite disfrutar de libros casi olvidados de los que sólo me queda la sensación, o el vago recuerdo de su argumento, lo que facilita estas relecturas sin la sensación de hacer algo ya repetido, y por tanto de estar malgastando el tiempo, no dando la oportunidad a libros nuevos.

He comenzando esta aventura tras ver Birdman, la maravillosa película de Alejandro González Iñárritu, de reciente estreno y que aprovecho para recomendar encarecidamente a los que no la hayáis visto. La película gira en torno a la representación teatral de De qué hablábamos cuando hablábamos de amor, relato breve del autor norteamericano Raymond Carver, que da título a una magnífica colección de relatos que me he animado a releer. Y he de decir que la experiencia ha sido muy buena.

Portada de De qué hablamos cuando
hablamos de amor
 Se trata de un libro corto -apenas 150 páginas- que recoge 17 relatos del autor, prolífico en este género literario. Carver es hoy día considerado uno de los grandes escritores norteamericanos de las últimas décadas, uno de los elegidos, considerados como las grandes voces del desencanto de toda una generación (o más de una), del fin (si es que hubo alguna vez un principio) del gran sueño americano, de la versión no oficial sobre la construcción de la felicidad que tantas veces nos han contado. Es lo que muchas veces se ha intentado categorizar como la gran novela americana, ese conjunto de obras literarias formadas por las novelas que en algún momento han sido - y son - candidatas a representar la gran historia de norteamerica del siglo XX, la novela definitiva, la que represente la historia no oficial, la que está al margen de los libros de historia, pero ayude a interpretar un estado de ánimo colectivo, que nos ayude a entender qué nos ha pasado y por qué no hemos conseguido lo que parecía fácil de conseguir. Son, en definitiva, guías para ayudarnos a entender la imposibilidad de una generación de no conseguir la felicidad habíendolo tenido todo para lograrlo.

La obra de Edward Hopper, imágenes de la gran novela americana
 

Entre esas grandes novelas americanas pueden encontrarse muchos libros que he disfrutado y que recomiendo, teniendo siempre en cuenta que las historias que encierran son bofetadas de realidad, demoledoras y crueles, que nos dicen lo que somos y en qué hemos fallado: Suave es la noche Fitzgerald, Submundo de Don de Lillo, Vía revolucionaria y Las Hermanas Grimes de Richard Yates, o la más reciente Libertad de Jonathan Franzen son algunas de las novelas que componen el mapa de grandes novelas americanas que he podido disfrutar.

Libertad, Jonathan Franzen

 En De qué hablamos cuando hablamos de amor encontramos historias ordinarias protagonizadas por hombres y mujeres normales, donde un hecho aparentemente sin consecuencias desencadena una fractura vital con consecuencias desconocidas, perturbadoras, irreversibles. A veces en el relato parece no suceder nada, y eso es aún más desconcertante, porque la historia contada es sólo una ventana a la historia completa, y hay que buscar en los contornos de lo que el autor nos cuenta - lo no contado, lo que va más allá del relato - para imaginar qué pasó antes o qué ocurrirá después. Y descubrimos que nuestra imaginación es más contundente que los propios relatos.

Un hombre confiesa a su hijo la infidelidad que muchos años antes provocó la ruptura de la unidad familiar, una esposa con insomnio tiene un encuentro revelador con un vecino, cuya amistad rota con su marido aún arrastra secuelas, dos amigos felizmente casados salen una tarde y afloran viejas pesadillas, dos matrimonios amigos charlan durante horas en torno a una botella de ginebra sobre el amor y sus contradicciones (este es el relato que da título al libro)... Sentimientos de culpa, heridas no cerradas, historias no resueltas en consultas médicas sino con whisky.

Si tengo que poner imágenes al libro de Carver (o a cualquiera de los libros enumerados antes) se me ocurren dos muy claras, que representan mejor que cualquier libro ese gran sueño americano que al despertar se tornó en pesadilla:

La primera es la obra de Edward Hopper, el pintor que mejor supo plasmar la soledad y la melancolía de un país en el que las guerras se explicaban mejor por los que se quedaban que por los que luchaban en ellas. Es uno de nuestros pintores favoritos, no obstante, Nighthawks preside nuestro salón.

Nighthawks, Edward Hopper


La segunda es Mad Men, la serie cuya última temporada está a punto de estrenarse y que es probablemente (con las reservas que merece siempre este tipo de sentencias) la mejor serie de la historia de la televisión. Ya hace unos años la revista ñ (revista cultural del diario Clarín) la calificó como la gran novela americana - sin ser una novela.

Mad Men, la gloriosa serie, símbolo de toda una época

Volviendo a la novela que protagoniza esta entrada, os recomiendo encarecidamente leer De qué hablamos cuando hablamos de amor. Es sin duda la mejor forma de conocer a Raymond Carver, uno de los mejores novelistas de una generación de autores irrepetible en el panorama literiario norteamericano. Una novela que leerás de un tirón y que estoy seguro no será la última del autor que leas.

2 comentarios:

  1. Completísima imagen. Redonda, perfecta. Eso es lo que me queda tras leer tu entrada.

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  2. Me alegro que te haya gustado. Espero ir completando esta sección de relecturas a lo largo del año. Un abrazo.

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