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Un espacio para la poesía

Reconozco que he tardado años, casi tantos como los que tengo, en disfrutar de la poesía, disfrutar de verdad, de manera serena, pausada, saboreando versos, dejándolos reposar en mi cabeza y releyéndolos al día siguiente. Porque al poeta, a diferencia de un escritor de prosa, se le debe leer así, sin presión, sin un objetivo, sin el deseo de avanzar en el desarrollo de una trama. Un libro de poesía puede leerse hacia adelante, hacia atrás, o abriendo el libro al azar y descubrir un poema que nos remueva por dentro.
También es importante encontrar a los poetas con los que uno se siente a gusto, a los que entiende y los que le conmueven. Reconozco que no es tarea fácil, más aún teniendo en cuenta que nuestros acercamientos a la poesía en la escuela son áridos y en mi opinión poco acertados, ya que se recurre a clásicos que no tienen por qué ser la mejor forma de que un niño aprenda a valorar este fascinante género literario.
Dentro de mi modesta experiencia voy a compartir con vosotros los libros de poesía - pocos - que me acompañan permanentemente, que me sirven de relajo y que entremezclo de forma continua entre mis lecturas "narrativas" habituales. No pretendo hacer una lista de grandes autores (no me sentiría preparado) sino de poemarios que pueden ayudarte, por su sencillez y accesibilidad (también por su belleza) a disfrutar de un género al que probablemente no le hayas prestado la atención suficiente. Si eres reaci@, piensa que la música que escuchas y que disfrutas es, en mayor o menor medida, un poema.
1. Palabra sobre palabra, Ángel González (Seix Barral)
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!


Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.




2. Poesía Urbana, Luis García Montero (Renacimiento)
 No parece un paisaje,
sino la descripción desalentada
y seca de un paisaje.
Con las paredes sucias.
Con la crueldad del sol taxidermista
a las tres de la tarde
Porteros automáticos,
balcones viejos, nombres de almacenes,
la taberna cerrada.


3. Habitaciones separadas, Luis García Montero (Visor)
Cada cual tuvo entonces un origen distinto.
Yo sé donde acabaron nuestras revoluciones,
¿pero dónde empezaban nuestros sueños?
Si empezaron por culpa del dolor,
hay motivos recientes para seguir soñando.
Si empezaron por culpa
de nuestra envenenada estupidez,
puedes seguir soñando,
pues también hay motivos.


4. Versos y ortigas, Julio Llamazares (Hiperión)
Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces.
En labios amarillos la negación florece. Pero existe un nogal donde habita el invierno.
Un lejano nogal, doblado sobre el agua, a donde acuden a morir los guerreros más viejos...




5. De amor y de amargura, Luis Alberto de Cuenca (Renacimiento) 

 Cada vez que te hablo, otras palabras
escapan de mi boda, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto..





6. La sombra de otros días, Ángeles Carbajal (López & Margol)

A veces nadad ocurre y todo pasa,
y la vida
es débil música
mojada por la lluvia
-quizá tan sólo desconsuelo-;
ella misma me tiende
no sé si una mano o una trampa;
un papel en el que escribo
un poema para huir
de las manos oscuras del miedo.

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